Irina Shcherbakova (Moscú, 1949) recuerda bien la fotografía publicada en el otoño de 2021: la puerta de la sede de Memorial en Moscú con unas esposas policiales puestas en ella. Esa foto se convirtió en un símbolo de la actitud hacia la historia en Rusia de Vladimir Putin. Cofundadora de la organización premiada con el Nobel de la Paz en 2022, la historiadora lleva décadas escuchando a supervivientes del terror soviético y continúa su trabajo desde el exilio.. En Memorial (que publica en España Temporal Casa Editora el próximo 12 de octubre) reconstruye esa lucha contra el olvido, porque ahora en Rusia «el principal valor tradicional es la lealtad al Estado, por cruel que sea». En esta entrevista explica cómo la indiferencia hacia las represiones facilitó el ascenso de Putin y advierte de que un pasado silenciado puede volver como lava: también en España.. ¿Por qué la mayoría de la sociedad rusa dejó de apoyar las ideas que dieron origen a Memorial?. Hay que evitar las generalizaciones. En Rusia sigue habiendo personas contrarias a la guerra y que apoyan la memoria de las represiones políticas. Pero la mayoría abandonó esa preocupación: primero fue indiferente y ahora la rechaza. La indiferencia ante las represiones ayudó a llevar a Putin al poder y a reforzarlo. El proceso comenzó antes de Putin, hacia mediados de los 90. La gente tenía problemas en el presente y no quería recordar un pasado doloroso. Esa memoria quedó relegada. Con Putin fue desapareciendo cada vez más de la conciencia colectiva.. Su libro describe la misión de Memorial por desenterrar las represiones de la URSS. La primera salva fue ‘Archipiélago Gulag’. ¿Cómo consiguió Solzhenitsyn describir el gulag sin seguir un método estrictamente científico?. Archipiélago Gulag es una obra de denuncia. Reunió muchísimos testimonios y recuerdos que le enviaban. Con ese coro construyó una imagen de conjunto. Hay inexactitudes y lagunas. Antes de la perestroika hablé con supervivientes que lo habían leído clandestinamente. Algunas mujeres discrepaban de cómo describía sus experiencias. Otros creían que Varlam Shalámov [en su libro Relatos de Kolimá] había transmitido mejor lo que sentían los presos de Kolimá. Sigue siendo una fuente muy importante, aunque una generación de jóvenes tiene grandes dificultades para leerlo: el lenguaje les parece demasiado antiguo y demasiado ensayístico.. En esta etapa del putinismo hemos visto imágenes que creíamos que jamás se repetirían, recuerdo cuando la policía se llevó ‘arrestados’ ejemplares de libros del escritor ruso Boris Akunin. ¿Cómo funciona hoy la censura en Rusia?. Las editoriales tienen muchos abogados que revisan los textos una y otra vez; hay numerosas prohibiciones y son imprecisas. Temen cualquier mención a las personas LGTB o a las drogas por las normas contra la propaganda, y también se controlan las referencias a escritores declarados «agentes extranjeros». Sus trabajadores tienen miedo: algunos ya han sufrido represión. El Estado ha introducido de hecho la censura, y con ello ha vulnerado la Constitución.. Al comparar la Rusia anterior a Putin con la actual aparece una palabra: cinismo. ¿De dónde procede?. Lo actual es especialmente cínico, pero no es nuevo. Tras la muerte de Stalin y la denuncia de sus crímenes hubo esperanzas de cambio. Se agotaron a mediados de los 60, con Brezhnev, cuando quedó claro que no habría transformaciones democráticas reales. Muchos ya no creían en el comunismo. Se adaptaban, mentían, decían una cosa en público y pensaban otra. Denunciaban la decadencia de Occidente y deseaban un destino en el extranjero. Putin pertenece a esa generación. La perestroika renovó la confianza en las reformas y después, se extendió la idea de que lo fundamental era convertirnos en consumidores: habría mercado y no habría dictadura. Pero la transición fue muy dura y hubo mucha corrupción. Antes, los ricos eran los malos; después, eran