Mantiene el escritor, viajero y él mismo náufrago Sylvain Tesson que La Odisea no es más, ni menos, que el manual de instrucciones de un naufragio. Borges ve en la obra de Homero -así lo dice en el poema Odisea, Libro Vigésimo Tercero- la herida melancólica y siempre abierta de la identidad, del hombre desplazado (¿dónde está aquel hombre/ que en los días y noches del destierro/ erraba por el mundo como un perro/ y decía que Nadie era su nombre?). Y mucho antes de todos ellos, el filósofo Porfirio hablaba del poema épico como alegoría filosófica y cosmogónica del viaje de reencuentro de la conciencia con el alma.Digamos que nadie, de Stephen Fry a James Joyce pasando por los hermanos Coen (¿cómo olvidar O Brother! (2000)?), ha logrado jamás evitar el poder magnético de los 24 cantos compuestos ocho siglos antes de nuestra era y dictados quién sabe si desde la Daskalopetra de Quíos. Christopher Nolan (Londres, 1970) es el último de todos ellos. Y como toca a una filmografía entregada a congregar multitudes (que no unanimidades), se diría que su aspiración es ser el primero. La Odisea llega a los cines con el propósito nada disimulado de cubrir una deuda, según el director histórica, entre el cine popular, pero serio, con el texto fundacional de la cultura occidental. Suena grave y lo es.El cineasta nos recibe en un céntrico hotel de Londres justo al lado del bullicio del South Bank, con el ruido alegre de la Pride Parade colándose por la ventana y no lejos de la sala IMAX donde un día antes se proyectó, en todo su esplendor y en 70 mm, la película protagonizada por Matt Damon en su desesperado y recurrente (ya lo hizo en Interstellar) empeño por volver a casa. Nolan toma té y Nolan, también él, regresa a su naufragio, a su identidad, al encuentro del alma misma de su cine.Si le parece, empezamos por lo más básico. Sabemos que La Odisea es un pilar de la cultura occidental, pero ¿qué sentido tiene realizar hoy una adaptación cinematográfica de una obra escrita en el siglo VIII a.C.?Decir que La Odisea ha superado la prueba del tiempo es quedarse corto. No descubro nada si digo que Homero ha fascinado a culturas y generaciones durante 3.000 años porque conecta con verdades universales y atemporales sobre la naturaleza humana, la civilización y nuestros deseos más íntimos. Así que creo que cada generación puede encontrar algo relevante en ella, y ese es el motivo de esta película. Homero es un autor contemporáneo.Se me ocurre una razón más concreta y de ámbito político, si se quiere: la reivindicación del concepto griego de xenia, de hospitalidad hacia los desconocidos. En España y parte de Europa se habla de prioridad nacional, ¿le preocupa este giro anticivilizatorio?Sí, en la película aparece este concepto como la ley de Zeus. Es algo tan básico como tratar a los demás como te gustaría ser tratado tú. En Homero existe un fundamento teológico: alguien puede parecer un humilde mendigo
La Lectura // elmundo
El director lleva a la pantalla La Odisea rodeado por la expectación, el tumulto, la admiración y, cómo no, también la polémica: «El entretenimiento no es despreciable ni poco culto» Leer
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