Night Driver (1960) es un dibujo de Jasper Johns (Georgia, 1930) al carboncillo sobre un papel de 1,29 por 1,07 metros. Los rayajos se acumulan hasta formar una masa gris compacta, densa, casi impenetrable. El conductor nocturno del título es un joven Johns en uno de sus primeros viajes en coche, avanzando hacia la noche. La imagen parece sencilla, apenas un cuadrado, y al mismo tiempo abre una carretera peligrosa iluminada únicamente por los faros de un automóvil que hace pensar en los títulos de crédito de David Lynch al inicio de Carretera perdida con el sonido de I’m Deranged, que David Bowie compuso para la secuencia.. Night Driver también es el título que ha elegido el comisario Enrique Juncosa para la gran retrospectiva de Jasper Johns que inaugura el Guggenheim de Bilbao con el apoyo de la Fundación BBVA. «Intentamos que haya un énfasis en el Johns emocional porque siempre se dice de él que es un artista muy formal, dedicado a los juegos lingüísticos y conceptuales. Pero sus pinturas grises son muy melancólicas y es un color constante en su trayectoria», señala Juncosa, que ya intentó organizar una monográfica sobre el norteamericano a principios de los 2000.. «Fue cuando me reuní con Jasper Johns, aunque para esta exposición también hemos estado en contacto [el artista ya tiene 96 años]. Entonces, su galerista Mathew Marks me pidió que tuviera cuidado con lo que decía, porque si algo no le gustaba a Johns se levantaría indignado y se iría», recuerda el comisario con humor. «En Estados Unidos, Johns es famosísimo, un mito viviente». El proyecto quedó aparcado y, dos décadas después, gracias al impulso del Guggenheim, por fin se hace realidad con su gran retrospectiva en Europa, que reúne casi 150 obras.. Y es que Johns forma parte del grupo de jóvenes artistas que desafiaron a los grandes pintores del expresionismo abstracto de mitad del siglo XX. La poética gestualidad de Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko o Joan Mitchell consiguió llevar el foco del arte internacional a su país, alejándolo de las grandes capitales europeas. Johns, Robert Rauschenberg, John Cage, Claes Oldenburg, Elaine Sturtevant o Andy Warhol formaron una generación bisagra que se apartaba de ese legado para construir un nuevo arte, más conceptual y analítico, que dio lugar al neo-dadá y al pop. La idea frente la pincelada.. En la visión panorámica de su trayectoria que ofrece el Guggenheim, los inicios de Johns están muy ligados a los de Rauschenberg, ya que fueron pareja durante varios años cuando aún eran unos principiantes en Nueva York. Pero desde su primera exposición en la galería de Leo Castelli, en 1958, el éxito de Johns fue fulminante: el MoMA le compró varias obras siendo un desconocido (algo que al joven Rauschenberg le costó asimilar).. Tanto uno como otro convirtieron el lienzo en un collage donde mezclaban pintura, objetos e imágenes encontradas. Si Robert trabaja de forma más expansiva, abierta al accidente y a la calle, Jasper era más contenido y preciso, encerrando sus imágenes en el estudio. Comenzaba fijándose en temas muy reconocibles, como banderas, dianas de círculos concéntricos o simples números, y regresaba una y otra vez sobre ellos aplicando diferentes materiales pictóricos hasta que esas figuras familiares se convertían en otra cosa.. Una de sus obras icónicas es Flag (1954-55), la bandera que formó parte de aquella primera muestra en Castelli y que cede el MoMA para la antológica. Se trata de una reproducción de la bandera estadounidense que Johns no buscaba enaltecer ni tampoco cuestionar políticamente, en un momento de intenso nacionalismo durante la Guerra Fría. El lienzo aparece como un problema pictórico, más que una ironía relacionada con el arte pop. «Es un collage que está lleno de cosas, periódicos y otros elementos. Las pinceladas son muy cuidadosas, por ello tiene una naturaleza completamente diferente a las obras que hizo Warhol, que son más frías», compara Juncosa.. En los años 60, el artista abandona los iconos y desarrolla series abstractas de colores vivos formados por rayitas que se cruzan, como si quisiera limpiar su mirada en esas tramas obsesivas tras el gran éxito alcanzado con las banderas y las dianas. Este periodo se extenderá hasta principios de los 80, cuando su pintura aparece más cargada de referencias personales e introspectivas. Entonces, el cuadro empieza a parecer menos un sistema de signos y más un espacio mental, casi doméstico o autobiográfico. En obras como Ventrílocuo (1983), Pensamientos Vertiginosos (1983) o La bañera (1988) aparecen fragmentos de imágenes, objetos, obras ajenas como La Gioconda y citas visuales que parecen formar parte de una memoria privada. Como si fueran esquemas surrealistas que buscan desesperadamente ser interpretados.. Marcel Duchamp, de quien Johns y Rauschenberg fueron amigos, influyó enormemente en el artista, que posee obras suyas en su imponente colección de arte (en la que también figura René Magritte). Frida Kahlo y Picasso resuenan igualmente en sus obras, apunta Juncosa, pero el propio artista dijo que su creador favorito había sido el coreógrafo de vanguardia Merce Cunningham, con quien colaboró en varias obras y mantuvo una gran amistad. Para la pieza Walkaround Time (1968) creó varios elementos inspirados en el famoso Gran Vidrio (1915-23) de Duchamp. Igualmente, Johns mantuvo una relación cercana con numerosos poetas, entre los que estaba el irlandés Samuel Beckett, Nobel de literatura en 1969, para quien realizó 30 grabados que acompañaron su libro Foirades (1976).. Todo su recorrido vital se sintetiza cronológicamente en la ambiciosa retrospectiva que ocupa ocho grandes salas del Guggenheim. «Hemos dedicado una parte del espacio a la obra sobre papel y a los libros de artista como si fuera una exposición dentro de otra», resalta el comisario, que con Night Driver ha erigido la monumental retrospectiva que Johns merece.
La Lectura // elmundo
El Museo Guggenheim Bilbao dedica una gran retrospectiva con cerca de 150 obras al artista, una leyenda del arte norteamericano. «Es un mito viviente», dice el comisario, Enrique Juncosa Leer
El Museo Guggenheim Bilbao dedica una gran retrospectiva con cerca de 150 obras al artista, una leyenda del arte norteamericano. «Es un mito viviente», dice el comisario, Enrique Juncosa Leer
