Un retrato del alma humana con un final… ¡Qué final! Hay pelis que me gustan y otras que, por lo que sea, se me quedan dentro. Y Otra ronda es, sin duda, un gran ejemplo de las segundas. Siempre me ha gustado mucho el cine nórdico. Esa manera que tienen de contar las emociones sin explicártelas todo el rato, sin llevarte de la mano. En principio, Otra ronda (disponible en RTVE Play) parece una historia sobre cuatro amigos que deciden probar una teoría bastante absurda sobre el alcohol. Pero yo creo que habla de muchas más cosas. De la rutina, de hacerse mayor, de mirar un día tu vida y preguntarte en qué momento dejaste de entusiasmarte por ella.. Mads Mikkelsen está increíble. Al principio está completamente apagado, como si fuera un espectador de su propia vida. Y prácticamente no necesita decir nada para que lo entiendas. Y luego está el final. Ese baile. Para mí es uno de los finales más bonitos que recuerdo. Porque tampoco sabes muy bien qué estás viendo. No sabes si está celebrando algo, si se está despidiendo, si está triste o si por fin vuelve a sentirse vivo. Y quizá precisamente por eso funciona tanto. Porque la vida, seguramente, sea eso. No estás feliz o triste. Muchas veces estás las dos cosas a la vez. Por eso nunca he entendido el final simplemente como un «hay que disfrutar de la vida». Para mí, dice algo bastante más bonito: a pesar de todo, seguimos bailando.. Regreso extasiado a la animalada de Mel Gibson, 20 años después.Apocalypto la vi en el cine cuando salió y me fascinó. Pero la he vuelto a ver casi 20 años después en casa y me ha pasado una cosa que me encanta cuando recupero una película: me ha gustado todavía más. Yo recordaba sobre todo la tensión, la persecución, la violencia… y esta vez me he fijado mucho más en todo lo que hay alrededor, en todo lo que no se muestra a simple vista. Hay momentos en los que no hace falta que nadie te explique absolutamente nada. Una mirada, un cuerpo corriendo, un ruido en mitad de la selva… y ya estás dentro. Y eso, para mí, es cine puro.. Mel Gibson será lo que sea, no digo que no, pero aquí dirige como un animal. La película empieza, te va metiendo poco a poco en ese mundo y llega un momento en el que ya no te suelta. Pero hay algo que esta vez me ha llamado especialmente la atención. Durante toda la película tienes la sensación de estar viendo una civilización enorme, poderosa, convencida de su propia grandeza… cuando en realidad por dentro ya se está cayendo a pedazos. Y entonces llega el final. La playa. Los barcos. Y me parece un golpe maestro, porque nosotros sabemos algo que ellos todavía no saben. Y de repente todo lo que acabas de ver cambia de dimensión.. Creo que la primera vez vi, simplemente, una película de aventuras cojonuda. Esta vez, con 20 años más a las espaldas, he podido comprender también una historia sobre lo poco que dura todo, sobre lo rápido que puede desaparecer un mundo que está convencido de que va a durar para siempre. Y quizá sea eso lo que más me ha impresionado. Visto cómo está el patio, no está mal regresar a reflexiones como esa.. Si yo fuera una peli, sería esta, pero no se asuste.Un día de furia es, probablemente, la película con la que más me he identificado en mi vida. Y dicho así, reconozco que suena bastante preocupante. Evidentemente, no me identifico con lo que hace el personaje. Me identifico con algo que viene antes: entiendo demasiado bien de dónde sale su cabreo. Esa sensación de ir acumulando pequeñas injusticias, normas absurdas, gente haciendo las cosas mal… y pensar: «¿Pero soy yo, o esto no tiene ningún puto sentido?». Me caracteriza un sentido de la justicia muy marcado. Seguramente, a veces demasiado. Me cuesta muchísimo aceptar algo simplemente porque «las cosas son así». Si algo me parece injusto o absurdo, no consigo mirar hacia otro lado. Y la película juega magistralmente con eso.. Al principio vas pensando: «Joder, es que tiene razón». Hasta que llega un momento en el que piensas: «Sí… pero este tío se está yendo a tomar por culo». Y ahí está para mí lo bueno y, al mismo tiempo, lo incómodo de la película. Porque una cosa es sentir que tienes razón. Otra es tenerla. Y otra completamente distinta es pensar que tener razón te da derecho a cualquier cosa. Yo no me identifico con lo que acaba haciendo ese hombre, pero sí tengo que reconocer una cosa: comprendo perfectamente por qué está tan cabreado.
La Lectura // elmundo
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