Desde el 8 de enero de 1992, cada miércoles los coreanos se concentran delante de la embajada de Japón en Seúl, a dos pasos del palacio imperial Gyeongbokgung, una de las principales atracciones turísticas de la capital. Es la protesta semanal más longeva del mundo: a veces son decenas de manifestantes, otras apenas un puñado. Solo en 1995, durante el devastador terremoto de Kobe, se suspendió la llamada Manifestación de los Miércoles que clama por el reconocimiento de las atrocidades cometidas por Japón durante la Segunda Guerra Mundial: un mea culpa por las llamadas comfort women o mujeres de confort el más perverso de los eufemismos acuñado por el ejército imperial para referirse a las jóvenes que forzaron a ser sus esclavas sexuales en una red sistemática de campos de internamiento (de violación, sería más exacto) que se extendió por todo el sudeste asiático. Se calcula que unas 200.000 mujeres, en su mayoría de Corea, pero también de Filipinas, Taiwán, Indonesia, Malasia o China, fueron obligadas a ser esclavas sexuales durante años en uno de los episodios más oscuros y controvertidos de la historia de Japón. Ytodavía provoca conflictos diplomáticos con Corea del Sur.. Los testimonios de las supervivientes son estremecedores: violaciones de todo tipo, esterilizaciones, abortos forzosos, las más crueles vejaciones, torturas físicas… «Era como un matadero, pero no para animales, sino para humanos. Ahí se hacían cosas horribles», contó Lee Ok-sun, una de las últimas supervivientes, fallecida a principios de 2023 con 95 años y que inspiró la popular novela gráfica Hierba(Reservoir Books) de Keum Suk Gendry-Kim, un best seller mundial. A causa de las vejaciones y palizas, Ok-sun quedó estéril, perdió parte de la audición y las cicatrices en brazos y piernas aún eran visibles en su cuerpo de anciana. Lo que ocurría en las estaciones de confort, otro vil eufemismo, no se supo de forma masiva y oficial hasta cuatro décadas después: la mayoría de mujeres habían muerto -muchas se suicidaron- y las supervivientes callaron por vergüenza y miedo a ser repudiadas en una sociedad aún hiperconservadora donde hablar de violaciones resultaba tabú.. Mujeres coreanas -una de ellas embarazada- en uno de las ‘estaciones de confort’ o campos de violación del ejército nipón..GETTY IMAGES. Todo cambió en 1991, con el primer testimonio público. La coreana Kim Hak-sun, que entonces tenía 67 años (moriría seis años después), habló por primera vez ante las cámaras en una conferencia de prensa en Seúl. Vestida con un elegante hanbok, el vestido tradicional coreano, contó con entereza y lágrimas en los ojos cómo fue violada repetidamente desde los 17 años por soldados japoneses. Cada día, durante años. Hasta que consiguió escapar. «Nosotras éramos una herramienta higiénica para que los soldados japoneses pudieran satisfacer su deseo sexual», dijo reproduciendo la jerga militar. Porque en documentos del ejército imperial se deshumanizaba a las mujeres con expresiones como suministros militares o munición femenina.. Kim Hak-sun puso nombre y cara al horror. Su testimonio y su valentía conmocionaron a la sociedad coreana, sobre todo a las nuevas generaciones que no habían vivido la guerra. Otras supervivientes empezaron a contar sus relatos, desde China hasta Holanda, adonde habían emigrado muchas indonesias. Ese fue el germen de las Manifestaciones de los Miércoles, que empezaron pocos meses después, cuando el entonces primer ministro japonés Kiichi Miyazawa viajó Seúl en una visita oficial. Un grupo de mujeres convocadas por asociaciones feministas se reunió delante de la embajada nipona. Apenas eran una treintena. No gritaron su furia: durante una hora caminaron en silencio alrededor del edificio de la embajada, una mole de ladrillo rojo rodeada por alambre de espino. Era el 8 de enero del 92, un miércoles. Las manifestantes presentaron seis exigencias históricas, muchas de las cuales todavía se mantienen hoy: el reconocimiento oficial del crimen, una disculpa sincera, reparaciones a las víctimas, la inclusión en los libros de texto japoneses, la construcción de un memorial y la revelación completa de los hechos.. A lo largo de los años han habido disculpas más o menos formales, como la del primer ministro Tomiichi Murayama en 1995, que pidió perdón por los actos cometidos por Japón durante la Segunda Guerra Mundial y la herida de las esclavas sexuales. Siempre han sido insuficientes para las víctimas y la propia Corea del Sur. Pero allá donde no ha llegado la política lo ha hecho el arte, con una chica de bronce que, sentada en una silla, mira hacia la embajada de Japón recordando a las víctimas que no obtuvieron justicia en vida, simbolizadas