Recuperar la movilidad completa de la mano tras un accidente como el suyo es más una probabilidad que una certeza. Si a la ecuación se le añade la capacidad de seguir tocando la guitarra de forma profesional, este porcentaje decrece exponencialmente. El tiempo y la urgencia de plasmar sus sentimientos en una melodía también jugaban en su contra, aunque a Yerai Cortés (Alicante, 1995) tan solo le bastaron tres días para anteponer su música y sacar adelante un disco aparentemente imposible de completar. «¿Sabes?, hasta hace unos seis meses, la mano aún se me quedaba hinchada después de los conciertos, y ahora ya ni siquiera eso», explica el tocaor y cantante flamenco sobre su rotura de tendón. Lo dice con una sonrisa, como quien evoca recuerdos del pasado de los que se siente orgulloso. Y precisamente esto es lo que sucede en su caso, al haber publicado con éxito el segundo disco de su carrera y el que más relevancia ha adquirido hasta la fecha.. El proyecto al que alude se titula Popular, en una referencia clara al flamenco del pueblo, ese que abandera en sus canciones y que empapa su escritura. «Fue muy bonito reforzarme en el arte que llevo haciendo siempre, pero sin el instrumento en la mano. Me ha hecho darme cuenta de que yo también existo». Y es que de tanto expresar en clave de sol, el artista flamenco se había olvidado de sentir con palabras y hacer llegar su mensaje al público.. Este es el concepto que explora en el álbum, que se gesta a raíz de la necesidad de extender lo que ya se dijo hace dos años en La guitarra flamenca de Yerai Cortés, el documental de C. Tangana -Antón Álvarez- que exploraba la vida y la mente del alicantino para explicar su expresión creativa. «Es la historia una vez que se han apagado las cámaras. Es una continuación de mi vida», dice sobre Popular. Para Cortés se entiende casi como la segunda parte de una película, aunque esta vez lo que se explora es el mensaje de arrepentimiento y posterior final feliz al que su pareja y él llegaron después de su infidelidad. «Se me conoce más por mis errores que por mis virtudes. Mi música ha sido una herramienta puramente para sanar cosas que yo tengo dentro». No es de extrañar que él mismo defina estas 17 canciones como una carta de amor, en la que el alma se desnuda y el espectador vive una especie de vis a vis con la esencia del alicantino.. El disco, reconoce, se articula a partir de la «purgación» y la incomodidad, donde la familia, la raíz y todo lo propio cobran importancia. El proyecto -publicado el pasado 17 de abril- no es una mera reminiscencia, sino un puente para contar una historia, la suya propia. «Acabo pidiendo perdón porque para mí siempre ha sido el último paso, porque hasta entonces no he sabido perdonarme a mí mismo», deja claro. Y no es la única intencionalidad de sus melodías. Popular se erige a partir de varios palos flamencos como una contestación a los interrogantes de la película, especialmente aquellos que tienen que ver con su identidad musical.. «Ojalá el flamenco sea como la ‘Mona Lisa’ o la Torre Eiffel y se reconozca como un monumento histórico». Cortés no solo escribe siguiendo el patrón tradicional, ni tampoco se mueve únicamente por el estilo vanguardista. Su esencia, de hecho, reside en no formar parte de ningún colectivo, en liberarse de las etiquetas que lo encasillan. «Llevo toda la vida consumiendo música, no me hace falta que me digan cómo tengo que escucharla». Y mucho menos cómo debe crearla. Quizá por eso el alicantino apuesta a menudo por un género único y exclusivo: el flamenco ibérico. -«Cuidado con este nuevo concepto, podría ser el futuro», bromea-. El término le nace innato, como si llevase tiempo rumiando el nombre. Es innovador pero respeta lo tradicional, lo que argumenta la atemporalidad de su música.. Lejos de la modernidad de su sonido, Yerai Cortés busca, como cualquier otro flamenco purista, mantener viva una raíz cada vez más desconocida. Y aunque el género ya está en las calles, el cantautor refleja su preocupación. «Ojalá no sea una moda. Ojalá no sea un oversize, ni unos pantalones pitillo que hay veces que se aman y veces que se odian. Ojalá sea como la Mona Lisa, como la Torre Eiffel, que en todas las épocas del año, todas las generaciones del mundo han querido hacerse una foto con ellas porque se reconocen como monumento histórico. Ojalá el flamenco sea eso».. El artista, como muchos otros, navega la fina línea entre innovar en flamenco y desnaturalizarlo. La clave, en ese caso, es seguir reconociendo el producto. «Al género no se le tienen que añadir cosas para que esté a la moda», recalca. Con todo ello dicho, la probabilidad de que Cortés tuviera éxito era baja, bajísima si se tiene en cuenta la cantidad de cantautores flamencos que existen. Contra todo pronóstico, el alicantino comenzó a crecer, con su música y a través de la película de C. Tangana. Ahora, Yerai Cortés vuelve a navegar lo imposible y completa un segundo disco íntimo y confesional que coloca al flamenco en el punto de mira. El artista sigue creciendo, sigue creando sin olvidarse de las letras y de los mensajes detrás de ellas. Popular es el resultado del trabajo, del talento y de una historia que va más allá de los focos. ¿Quién queda cuando las cámaras se apagan? La respuesta está clara: el Yerai que siempre vuelve a la raíz.
La Lectura // elmundo
El guitarrista y compositor transforma su segundo disco, ‘Popular’, en una elegía al flamenco y a sus raíces: «Mi música es una herramienta para sanar» Leer
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