«Una vez di una conferencia en Alemania y el público me preguntó que por qué los ricos españoles de los años 60 se iban a vivir a pisos. Claro: un abogado de Múnich al que le iba bien en 1965 se hacía un chalé, no se iba a un piso en el centro. La respuesta es compleja. Probablemente tiene que ver con la tradición de lo que es una ciudad en España, la costumbre de vivir en ciudades compactas… El caso es que este tipo de edificios de viviendas burguesas, que en España vemos con mucha naturalidad, no es habitual en el resto de Europa. Hay bastantes casos en Milán y en Turín, ejemplos muy buenos pero no tan frecuentes como en Madrid y Barcelona. También hay algo en Roma y algún ejemplo en Francia. En Londres está St. James’s Place de Denys Lasun, que es magnífico, y ya está… Bueno, tampoco quiero ser categórico, seguro que aparecen edificios que tienen que ver si nos ponemos a buscar, pero no son una parte central de las ciudades como ocurre en España. En cualquier ciudad de España. En Madrid y Barcelona, pero también en Sevilla, en Bilbao y hasta en Laredo encontré el otro día un ejemplo maravilloso».. Daniel Rincón de la Vega, arquitecto y autor del libro La vivienda de lujo en Madrid desde 1900 (editorial Lampreave), se refiere con esa anécdota alemana a la singularidad de la gran vivienda burguesa de los años 50, 60 y 70 en las ciudades españolas. O sea, a los ya viejos edificios de pisazos, a sus fachadas hechas de hormigón visto y de ladrillo, a sus terrazas verdísimas y sus volúmenes escultóricos. O, dicho de otro modo, a todo lo que cabe entre el bloque de viviendas de Antonio Lamela en la calle O’Donell de Madrid (1958) y el edificio Urumea de Rafael Moneo en San Sebastián (1973). Después, llegó la crisis del petróleo y el modelo perdió vigencia o mutó en otra cosa. Ya iremos con eso.. Cualquier lector de cualquier ciudad de España encontrará los equivalentes locales: el edificio Tokio y el de Nicaragua 97 de Barcelona, la arquitectura de Los Remedios en Sevilla y parte de la del Marqués de Turia en Valencia, la fachada al mar de la Avenida de Anaga de Santa Cruz… En Madrid, el Colegio de Arquitectos lanzó el año pasado una colección de libros dedicados a casos fascinantes entre los edificios de viviendas de ese periodo. El primer tomo estuvo dedicado a las casas militares de San Bernardo, de Fernando Higueras y Antonio Miró, y fue un inesperado éxito que llegó más allá del nicho profesional-académico. ¿Es un dato relevante en una sociedad que vive angustiada por el acceso a la vivienda? El segundo libro acaba de aparecer y se refiere al edificio Girasol de la calle Ortega y Gasset, obra del arquitecto barcelonés José Antonio Coderch.. ¿Algo de contexto histórico? El de siempre: los primeros 15 años de la dictadura fueron de parálisis económica y de inmensa precariedad material y doméstica. 250.000 viviendas quedaron destruidas durante la Guerra Civil pero hubo años de la primera posguerra en los que la economía española sólo fue capaz de entregar 2.000 casas. La parálisis se rompió en 1954, el año en el que el Gobierno de Franco fue readmitido en la economía atlántica y el PIB de España creció un 5% y alcanzó la cota de 1935 después de dos décadas perdidas. Los planes de vivienda social fueron urgentes y están bien documentados. La nueva vivienda burguesa tardó algunos años más en despuntar.. Hay algo más que es importante anotar: los protagonistas de esa arquitectura del desarrollismo, sus empresarios, arquitectos, constructores y habitantes, venían de la España que había ganado la Guerra. Eran, más bien los hermanos pequeños y los hijos de la victoria franquista. Habían ido a la universidad, habían aprendido un poco de inglés, habían viajado y se veían a sí mismos como modernos milaneses y no como terratenientes de la época de la CEDA. «Bueno, si vamos a los arquitectos, es compatible una obra modernísima con una visión del mundo muy conservadora. No liberal, sino conservadora. Coderch iba por ahí armado», recuerda Alejandro Valdivieso, coeditor de los libros del Colegio de Madrid junto a Javier García-Germán. «Y le recuerdo que en