Marçal Font se sorprendió un día al detectar unos movimientos extraños en su librería Fènix de Badalona. “Me compraron cuatro libros por 35 euros con unos gastos de envío de 67 euros. Un minuto después pedían otro libro con 20 euros más de gastos de envío. Y así. No tenía ningún sentido”, recuerda. Fue entonces cuando contactó con su amigo Xavi Vinaixa, investigador y director técnico de una empresa tecnológica, para averiguar qué podía haber detrás y no tardaron en dar respuesta al misterio: una empresa estaba haciendo los pedidos para digitalizar los libros e incorporarlos a sistemas de inteligencia artificial. Seguir leyendo
Libreros de todo el mundo han detectado compras masivas de libros descatalogados por parte de empresas tecnológicas para entrenar sus modelos de inteligencia artificial. Los datos ya no son suficientes ¿engullirán también el patrimonio físico?
Marçal Font se sorprendió un día al detectar unos movimientos extraños en su librería Fènix de Badalona. “Me compraron cuatro libros por 35 euros con unos gastos de envío de 67 euros. Un minuto después pedían otro libro con 20 euros más de gastos de envío. Y así. No tenía ningún sentido”, recuerda. Fue entonces cuando contactó con su amigo Xavi Vinaixa, investigador y director técnico de una empresa tecnológica, para averiguar qué podía haber detrás y no tardaron en dar respuesta al misterio: una empresa estaba haciendo los pedidos para digitalizar los libros e incorporarlos a sistemas de inteligencia artificial.Mediante un foro internacional se pusieron en contacto con libreros europeos a quienes les ocurría lo mismo. Las compras se realizaban a través de ZoomBooks (empresa canadiense de compra-venta de libros de segunda mano) y los envíos se dirigían a operadores logísticos intermediarios como PrepFort, en Illinois, que ofrece puestos de trabajo para escanear, catalogar y registrar datos con precisión y rapidez. Tanto los libreros como los investigadores consultados sostienen que esta estructura dificulta identificar al destinatario final de los ejemplares, aunque todo apunta a que se trata de tecnológicas vinculadas al desarrollo de inteligencia artificial. Las sospechas de los libreros encontraron eco en una investigación de The Washington Post sobre Anthropic, la empresa creadora del modelo Claude. A partir de documentos judiciales relacionados con demandas por derechos de autor, el diario reveló la existencia de un programa interno conocido como Project Panama, descrito por la propia compañía como un esfuerzo para digitalizar a gran escala libros impresos con el fin de incorporarlos a sus sistemas de inteligencia artificial. Según la documentación analizada por el periódico estadounidense, el proceso se basa en el escaneo destructivo de ejemplares físicos.Destruir libros para conseguir datosLa imagen recuerda inevitablemente a Fahrenheit 451, aunque aquí los libros no se destruyen para censurar ideas, sino para extraer datos. “Desencuadernar un libro guillotinando el lomo para liberar sus páginas permite escanear y digitalizar el ejemplar de manera más rápida y barata que el escaneo conservador y cuidadoso utilizado por bibliotecas y archivos”, apunta Vinaixa, aunque implica la desaparición del ejemplar físico. Resulta paradójico que un proyecto creado para alimentarse de datos termine destruyendo datos por el camino.A diferencia de la novela de Bradbury, aquí nadie quiere eliminar el contenido. Al contrario, lo que quieren es absorberlo. “Durante años, las IA se entrenaron con enormes cantidades de texto disponible en la web. Ahora muchas compañías se enfrentan a varios problemas porque ya han consumido buena parte del texto público de calidad disponible y necesitan datos más diversos, especializados y mejor escritos para intentar evitar la homogeneización, los sesgos cognitivos, l
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