Cosamala, segunda novela de Alana S. Portero (Madrid, 1978), es un cuento gótico ambientado en la Guerra Civil, ella misma lo explica al final del libro, en una nota de la autora que empieza indicando lo que no es: «Cosamala no es una novela histórica ni pretende serlo. Tampoco pertenece a la tradición del realismo mágico». Hay que entender estas aclaraciones como advertencias en contra de los atajos en los que caemos a veces los periodistas, digo yo, porque para el lector, periodista o no, que llegue hasta el final, queda claro que no es una novela histórica, aunque esté situada en el pasado, del mismo modo que Malditos bastardos no es la película histórica de Quentin Tarantino.
Para escribir Cosamala Portero se ha inspirado en acontecimientos como el de las 17 Rosas de Guillena (en Guillena, Sevilla, detuvieron y torturaron a un grupo de 17 mujeres, esposas de republicanos huidos, para finalmente fusilarlas), que, dice Portero, ha «tomado como base para construir la narración e imaginar una leyenda». Salvando los hechos concretos -provincia de Sevilla, 1936-1937, con la columna de Queipo de Llano avanzando-, como sucedía en La mala costumbre, su primera novela, o en La habitación de las ahogadas, poemario que recuperó La Bella Varsovia en 2025, Portero retoma algunos de sus temas: construye una comunidad de mujeres, todas marginalizadas. Son esposas o madres de comunistas o solteras, y por tanto, putas. Hay una vieja (bruja) y está la travesti La Tórtola, todas se unen para dar digna sepultura a los acunetados del bando sublevado condenados y ejecutados sin juicio.
Lo que hace Portero, y aquí empieza la leyenda, es imaginar una versión paralela en la que el bando nacional no gana la guerra, y el destino de Franco y Carmen Polo es otro: «solo tienen que despojarse de los buenos tejidos, las medallas y las perlas para no ser nadie, para caminar por las calles como Paco y señora, con sus caritas blandas, sus voces finas y sus rechonchas figuras».
En el tratamiento de la violencia y la representación del bando nacional, se adivina la influencia de Mariana Enriquez, tal y como aparece citada en una larga lista de referencias que incluye películas y música. Al llegar allí, quería comprobar si tenían base mis intuiciones con respecto a ver algo de El laberinto del fauno de Guillermo del Toro, sobre todo en la caracterización de los soldados nacionales; de La muerte y la primavera de Mercè Rodoreda, sobre todo en el uso expresivo de la naturaleza, o de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, que me vino a la cabeza en el clímax de la novela, en ese careo entre La Tórtola y Antonio Belmonte, «miliciano, jefe de bandera, jefe de centuria, jefe de Falange, jefe provincial, consejero nacional, flechas de plata en el pecho, un cordón rojo…», cargos que repite como una retahíla para darse valor.
En la lista final de referencias no aparecen ni Puig ni Rodoreda ni Del Toro. Sí nombra a Lorca que aparece en poemas, la Nana del caballo grande se canta en la escena inicial de la novela, donde Trinidad la Camacha, la bruja, actúa como partera de una madre y un bebé, los dos muertos; y también en la atmósfera densa que se asocia a su teatro. Resuena también Miguel Hernández y sus aceituneros; pero también versos de coplas, algunas inventadas para la ocasión, otras recuperadas, como El relicario, en versión de Raquel Meller. El parto de muerte tiene su reverso hacia el final, cuando es La Tórtola la que actúa como partera sobrevenida, pero con diferente resultado. Si hay una bruja (La Camacha) y su aprendiz (La Tórtola), nos falta el ayudante: Alfonso, a quien llaman El Torcío y que solo sabe decir una palabra (o dos, según se mire): «cosamala». La comunidad se amplía: mujeres, marginados, apartados.
Seix Barral. 272 páginas. 20,90 € Ebook: 11,99 €
Alana S. Portero se maneja con comodidad entre registros, se mueve desde la prosa poética cargada de intensidad y símbolos al guiño coqueto con la oralidad y cierto casticismo en la construcción de este cuento clásico en sus mimbres. La novela tiene algo teatral, en el sentido de que resulta de lo más natural imaginar la puesta en escena, algo que no debe de sorprender porque Portero viene del teatro. Ha construido aquí un cuento gótico con un final menos espectacular y sangriento que el de Érase una vez en Hollywood de Tarantino, quizá un poco más solemne, pero igual de liberador.
La Lectura // elmundo
En Cosamala (Seix Barral), la autora de su segunda novela crea un relato gótico liberador en el que el bando nacional no triunfa en nuestra lucha patria. To achieve this, he uses poetic prose filled with intensity. Read
En Cosamala (Seix Barral), la autora de su segunda novela crea un relato gótico liberador en el que el bando nacional no triunfa en nuestra lucha patria. To achieve this, he uses poetic prose filled with intensity. Read

