Todos andan pendientes de las cajas. El verano es la temporada alta de las discotecas y los profesionales esperan que 2026 se salde con resultados positivos. Aunque no se hagan demasiadas ilusiones: el runrún insiste en lamentos por locales que cierran, proyectos nuevos que se cancelan, clubes que ahora solo abren los fines de semana y, ay, sueldos que se encogen para los trabajadores de la noche. Seguir leyendo
Marea baja en el mundo de las discotecas, dicen. Pero conviene frenar las necrológicas: éste siempre ha sido un negocio cíclico
Universos paralelosColumnaArtículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordadoMarea baja en el mundo de las discotecas, dicen. Pero conviene frenar las necrológicas: éste siempre ha sido un negocio cíclicoLa discoteca Pacha Ibiza el 7 de junio de 2022.Europa Press News (Europa Press via Getty Images)Todos andan pendientes de las cajas. El verano es la temporada alta de las discotecas y los profesionales esperan que 2026 se salde con resultados positivos. Aunque no se hagan demasiadas ilusiones: el runrún insiste en lamentos por locales que cierran, proyectos nuevos que se cancelan, clubes que ahora solo abren los fines de semana y, ay, sueldos que se encogen para los trabajadores de la noche. Más informaciónIntento comprobar si se trata de pesimistas percepciones particulares o si estamos ante los primeros temblores de un terremoto global. No resulta tarea sencilla: las revistas especializadas en música de baile siguen luciendo opulentas, con infinitas páginas publicitarias. Mixmag, DJ Mag y demás publicaciones británicas ya han mandado sus intrépidos reporteros a Ibiza o Ayia Napa (Chipre) y, como siempre, están enviando más reportajes fotográficos que textos en profundidad. Imposible consultar sus equivalentes estadounidenses: cabeceras como BPM, Urb o Remix hace años que desaparecieron, a pesar de que en aquel país prospera un cajón de sastre llamado EDM (Electronic Dance Music).Conecto con algunas cabezas pensantes del mundillo, que me aportan visiones caleidoscópicas sobre esta rama del negocio del hedonismo. No se trata necesariamente de problemas económicos, apuntan, ya que el ocio siempre tiene cierta prioridad a la hora de repartir el presupuesto. Lo que altera todo es la abundancia de ofertas: las redes sociales nos apabullan y pretenden reemplazar la socialización convencional. No pueden, desde luego, reemplazar el potencial de las discotecas para crear comunidad. O vaya usted a saber: igual el sentido de comunidad ahora reside en retratarse formando parte de una multitud reunida en un estadio, tras haber sufrido para conseguir una entrada.En todo caso, las redes modifican nuestros hábitos. Además, el tardeo se impone hoy sobre la vida más nocturna. Las terrazas ofrecen una alternativa atractiva, después de que se prohibió fumar en lugares cerrados. Aunque, aviso, las terrazas también están en el punto de mira del Ministerio de Sanidad. Por alguna rémora judeocristiana, persiste la fama de las discotecas como antros de perdición, lo que se traduce en
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