En el último tramo de 2666 (Anagrama, 2004), la novela póstuma de Roberto Bolaño, el autor enumera uno por uno, con un estilo frío, reiterativo, clínico, cientos de feminicidios (reales y ficticios) en la ciudad de Santa Teresa. En un pasaje anterior de la misma obra, Bolaño describía de igual forma la rutina horripilante de un grupo de soldados alemanes enterrando cadáveres día tras día, uno tras otro; el mismo plato de sopa, todos los días, como decía Thomas Mann, aunque, en este caso, sopa envenenada de horror.De alguna forma, el lector que se asome a las páginas de La nueva era del machismo (Península), de Laura Bates, sentirá la misma náusea y la misma incomodidad al verse obligado a repasar, uno por uno, un listado infinito de casos de abusos digitales. Leyéndolos, pensé en nuestro déficit de atención actual: si al espectador accidental se le muestran uno o dos ejemplos, quizás pueda girar la mirada y permitir que el olvido lime la emoción. Pero, sometido a un torrente de ejemplos donde de forma reiterada se rompen los límites, no puede evitar cobrar conciencia del amplio paisaje sexista. Y este es el propósito del libro: concienciar.Uno de los primeros relatos con los que se abre este ensayo es el Caso Almendralejo. Recordará el suceso. En 2023, un grupo de niñas del pueblo de entre 13 a 17 años fueron víctimas de un deepfake. Otro grupo de chicos del mismo instituto habían generado imágenes sintéticas de ellas en las que aparecían desnudas. «Mamá, mira lo que me han hecho», le dijo su niña de 13 años a Miriam Al Adib, al ver su foto desnuda en su móvil. Y ella fue quien denunció el caso.A lo largo del libro, Bates repasa casos de «pornovenganza», de acoso en el metaverso, los mencionados deepfakes, así como los sesgos en los datos de entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje LLM (que son científicamente reales), los prostíbulos de robots o las novias virtuales. Un verdadero espectáculo de los horrores digital y un catálogo amplio de personalidades masculinas con preocupantes apetitos no satisfechos.Por un lado, lo que encontramos en estas páginas es un exceso de ejemplos de lo que el psicólogo John Suler denominó hace dos décadas «efecto de desinhibición online». Internet permite el anonimato disociativo, la invisibilidad, la asincronía… pura impunidad digital. Por otro, la ausencia de voluntad por parte de las grandes compañías de moderar sus plataformas tiene como consecuencia que las normas de esos espacios tiendan a degradarse con conductas, digamos, poco virtuosas, como mencionaba Keizer en su teoría de las ventanas rotas.Laura Bates (Oxford, 1986) indica que este «no es en absoluto un libro sobre tecnología» (p. 312). Y, al margen de la conveniencia o no de declarar ese propósito al inicio o al final de la obra, La nueva era del machismo se puede entender como una continuación o una extensión de su popular obra Los hombres que odian a las mujeres (Capitán Swing
La Lectura // elmundo
El lector que se asome a ‘La nueva era del machismo’ (Península) de Laura Bates sentirá una tremenda incomodidad al verse obligado a repasar, uno por uno, un listado infinito de casos de abusos digitales Leer
El lector que se asome a ‘La nueva era del machismo’ (Península) de Laura Bates sentirá una tremenda incomodidad al verse obligado a repasar, uno por uno, un listado infinito de casos de abusos digitales Leer