las casas de San Bernardo vivía Antonio Tejero».. Su colega Carlos Lamela da un ejemplo de ese retrato sociológico con la historia de su familia. «Mi abuelo fue un chico de Galicia que llegó a Madrid con una mano delante y otra detrás. Se empleó con su tío, que tenía una panadería en Carabanchel. Trabajaba mucho y era listo. Antes de la guerra ya prosperó. Después de la guerra dio el salto. Compró unos hornos y pasó de tener una tahona a ser un industrial panadero. Su hijo Antonio, mi padre, pudo ir a la universidad, estudiar Arquitectura y viajar a Italia. Leía todas las revistas que llegaban de Estados Unidos. Cuando estaba en la carrera, mi abuelo empezó a diversificar e invirtió en algunas promociones de viviendas. Primero, en una pequeña en la calle Segovia. Después, apareció un solar en la calle O’Donell que tenía forma de embudo. Era un suelo un poco difícil. Por eso salió relativamente barato. Cuando empezó el proyecto, mi padre no había terminado la carrera así que se asoció a otro arquitecto, Alfonso García Noreña. Hicieron un edificio ultramoderno, los pisos más caros de Madrid en ese momento. El gresite de la fachada se trajo de Italia, había una piscina en el ático, aire acondicionado, recogida centralizada de basura… La promoción estaba hecha para gente con carreras profesionales, porque las viviendas tenían anexos los despachos, como aquellos médicos que tenían su consulta al lado de casa. Mi padre puso su casa en el octavo y su primer estudio lo abrió en la puerta de al lado».. Dos planos de viviendas del edificio Girasol, de José Antonio Coderch, en el barrio de Salamanca de Madrid.COAM. -¿Fue una inversión arriesgada?. -Tan arriesgada que perdieron dinero con ella. Pasó de todo: se murió un socio en un accidente de coche, hubo un plan de ajuste económico… Tuvieron que bajar los precios y los pisos los compraron amigos y gente conocida del trabajo. La conclusión a la que llegaron, o lo que nos contaron, al menos es que en O’Donell perdieron dinero pero consiguieron fama. Y después les fue bien.. Lamela hijo firma este otoño un monumental libro dedicada al centenario de su padre, Antonio Lamela. En unos días, una exposición en el COAM retratará en paralelo la historia del arquitecto que que firmó varios proyectos de grandes viviendas urbanas: Galaxia, Castellana 123, Ayala Islas Filipinas… ¿Quién más aparece en esa tradición? Lo mejor de su época: Carvajal, Corrales y Molezún, Oíza, Ruiz de la Prada, Cano Lasso, Bofill, Bohigas, Moneo, De Haro, Higueras, Correa y Milà, Busquets… Y eso, sin salir de Madrid y Barcelona.. «Habría que hacer matices sobre las clases sociales», explica Daniel Rincón de la Vega. «En el género del gran piso incluimos viviendas para clase muy alta, como los de la Torre de Valencia o los de O’Donell, y otros para una clase media que empezaba a prosperar. Las casas militares de San Bernardo de Higueras y Mirío son para militares, o sea, para funcionarios. Lo que pasa es que un piso de 150 metros cuadrados en el centro de Madrid nos parece hoy un gran lujo». En cualquier caso, la demanda para pisos así existía o, por lo menos, existió muy poco después del fiasco de O’Donell. «Todos los edificios se vendieron muy bien. Menos Torres Blancas, que sólo se vendió bien porque está en un sitio más difícil y porque el público se asustaba con las paredes curvas. ¿Cómo se amueblaba una casa así?».. Portal del edificio de Castellana 123, en Madrid, de Antonio Lamela (1959).Estudio Lamela. Rincón de la Vega explica también que hay una idea que representaba nítidamente el lujo dos categorías entre los grandes pisos burgueses de España y los de clase media: la terraza, el aislamiento entre el exterior y el interior. Asegura que el lujo que transmitían era discreto, pensado para hacer ciudad. Y,que existe una división según distribuciones:: «Hay arquitectos que tienen más que ver con la tradición anglosajona, en la que los espacios se muestran como son, inmediatamente. Entramos al salón y todo el salón está ahí, ante nuestros ojos. Y hay arquitectos que hacen espacios más fragmentados, más complejos. Salón, comedor, estar, comedor