David Afkham (Friburgo de Brisgovia, Alemania, 1984) vuelve a la OCNE, la que fue su casa durante 12 temporadas como director musical. Lo hace, eso sí, con cambio de papel: el director alemán, cuya carrera internacional le ha llevado a los podios de algunas de las principales orquestas europeas, regresa ahora como invitado, y no como titular. En el Sinfónico 03 se reencuentra con una formación que conoce de sobra y con un programa de altos vuelos: el exigente y poco frecuente Concierto para violín de William Walton y la monumental Segunda Sinfonía de Rajmáninov.. 12 años al frente de la OCNE como director musical y regresa ahora como invitado. ¿Se siente diferente subir a este podio desde otra posición?. Siento que vuelvo a un lugar muy especial y singular, tanto en lo artístico como en lo personal.. ¿Echa de menos algo de aquella etapa?. Si algo echo de menos de esos años es ese vínculo tan especial forjado a lo largo del tiempo. Es realmente un lazo íntimo que no necesita palabras para que orquesta, coro y director se entiendan. ¡Y la verdad es que no hay nada que no eche de menos! Trabajar con la OCNE ha sido un verdadero regalo profesional que nunca olvidaré.. Conoce a estos músicos extremadamente bien. ¿Esa familiaridad facilita la relación o también puede generar complicaciones por la historia compartida y las expectativas ya establecidas?. La OCNE es mi familia musical. Compartir una historia común es siempre algo positivo, porque ayuda a forjar un vínculo muy especial entre todos. Eso nos permite trabajar de forma más fluida, anticipar posibles imprevistos y establecer un diálogo musical más sincero con todo el mundo.. 12 años no están nada mal… ¿cree que algún aspecto de su personalidad musical permanece en la orquesta?. Inevitablemente, sí. Mi manera de abordar el fraseo, la articulación, el equilibrio e, incluso, el silencio forma parte del lenguaje colectivo de la formación. Una orquesta evoluciona constantemente, pero si he aportado algo a su sonido o a su manera de escucharse entre ellos, entonces eso es un legado significativo.. ¿Cuál cree que es la mayor fortaleza de la OCNE hoy? ¿Qué desafíos le gustaría plantearle?. Me satisfacen el nivel de excelencia y la estabilidad que han alcanzado ambas formaciones, así como su apertura a nuevos repertorios y proyectos. Por supuesto, siempre hay margen de mejora: explorar más repertorio, actuar en ciertas salas… Por eso es tan importante disponer de años para construir y desarrollar proyectos.. En su opinión, ¿puede un director cambiar realmente la personalidad de una orquesta, o solo sacar a la luz distintas facetas de lo que ya hay?. Un director puede ayudar a que su personalidad única, su sonido distintivo, brille con más claridad. Y eso solo se logra si el director es capaz de escuchar a la orquesta y al coro, y si esa escucha es mutua. Solo así se alcanzan los más altos estándares de interpretación, de un modo que resulte natural y gratificante.. «De mi etapa como director de la OCNE echo de menos ese vínculo tan especial forjado a lo largo del tiempo». David Afkham. Dirige el ‘Sinfónico 03’ de la OCNE, con el ‘Concierto para violín’ de Walton y la’ Segunda’ de Rajmáninov. ¿Qué le llevó a juntar estas dos obras?. La verdad es que siempre quise dirigir la Segunda de Rajmáninov con la OCNE. Y me alegra mucho que haya sido posible programarla ahora. Emparejarla con el muy singular Concierto para violín de William Walton, con Frank Peter Zimmermann como solista, ha sido un sueño hecho realidad.. Pertenecen a mundos musicales muy distintos, pero ambas son profundamente líricas.. Ambas piezas están conectadas por su carácter marcadamente lírico, sí. Es difícil describir estas obras maestras en pocas frases, pero las dos son enormemente ricas en melodías expresivas, scherzos enérgicos y clímax románticos. Supongo que ahí encontré una conexión.. El concierto de Walton es menos conocido para muchos públicos que el de Rajmáninov. ¿Por qué cree que merece escucharse más a menudo?. Es una verdadera obra maestra escrita en un momento difícil, durante la Segunda Guerra Mundial. Yo lo describiría como una de las partituras más atractivas de Walton: una reconciliación ingeniosa entre las exigencias del virtuosismo y la expresividad romántica.. Un director tiene que imponer una visión musical muy clara y, al mismo tiempo, escuchar constantemente a los músicos. ¿Dónde traza la línea entre dirigir y permitir que la orquesta le sorprenda?. Me veo como un primus inter pares. Me gusta liderar el proyecto desde dentro, compartiendo esa responsabilidad con los músicos e implicándolos en los procesos, aunque hay situaciones que requieren una decisión definitiva por mi parte. Así entiendo el liderazgo del director… una responsabilidad compartida en la que escucharse mutuamente también es muy importante, para que orquesta y director puedan sorprenderse el uno al otro.
La Lectura // elmundo
Uno de los directores con mayor proyección internacional, el ex director de la Orquesta y Coro Nacionales de España regresa al podio español como invitado con el Concierto para violín de William Walton y la Segunda Sinfonía de Rajmáninov Leer
Uno de los directores con mayor proyección internacional, el ex director de la Orquesta y Coro Nacionales de España regresa al podio español como invitado con el Concierto para violín de William Walton y la Segunda Sinfonía de Rajmáninov Leer