personas de éxito y los pobres, fracasados. Putin ofreció orgullo patriótico y una gran Rusia. Eso podía convivir con la corrupción y el arribismo. Además, procede de los servicios de seguridad, donde se invocan las leyes mientras se vulneran: quienes pasaron por esa escuela en los 70 son auténticos cínicos. Ahora muchos están normalizando la guerra. Ése es el mayor cinismo. Se normalizan crímenes contra otro país y otras personas. Es una profunda desmoralización de la sociedad.. ¿Por qué la ideología de Putin recurre constantemente al pasado? En ese sentido es lo contrario de la URSS.. Las grandes ideologías prometían un hombre nuevo y una sociedad nueva. Manipulaban la historia, pero afirmaban que construían algo. En la URSS vivíamos como en una obra interminable: algún día llegaría el comunismo y un futuro luminoso. Ahora no existe esa propuesta, sino que hay un populismo que promete regresar a un pasado espléndido. Putin está obsesionado con un gran pasado mitológico que nunca existió, con falsificar la historia y volver a los valores tradicionales rusos.. ¿Qué valores son esos?. El principal valor tradicional es la lealtad al Estado, por cruel que este pueda ser.. «El Nobel de la Paz solo reforzó el deseo de las autoridades de prohibir nuestra actividad en Rusia. Putin ha creado una maquinaria a la que es difícil oponerse». A finales de los años 70 empezó a grabar testimonios de personas que habían sobrevivido a las represiones estalinistas; a comienzos de los 90, acudió a los archivos del KGB. ¿Qué revelaban los testimonios personales que no se podía ver en los documentos? Y, a su vez, ¿cómo cambiaron los archivos su visión de las vidas de aquellas personas?. Cuando empecé a grabar testimonios de supervivientes del gulag no teníamos otra fuente que la memoria de las víctimas. Es más, no teníamos ni idea de qué se había conservado en los archivos secretos, ni siquiera de si se había conservado algo. Parecía bastante plausible que las autoridades no hubieran dejado rastro de los crímenes cometidos por el Estado y en su nombre. Pero nos equivocábamos: los archivos estatales se habían conservado, junto con millones de expedientes de investigación, la estructura del gulag y muchas otras cosas relacionadas con el sistema de terror masivo. La apertura de los archivos cerrados fue un paso muy importante, la ley de acceso a los archivos, aprobada en 1992, dio lugar a lo que después se llamó la revolución de los archivos. Gracias a ello comprendimos las estadísticas y los mecanismos del terror. Conocimos las cifras: 12 millones de víctimas de la represión política, un millón de personas fusiladas… Pero pronto quedó claro que esos millones de documentos no sustituían lo que había conservado la memoria de las víctimas. Los archivos del Estado son la memoria del sistema: en ellos, el ser humano era un engranaje, polvo de los campos, no una persona viva con una historia concreta y trágica.. Usted escribe que tras la disolución de la URSS no hubo una reflexión completa sobre el sistema soviético: no se hizo una evaluación jurídica, no hubo una depuración y tampoco se reformaron los órganos de seguridad del Estado. ¿Cómo influyó ese pasado sin resolver en el desarrollo de la Rusia de Putin? ¿Se podía cambiar esa trayectoria?. Es muy difícil responder qué se podría haber hecho a posteriori y por qué no se hizo. Por desgracia, esta es también parte de la respuesta a por qué las reformas democráticas nunca llegaron a realizarse de verdad. Una de las razones fue que la población se desilusionó con las ideas de democracia y libertad bajo el peso de los problemas económicos y la crisis. El capitalismo salvaje y la delincuencia alimentaron una nostalgia que los populistas supieron utilizar. La política histórica del poder era muy confusa, posmodernista y, por decirlo suavemente, ambigua: la revolución bolchevique, por ejemplo, se valoraba negativamente, pero Lenin seguía