Werner Herzog habla inglés como si fuera alemán, rueda los documentales como si se tratara de ficción y cuenta las historias más increíbles como si las hubiera vivido todas en primera persona. Lo curioso es que es así: todas las vidas caben en la vida de este cineasta bávaro de 84 años que ha sido capaz de todo a lo largo y ancho del mundo entero. «Los hechos crean normas, mientras la verdad ilumina», dejó escrito en uno de sus libros entre el diario, la memoria y la revelación. Y le creemos.. Subió un barco a una montaña, se acercó a lo más profundo de un volcán activo, exploró las cavernas que el hombre habitó por primera vez, buscó al elefante más anciano del mundo, voló en globo por encima de la selva para fotografiar las copas de los árboles, siguió de cerca la vida y muerte del hombre que se creía un oso y se peleó con el más terrible enemigo que jamás conoció un director de cine: Klaus Kinski. Películas como Aguirre, la cólera de dios, Nosferatu, Fitzcarraldo, Cobra verde, Grizzly Man, Teniente Corrupto o su último trabajo, recién presentado en Venecia, primero, y en San Sebastián, después, Bucking Fastard, dibujan una filmografía que también e indisolublemente es biografía.. En Herzog la fabulación es realidad y viceversa. En el festival de la ciudad guipuzcoana recibió el Premio Donostia y, allí, sobre el escenario, el cineasta se declaró además de todo lo anterior, vasco.. ¿Le molesta o le intriga esto de recibir premios?. Hay algo perverso en eso de mirar atrás, que es lo que te piden que hagas cuando te entregan un premio a toda la carrera. Ya no soy ese tipo de persona. Acabo de presentar una película y mi siguiente película está casi acabada. Lo que sí tengo que decir es que me halaga verme al lado de todos los que se han hecho con este mismo premio antes que yo. Cuando lo recogí alguien mencionó Aguirre, la cólera de dios y caí en la cuenta de que él era vasco. Me dio por pensar que el euskera no tiene comparación con ninguna otra lengua moderna. Hace 30.000 años, los vascos ya estaban aquí. Estaban aquí mucho antes de que los pueblos indoeuropeos migraran hasta Europa. Me fascina el argumento. Ellos son los primeros europeos.. Ha mencionado a Lope de Aguirre y me vienen a la cabeza tanto Kaspar Hauser, al que dedicó una película en 1974, y su más reciente trabajo, Bucking Fastard, que trata sobre dos hermanas que se sincronizaban a la hora de hablar, que eran distintas y a la vez la misma persona. ¿Por qué esa afición por los personajes peculiares y, de algún modo, fuera de norma?. Nunca he visto a esta gente como outsiders o ajenos al mundo. Si observamos a Kaspar Hauser -un caso único de alguien que crece encerrado en un sótano oscuro, sin noción del lenguaje ni de la existencia de otras personas, sin haber visto jamás el cielo, un árbol o una casa-, vemos que, al ser arrojado al mundo, parece un extraño, un alienígena caído de otro planeta. Sin embargo, es tan radicalmente humano que la suya es la verdadera esencia de la humanidad. Todos los demás, todos nosotros, no somos más que seres marginales. Todos los demás estamos deformados por la sociedad, las normas y las reglas de comportamiento. Él es el único ser humano puro.. Imagino que el mismo razonamiento vale para las hermanas Jean y Joan Holbrooke, que en su película interpretan Kate y Rooney Mara…. Lo mismo ocurre con ellas, que hablaban al unísono. Todos nos concebimos como individuos únicos, pero esa idea es puesta en duda de manera radical por dos hermanas que hablan y sueñan al unísono, que cometen el mismo lapsus verbal a la vez (de ahí el título de la cinta). Si uno se deja llevar y accede a ver el mundo desde ellas, a través de sus ojos y sus acciones, se da cuenta de hasta que punto deberíamos estar más conectados todos. La individualidad salvaje en la que vivimos actualmente es lo que debería ser puesto en duda.. Habla de ver el mundo a través de los ojos de sus personajes. ¿Es esa para usted la finalidad del cine, ver el mundo con otros ojos?. Es una pregunta difícil, probablemente necesitaríamos seis horas de conversación para aclarar la cuestión. Pero sí, creo firmemente que, aunque mis películas tratan temas muy distintos y parecen historias inconexas, uno reconoce de inmediato una visión del mundo común, una forma particular de percibir la realidad. Es lo mismo que sucede al ver una película de Buñuel. Uno ve un fotograma y sabe ya que es de él.. Si le pido que defina su cine, ¿qué es lo primero que le viene a la mente para definir ese mundo en común?. Ojalá pudiera hacer lo que me pide, pero le devuelvo la pregunta. Por favor, defíname en una sola respuesta breve cuál es el eje central del cine de Buñuel.. Se me ocurre, el concepto de libertad.. Sí, pero eso no explica a Buñuel. Yo también me identifico con esa palabra y no creo que defina mi cine.. «Nadie es ciudadano del mundo. Yo, por ejemplo, soy ciudadano de Baviera. Mi lengua materna es el dialecto bávaro, ni siquiera el alemán. Y no soy ciudadano estadounidense». Nació en Alemania, vive en Estados Unidos y ha recorrido el mundo entero. ¿Le vale el lugar común de ciudadano del mundo?. Ese es un concepto erróneo. Nadie es ciudadano del mundo. Yo, por ejemplo, soy ciudadano de Baviera. Mi