El domingo 3 de mayo salió de lo más primaveral: sol y nubes blancas corriendo de un lado para otro. En el azul del cielo aquello parecía un campo de regatas. Y la temperatura era tan misericorde que en cuanto apretaba un poco el calor, venía un golpecillo de aire fresco que ponía los sofocos en su sitio. En el libro Madrid se le dedica un capítulo a la arquitectura de la ciudad, pero no resultó sencillo encontrar media docena de edificios con empaque: el Museo del Prado y el Observatorio de Villanueva, el edificio Carrión de Martínez y Feduchi…. Fue nuestro hijo Guillermo quien me sugirió que añadiera el Hipódromo de la Zarzuela. Yo entonces sólo lo había visto en efigie (hay excelentes monografías donde aparece muy bien retratado), pero él había estado allí dos o tres veces cuando estudiaba arquitectura, y se ofreció como cicerone. Fijamos incluso el día, 15 de marzo, sin sospechar nisiquiera que la víspera, el 14, España entera iba a quedar confinada durante meses por la epidemia del covid. El 12 yo había dado por terminado mi libro, que se publicó en septiembre de ese 2020. El Hipódromo de la Zarzuela de Eduardo Torroja figura en él junto a otros ocho edificios singulares.. Al fin este 3 de mayo lo he visto, como diría un castizo, en persona. Teníamos allí (Miriam, mi mujer, y nuestra amiga Cayetana) una cita imp ortante, triple en mi caso: con el ingeniero Torroja, con mis primeras carreras de caballos y con Fernando Savater y su hermano Jose. Algunas de las páginas más hermosas que ha escrito Savater (y tiene muchas de esas), recogen su fascinante relación con las carreras de caballos, que ha seguido por medio mundo, él, sí, en persona (y por supuesto a distancia; de hecho, la madrugada de ese 3 de mayo, su insomnio le había llevado a la retransmisión en directo del Derby de Kentucky, según nos contó).. Taquillas, dependencias, vestíbulos, gradas… todo parece haber sido concebido en esatdo de gracia en aquel 1934. No sorprende en absoluto que sea tan pequeño y parezca tan airoso y colosal. No hace falta entender de caballos o interesarse por ese mundo para disfrutar de las crónicas que recogió en A caballo entre milenios: en todas hay un trasfondo tan humano que podrían tomarse, unas, por metáforas poéticas, y otras, como metáforas filosóficas: si toda carrera es unamunianamente agónica, también debería ser nietzscheana y jovial. Ni que decir tiene que no resultaba fácil elegir entre el espectáculo de ver correr a los caballos u observar a nuestro filósofo, prismáticos en astillero, mientras seguía las carreras.. Vayamos ahora al edificio. Es bellísimo, infinitamente más de lo que la mejor de las fotografías pueda sugerir. Ninguna da la verdadera dimensión de la esbeltez y gracia de sus emblemáticos voladizos. Cuanto se diga de ellos es poco. Pero también el resto, obra de dos arquitectos amigos suyos, Martínez y Arniches, es de una elegancia insuperable: taquillas, dependencias, vestíbulos, gradas, todo parece haber sido concebido en estado de gracia en aquel 1934. No sorprende en absoluto que sea tan pequeño y parezca tan airoso y colosal. Lo que el Tempietto de Bramante es a la arquitectura del Renacimiento o el Observatorio de Villanueva al Neoclásico, es el Hipódromo de Torroja a la arquitectura moderna. No sabría decir si el Hipódromo debe ser considerado un edificio moderno o clásico, tan joven se conserva, pero sí que haber esperado cincuenta años para verlo ha sido una imperdonable negligencia. No la cometas tú, lector, lectora.. En cuanto a las carreras propiamente…. El cielo azul como sólo es azul cuando es domingo, los cúmulos blancos de lo más gimnásticos, el tépido viento perfumado a tomillo, a jara, a Guadarrama, la lejanía cercana de los encinares del Pardo, la sublime marquesina de Torroja, las gentes sentadas en las holgadas gradas, los paseantes, a pie de pista, para ver de cerca la carrera, la belleza fugaz de los caballos, comparable con nada, y la conversación entre amigos que podrían decir unos de otros aquello de Montaigne, a propósito de La Boètie: «Parce que c’étai lui, parce que c’était moi»… Todo ello junto cristalizó en una pequeña obra de arte no por fugaz, también, menos memorable.. Raramente la palabra cultura significa lo que la palabra vida, y que ganara en la quinta carrera «Majestad», el único caballo al que apostamos (tres euros cada uno de nosotros), lo confirmó.
La Lectura // elmundo
Es bellísimo, infinitamente más de lo que la mejor de las fotografías pueda sugerir. Lo que el ‘Tempietto’ de Bramante es a la arquitectura del Renacimiento, es el Hipódromo de Torroja a la arquitectura moderna Leer
Es bellísimo, infinitamente más de lo que la mejor de las fotografías pueda sugerir. Lo que el ‘Tempietto’ de Bramante es a la arquitectura del Renacimiento, es el Hipódromo de Torroja a la arquitectura moderna Leer