en el mausoleo, y allí continúa hasta hoy. Lo mismo ocurría con los cambios de nombres de calles y ciudades y con el derribo de monumentos: se destruyeron algunos y otros se quedaron. Pero, sobre todo, comprendíamos bien el enorme peso de las consecuencias morales y psicológicas que el terror masivo había dejado en quienes lo vivieron. Afectaba, ante todo, a la relación con el Estado y con la idea de libertad: la convicción de que el Estado siempre es más fuerte que el individuo y de que resistirse no sirve de nada.. Siempre relaciona el regreso de la nostalgia soviética con la decepción ante las transformaciones democráticas y la dura experiencia de los años 90. ¿Por qué el recuerdo de la escasez, la censura y la represión cedió su lugar a la imagen de una vida soviética tranquila y próspera?. El contexto de vida era duro y la gente recordaba sobre todo la época de estancamiento de Brézhnev, cuando ya no había represiones masivas ni terror. Pero lo más importante es que, en su mayoría, la población podía sentir compasión y empatía por las víctimas, pero no estaba dispuesta a reconocer que el propio Estado era criminal. Hubo una decepción con una democratización que nunca llegó a completarse y con una libertad que nunca se conquistó de verdad. Para muchos, las consecuencias visibles de las reformas fueron el desempleo, la corrupción, el caos y la delincuencia. La disolución de la URSS se percibía como resultado de una conspiración, y provocó una dramática pérdida de identidad entre los rusos. El anterior pueblo soviético dejó de existir, pero nadie fue capaz de ofrecerle una alternativa plena. Por eso, en busca de un nuevo sentido de pertenencia, muchos volvieron la mirada al pasado soviético. Al mismo tiempo, se expulsaban de la memoria o se negaban las páginas sangrientas y trágicas de la historia. Se extendió la nostalgia por los buenos viejos tiempos, que teñía de rosa el pasado soviético. Los medios de comunicación contribuyeron a ello: las canciones populares soviéticas sonaban constantemente en nuevos arreglos y las viejas películas de propaganda se emitían sin ningún tipo de comentario.. «El capitalismo salvaje, el caos y la delincuencia tras la caída de la URSS alimentaron en la población una nostalgia que los populistas supieron utilizar». Ha narrado la transformación gradual de la imagen de Stalin, de organizador de represiones masivas a símbolo de un Estado fuerte y de la victoria en la guerra. ¿Cómo pudo la sociedad sostener esas dos valoraciones a la vez? ¿Por qué esa memoria ambivalente resultó conveniente para el poder?. Al comienzo del mandato de Putin la política histórica tenía un carácter híbrido: la memoria de la represión convivía con la de un gran pasado. Pero gradualmente, el auge del nacionalismo agresivo y del falso patriotismo y, sobre todo, el culto a un Estado y un poder fuertes desplazaron la memoria de la represión. Stalin apareció como el gran símbolo del poder estatal. La gente no estaba preparada para revisar su propia relación con el pasado y reconocer que el régimen comunista había sido criminal. Eso también habría significado reconocer que el Estado en el que muchos habían vivido buena parte de su vida era criminal. Era más fácil percibir el terror masivo como una especie de catástrofe natural de la que nadie era responsable que atribuir la responsabilidad al Estado y a sus dirigentes.. En el libro muestra cómo el recuerdo de la Gran Guerra Patria, como llaman los rusos a la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en una fuente de nuevo militarismo. ¿Cómo se produjo ese cambio? ¿Se podía honrar la victoria sobre el nazismo sin convertirla en la justificación de una nueva guerra?. La política histórica de Putin empezó a convertir el recuerdo de la guerra en una fuente de nacionalismo agresivo, militarismo y falso patriotismo que debía apoyarse no en los aspectos negativos del pasado, sino en el orgullo por