lengua materna es el dialecto bávaro, ni siquiera el alemán. Y no soy ciudadano estadounidense. Vivo allí con una tarjeta de residencia permanente. Tengo permiso de trabajo y de residencia, nada más. Me gusta más el concepto de cosmopolita. Donde resido es en Los Ángeles, no en Hollywood. Estoy en Los Ángeles porque estoy felizmente casado en Los Ángeles. Esa es la única respuesta. Permítame añadir una cosa. Ahora mismo Los Ángeles es la ciudad con más sustancia del mundo. Hace 2.000 años había que estar en Roma, en el Renacimiento en Florencia o en el siglo XIX en París. Hoy en día, el lugar donde todo se concentra es Los Ángeles. Y es curioso porque lo que considero el centro del mundo no tiene en verdad un centro real. El centro de Los Ángeles está deshabitado. Son bancos, compañías de seguros… Y por la noche, personas sin hogar.. ¿No le preocupa como habitante de Estados Unidos y bávaro de nacimiento, el ascenso de la extrema derecha en uno y otro lado?. Por supuesto. Tenga en cuenta que soy un hijo de la guerra y sé donde llevan las ideologías totalitarias. Lo he visto con mis propios ojos. Creo que por eso mismo mi generación está más alerta que los más jóvenes. Es un problema grave y profundo que no se soluciona así como así. En Alemania, muchos medios hablan de ilegalizar a la AfD (Alternativa por Alemania). Pero creo que eso les haría más peligrosos y probablemente los llevaría a la clandestinidad. No se puede prohibir una idea por equivocada que sea. Lo que urge es examinar los problemas subyacentes, los problemas del corazón del país, de las zonas interiores. Pienso en Estados Unidos. Fue esa gente la que eligió a Trump. Son mayoría y se sienten abandonados, privados de derechos, mal pagados y con escasa formación. Y ocurre algo similar en Alemania. En ciertas zonas, hay que identificar los problemas reales y encontrar una respuesta política. Lo mismo sucede en Francia.. ¿Y a dónde nos llevaría ese examen de los problemas profundos?. La respuesta implica una acción política sumamente compleja. No basta con quejarse ni con acudir a los tribunales. Más vale arremangarse y mejorar la vida de esas personas que se quejan con razón.. ¿Diría que su cine, en esa búsqueda desesperada casi de la humanidad, es político?. No tengo talento para la política, pero observo bien. Y no me fío de los medios de comunicación. Es decir, de ninguno de ellos. Pero lo que hago es que, si hay algo realmente importante, por supuesto escucho la BBC y la CNN, leo algún periódico alemán a veces, pero inmediatamente me pregunto: ¿qué dice Al Jazeera al respecto? ¿Qué dice la agencia de noticias oficial de China? Incluso el Vaticano. ¿Qué dice el Vaticano? Y en 15 o 20 minutos, aunque no tenga la verdad absoluta, sí obtengo una idea muy matizada de lo que está sucediendo.. «Es un error intentar ilegalizar Alternativa por Alemania, no se pueden prohibir las ideas, por equivocadas que sean». Menciona la verdad y sobre ella escribió un libro y, de algún modo, ha sido una constante en su cine siempre en la línea entre el documental y la ficción…. Cualquiera que se dedique a contar historias -ya sea a través de la poesía, la literatura, el cine o la pintura- se encuentra, en lo más profundo, con la cuestión de la verdad. Pero no sabemos qué es. Si alguien llega diciendo que sabe qué es la verdad, no vale la pena escucharle. Hubo una encuesta entre 2.000 filósofos para que explicaran qué es la verdad y nadie pudo hacerlo. Solo sabemos que está ahí fuera y que es algo muy humano. Es una necesidad humana buscarla y tratar de encontrarla. Puedo explicarlo con una metáfora: es como un arcoíris a lo lejos. Puedes verlo, ver los colores, ver dónde se apoya, un extremo y el otro. Pero si caminas para llegar a donde surge siempre se aleja. Sabes que está ahí, puedes verlo, pero no puedes hacerte con él.. Por otro lado, habla de la humanidad pero su cine está plagado de animales. ¿No es contradictorio?. Puede ser. Solo puedo decir que me encanta trabajar con animales. Creo que soy el único director que dice esto. En verdad, me gusta dirigir todo aquello que en puridad jamás se deja dirigir. Un animal jamás obedece. El que manda es él. Con los paisajes pasa lo mismo y, por la misma razón, me encanta dirigir a la naturaleza. No se deja, pero lo intento.. En su última película vuelve al interior de la tierra como ya hizo en La cueva de los sueños olvidados. Es el único director de cine que, una contradicción más, prefiere la oscuridad a la luz.. Es como viajar a un continente imaginario, a la Atlántida o a la Arcadia. Las cuevas son un paisaje onírico, perfecto. Introducirse en ellas es como entrar en el útero de la humanidad, el lugar donde nacimos todos nosotros. Creo que esa es otra de las razones por las que me fascina la cultura vasca, por su origen incierto y milenario, anterior a todo. Las pinturas rupestres más antiguas se hicieron hace 35.000 años. Entonces, en Europa solo estaban los vascos.
La Lectura // elmundo
El director alemán, que acaba de recibir el Premio Donostia en el Festival de San Sebastián, reflexiona sobre la verdad, la función del arte y el ascenso de la extrema derecha en todo el mundo Leer
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