A lo largo de todo el siglo XXI casi ningún crítico ha planteado lo aburrido que puede resultar escribir sobre uno mismo como si no existieran otras alternativas. Mario Perniola, fallecido en 2018, hubiera aceptado la primera frase de este texto, entre otras cosas por ser el autor de libros del calibre de Del terrorismo como una de las Bellas Artes (Bauplan), rara avis bien consciente de serlo. El filósofo italiano gustaba del juego y la inteligencia, no en vano fue una de las figuras punteras del situacionismo. En el volumen que nos ocupa no revela sus cartas hasta el último capítulo, en el que muestra a dos figuras opuestas más o menos conocidas por el público español.Pier Paolo Pasolini no lo aceptó. La excusa oficial derivaba de un artículo laudatorio del Nobel Eugenio Montale para con la ópera prima de Perniola. Sin embargo, la causa real radicaba en que mantenían puntos de vista radicalmente diferentes. El malogrado poeta y cineasta vivía obsesionado con vender sinceridad desde el hablar claro.Nuestro protagonista era más bien del partido literario de Alberto Moravia, quien poseía la inmensa virtud de no revelar la verdad de primeras, uno de los mejores modos de usar la ironía para disparar con bala. Buena prueba de ello la encontramos en Los indiferentes, un título que suaviza su visión de la burguesía romana durante el fascismo con un término que realza la cobardía de su clase social, demasiado perezosa para comprender que había recibido un tiro en la sien.Perniola aprendió mucho del segundo y en este ensayo no deja de escribir sobre sí mismo sin hacerlo jamás. ¿Es eso posible? La gracia radica en quitarse importancia, mezclarse con historietas y derramar filosofía muy afilada dentro de una prosa corrosiva con vocación de repasar los años 70 del siglo XX, como ya imaginan, sin caer en tópicos insufribles.Los terroristas pueden ser artistas frustrados, así como estos pueden ser terroristas fracasados. En estas páginas, publicadas en su versión original hace justo un decenio, las condenas a muerte van de Roma a Japón para regresar a la Ciudad Eterna con burlas del destino, ladrones de libros en Monteverde y matemáticas macabras, por supuesto inesperadas para no romper con la norma de la diversión aquí reseñada, a leer como una declaración de intenciones o un testamento que nos interpela desde su afán de no aceptar lo normativo.Trad. de Mihaela Panayotova. Bauplan. 208 páginas. 16 €
La Lectura // elmundo
En Del terrorismo como una de las Bellas Artes (Bauplan), Perniola no deja de escribir sobre sí mismo sin hacerlo jamás. ¿Es eso posible? Leer
En Del terrorismo como una de las Bellas Artes (Bauplan), Perniola no deja de escribir sobre sí mismo sin hacerlo jamás. ¿Es eso posible? Leer