él. Y la principal fuente de orgullo era la victoria en la guerra. Sin embargo, incluso en la época soviética millones de personas entendían la guerra como una enorme tragedia, con 27 millones de víctimas, y como un llamamiento a la paz. Durante la perestroika y después, cuando se abolió la censura, se pudo hablar y escribir de quienes habían quedado al margen de esa memoria o habían sido expulsados de ella: los prisioneros de guerra, los trabajadores forzados deportados a Alemania, los pueblos de la URSS acusados de colaborar con el enemigo y muchos otros capítulos oscuros. También se pudo hablar del enorme precio de la victoria y de asuntos como el Holocausto y el asesinato masivo de millones de judíos, sobre los que tampoco se había podido escribir antes. Solo se hablaba de la muerte de ciudadanos soviéticos, sin destacar que eran judíos.. Memorial unió desde el principio la investigación de las represiones con la defensa de los derechos humanos en el presente y documentó, entre otras cosas, los crímenes cometidos en Chechenia. ¿Por qué son inseparables esas tareas? ¿De qué forma el trabajo sobre el pasado influye en la lucha contra las vulneraciones actuales de los derechos humanos?. La lucha por la memoria siempre estuvo inseparablemente unida a la lucha por los derechos de las víctimas y por preservar una memoria que el Estado ocultaba y tergiversaba. Las víctimas debían ser reconocidas oficialmente como tales, debía reconocerse el daño que el Estado les había causado y los culpables debían ser castigados: el Estado criminal y sus dirigentes, ante todo Stalin. El proceso contra el Partido Comunista y sus políticas criminales debía formar parte de esa lucha. Los crímenes del pasado están muy relacionados con las violaciones de derechos humanos, e incluso con los crímenes que se cometen en el presente. Una de esas zonas calientes fue la guerra de Chechenia, continuación de la política imperial soviética. Estuvo acompañada de crímenes contra la población civil por los que nadie rindió cuentas, y lo mismo estamos viendo hoy mismo en la guerra contra Ucrania. Que recibiésemos el Nobel de la Paz solo reforzó el deseo de las autoridades de prohibir nuestra actividad en Rusia. Putin ha creado un sistema de violencia, una maquinaria a la que es difícil oponerse.. En España seguimos discutiendo sobre la Guerra Civil y la dictadura. ¿Cómo evitar que el relato de las víctimas se pierda entre las disputas políticas?. Hay que escuchar las experiencias concretas. Los Estados represivos manejan grandes cifras y afirman que toda la sociedad los apoya. Los testimonios muestran una realidad más compleja y ayudan a entender la responsabilidad y la complicidad. Los archivos estatales no sustituyen esa experiencia: un expediente puede omitir que se torturó a alguien para arrancarle una declaración. Es una fuente del Estado represivo, no la voz de esa persona. Para escuchar debe existir cierta paz cívica, basada en reconocer qué fue la dictadura y asumir responsabilidades desde el Estado. Si la memoria sigue prohibida, el Estado calla y falsea la historia, ese pasado no ha pasado: es lava caliente. El volcán parece apagado, pero por dentro sigue hirviendo, y cuando surgen problemas, vuelve a estallar y divide a la sociedad. Lo vemos en Rusia. En España también vemos cómo el pasado vuelve a salir de ese volcán. Casi ha transcurrido un siglo desde la Guerra Civil y esa lava brota de nuevo.
La Lectura // elmundo
La cofundadora de Memorial, la organización rusa por los derechos humanos galardonada en 2022 reconstruye en Memorial (Temporal Casa Editora) la lucha contra el terror soviético y explica cómo su olvido facilitó el ascenso de Putin Leer
La cofundadora de Memorial, la organización rusa por los derechos humanos galardonada en 2022 reconstruye en Memorial (Temporal Casa Editora) la lucha contra el terror soviético y explica cómo su olvido facilitó el ascenso de Putin Leer
