En Self Porn (editorial niños gratis), el profesor y escritor Nacho M. Segarra (autor de Ladronas Victorianas o de Sexbook, junto a María Bastarós) se atreve a darle vueltas a la imagen que define el siglo XXI: una dick pic o una fotopolla. O, más allá, sobre la pornificación de absolutamente todo: de nuestros cuerpos y de nuestra forma de relacionarnos con otros cuerpos, incluso cuando no estamos desnudos ni haciendo nada sexual (afirma, por ejemplo, que los modos y costumbres de la pornografía se han filtrado incluso en el activismo online). O tal vez Self Porn simplemente demuestra que la política y la teoría cultural están en absolutamente todo, incluso en lo que hacemos a oscuras en nuestro cuarto con las luces apagadas cuando creemos que nadie nos ve (aunque hay alguien que siempre está mirando). Seguir leyendo
En Self Porn (editorial niños gratis), el profesor y escritor Nacho M. Segarra (autor de Ladronas Victorianas o de Sexbook, junto a María Bastarós) se atreve a darle vueltas a la imagen que define el siglo XXI: una dick pic o una fotopolla. O, más allá, sobre la pornificación de absolutamente todo: de nuestros cuerpos y de nuestra forma de relacionarnos con otros cuerpos, incluso cuando no estamos desnudos ni haciendo nada sexual (afirma, por ejemplo, que los modos y costumbres de la pornografía se han filtrado incluso en el activismo online). O tal vez Self Porn simplemente demuestra que la política y la teoría cultural están en absolutamente todo, incluso en lo que hacemos a oscuras en nuestro cuarto con las luces apagadas cuando creemos que nadie nos ve (aunque hay alguien que siempre está mirando). Seguir leyendo
En Self Porn (editorial niños gratis), el profesor y escritor Nacho M. Segarra (autor de Ladronas Victorianas o de Sexbook, junto a María Bastarós) se atreve a darle vueltas a la imagen que define el siglo XXI: una dick pic o una fotopolla. O, más allá, sobre la pornificación de absolutamente todo: de nuestros cuerpos y de nuestra forma de relacionarnos con otros cuerpos, incluso cuando no estamos desnudos ni haciendo nada sexual (afirma, por ejemplo, que los modos y costumbres de la pornografía se han filtrado incluso en el activismo online). O tal vez Self Porn simplemente demuestra que la política y la teoría cultural están en absolutamente todo, incluso en lo que hacemos a oscuras en nuestro cuarto con las luces apagadas cuando creemos que nadie nos ve (aunque hay alguien que siempre está mirando). ¿Por qué a los hombres les gusta tanto fotografiarse el pene? La imagen del pene entre hombres no heteros (gays, bi, whatever…) cumple la misma función que las cartas de visita del siglo XIX, esos pequeños retratos con los que los burgueses certificaban su sociabilidad: he estado aquí, vine a saludarte. En ese sentido, el libro evita la fotopolla como agresión sexual y se centra en imágenes de penes no impuestas, en plataformas de ligue no comerciales. Aunque, en realidad, el pene es una excusa. He intentado hablar de cómo el capitalismo de plataformas da forma al modo en el que los hombres no heteros vemos nuestro propio cuerpo pero, claro, nadie compraría un libro así. La pilila es el anzuelo.“El pene erecto es siempre una confesión”, escribe. ¿Nos fascina el pene por indomable, por responder a estímulos que no dominamos del todo? Susan Bordo, una famosa teórica feminista, tiene un libro precioso sobre el cuerpo masculino con un capítulo dedicado al pene en el que dice lo nefastos que hemos sido los hombres al crear metáforas para hablar del organo viril que tiene nombres mil, como cantaba Dantés. Nuestra cultura patriarcal lo ha asociado a peligro o ingobernabilidad, cuando pudiera ser una flor o un nenúfar, algo orgánico, gradual y con matices. El pene en nuestra cultura está metafóricamente en todos lados (edificios o coches) pero su imagen real se nos escamotea. Culturalmente, es el monstruo del cine de terror que sólo aparece al final. Por eso no podía parar de preguntarme qué significa esa explosión fálica en ambientes online queer, donde enseñarlo cumple casi la función fática o de contacto, como hablar del tiempo en un ascensor.El escritor y profesor Nacho M. Segarra.Sara SánchezLos tentáculos de la estética y los mecanismos del porno están en todas partes: en programas de televisión, en series de Netflix, en Instagram, en nuestros gimnasios. ¿Queda algo fuera? A mí me interesaba estudiar cómo el porno da forma a la vida de los hombres no heterosexuales, que tiene unos matices distintos a las experiencias heterosexuales. El porno está en nuestras primeras exploraciones, está en los p
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