informal… Se me ocurre pensar que es algo que está en la tradición española desde la Alhambra… Julio Cano Lasso es un ejemplo muy claro».. Coderch también. Por eso, en el caso del edificio Girasol de Madrid hubo algo que encajó sólo a medias con su público natural de nuevos burgueses. «En los anuncios de la promotora que se publicaron en prensa, las fotos eran de muebles de estilo antiguo, castellano, como si les diera miedo la modernidad del edificio», cuenta Alejandro Valdivieso. «Los pisos son un poco sombríos, están hechos para dar recogimiento más que para abrirse al mundo. Los espacios son complejos. Pierdes un poco la referencia cuando estás dentro. Hay un ascensor que da directamente al salón y que articula el espacio, y, luego, otro núcleo de ascensores y escalera detrás que da a la cocina y la zona de servicio. El pasillo de las habitaciones están tres escalones por encima, como en los chalés que hizo Coderch en la Costa Brava». [Un ejemplo reconocible: la casa Rovira que aparecía en las películas También esto pasará y Casa en llamas] «Hay algo de arquitectura popular mediterránea. Y siempre hay algo de tensión dentro del piso. Hay espacios triangulares y luces que llegan desde un rincón escondido», cuenta Valdivieso.. Interior de una vivienda en el edificio de la calle O’Donnell de Antonio Lamela.Estudio Lamela. Ese hilo es fino pero interesante. Aunque suene paradójico, el gran piso burgués de la España desarrollista tiene que ver con la historia de la contracultura. La estética brutalista, los murales escultóricos de los portales, los grandes espacios abiertos, los muebles de inspiración nórdica, la invitación a una buena y sensual vida de sofás italianos y alfombras persas… Nazario Luque, el pintor y escritor de La casita de las pirañas, montó la que quizá fuera la primera comuna de España en un piso burgués de Los Remedios, en Sevilla.. Y de Fernando Higueras es conocida su vida bohemia, pero merece la pena recuperar una historia que aparece en el libro de las viviendas de San Bernardo. Cuando un general llamó al despacho para decir que su proyecto había ganado el concurso, Higueras no quiso ponerse porque pensaba que el Ejército lo estaba reclamando por su muy deficiente servicio militar. «Y en Barcelona hay una línea que lleva de Sert a Coderch, de Coderch a Correa y Milá y de Correa y Milá a Bofill, Tusquets y Clotet y hasta Arquitectura G en nuestros días», dice Valdivieso.. Detalle de la cocina en una vivienda del edificio Nicaragua 97, de Ricardo Bofill Levi, en Barcelona.Archivo Bofill. Queda preguntar qué fue de esa tradición del gran piso burgués. Cuando llegó la democracia a España y los planes de vivienda pública dieron un salto adelante, hubo promociones que adaptaron los códigos de los años 60 y 70. Hubo VPOs de 120 metros cuadrados y buenas calidades, aunque hoy suene extravagante. Los ricos, mientras, empezaron a escapar de las ciudades, a marcharse a sus pozuelos y sus santcugats, donde habitaron chalés y adosados. Sólo con el nuevo siglo y los PAUs, el mito del pisazo reapareció en el paisaje. ¿Estamos hablando de los edificios cebra que el año pasado se convirtieron en una obsesión irónica?. Sí, en resumen. «Reaparece pero sólo que lo hace como una réplica mala, porque queremos reproducir el modelo en la mitad de espacio y con peor calidad de construcción. Aquellos edificios envejecieron maravillosamente. No estoy seguro de que vaya a ocurrir lo mismo con los actuales. Hacemos pisos de 90 metros cuadrados y queremos que tengan cuarto para el servicio», dice Alejandro Valdivieso. «La generación de mi padre pudo probar cosas diferentes, equivocarse incluso», explica Carlos Lamela. «Hoy, eso es inimaginable. Cuando el promotor llega al arquitecto, lo hace con tres project managers y con una idea muy precisa de lo que se vende bien y de lo que quiere. Y de eso no va a moverlo nadie».
La Lectura // elmundo
Varios libros recuperan la gran vivienda burguesa del desarrollismo como una rareza española, una ostentación discreta aún moderna y duradera Leer
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