por otra silla vacía a su lado. Lleva 15 años en la calle Yulgok-ro.. En 2011, para conmemorar la Manifestación de los Miércoles número mil los artistas Kim Seo-Kyung y Kim Eun-Sung inauguraron la escultura Statue of a Girl of Peace, financiada por recolecta popular. «Los coreanos aún sufrimos ciertos traumas de la guerra. A Japón solo le interesa hablar de Hiroshima y Nagasaki. Durante años, ocultó deliberadamente las agresiones a menores de edad y la esclavitud sexual en sus bases», dice con firmeza la pareja.. Los artistas Kim Seo-Kyung y Kim Eun-Sung con una versión de ‘Statue of a Girl of Peace’.GORKA LOINAZ / ARABA PRESS. Desde que instalaran la Chica de la paz delante de la embajada, la obra se ha erigido en un icono nacional. Hoy existen más de 80 versiones distintas repartidas por toda Corea del Sur, incluida una réplica en Busán, la segunda ciudad más importante del país, delante del consulado nipón. En el extranjero hay una veintena, sobre todo en Estados Unidos, que en la década de los 60 recibió una fuerte ola de inmigración coreana. «En Corea también hay unas 140 estatuas de otros artistas que homenajean a las halmoni [abuelas, así se llama respetuosamente a las víctimas] y que denuncian la esclavitud sexual», señala Seo-Kyung. Pero la Chica de la paz de Seúl se ha convertido en un auténtico fenómeno popular: la gente le escribe cartas (dirigidas a la ‘chica delante de la embajada’: el cartero sabe perfectamente cuál es), en invierno la abrigan con gorros y bufandas amarillas tejidas a mano, le depositan flores, le traen regalos, los niños le hacen dibujos… La mayoría de las ofrendas son de color amarillo, que simboliza la esperanza y la reconciliación. La identificación ciudadana con la estatua es tal que ha dejado imágenes tan surrealistas como tiernas: un policía muy serio sostiene un paraguas sobre ella para protegerla de la lluvia, no importa que sea de bronce.. Ante la Chica de la paz un occidental solo ve una adolescente con el hanbok coreano sentada junto a una silla vacía y un pájaro azul en el hombro (en las que son de color). Pero cada detalle significa algo: el cabello mal cortado representa la ruptura forzada de las chicas con su familia; los puños cerrados indican la firmeza de las víctimas, que ya no permanecen calladas; el pájaro simboliza la libertad; la silla vacía no solo evoca la ausencia de las fallecidas sino que invita al público a sentarse y a ponerse en el lugar de las mujeres de consuelo. Pero lo más importante es la sombra que se proyecta detrás de la chica: la de una anciana que ha sufrido todas las dificultades tras la guerra y aún espera las disculpas del gobierno japonés, una esperanza simbolizada en una mariposa blanca.. Pero a la embajada nipona no le hizo ninguna gracia. Lleva años pidiendo de forma reiterada su retirada. Por contra, Corea -que fue una colonia japonesa desde 1910 hasta 1945- reclama el reconocimiento nipón de todos sus crímenes de guerra, que ha sido más bien tibio para los coreanos. «Japón ha emitido disculpas forzadas y ha tratado de acallar las protestas con dinero para las víctimas. Pero lo que Corea espera son unas disculpas sinceras, como hizo Alemania tras la Segunda Guerra Mundial con el canciller Willy Brandt [Nobel de la Paz en 1971]…», lamenta Eun-Sung.. En 2015, Corea y Japón alcanzaron un acuerdo a través de sus respectivos ministros de asuntos exteriores por el que Tokio se comprometía a crear un fondo de mil millones de yenes (casi ocho millones de euros) para compensar a las víctimas, ya octogenarias y nonagenarias. El acuerdo causó indignación en Corea y también en el ala más dura y conservadora del partido de Shinzo Abe, poco dispuesta a admitir los crímenes sexuales contra las mujeres y que, además, exigía la reubicación de la escultura de la Chica de la paz. «El agresor no puede pedir que retiren una obra que no es ofensiva. ¡Pero si es una niña! ¿Alguien imagina a Alemania pidiendo a Polonia que retire un memorial contra el Holocausto? Pues es lo que hizo Japón», lanza Seo-Kyung.. A raíz de aquel acuerdo comenzó una revuelta popular para impedir una posible retirada de la escultura. Durante semanas, estudiantes universitarios hicieron guardia día y noche junta a La Chica. En invierno montaron tiendas de campaña con generadores para calentarse y un restaurante de la zona les servía gratis comida encargada por un donante anónimo. La escultura ha aglutinado todo el cariño ciudadano: a su alrededor se han montado conciertos improvisados, lecturas de poesía, performances artísticas, incluso se organizan visitas escolares.. Aquel año, la embajada nipona decidió demoler su edificio brutalista, construido en los años 70, para construir una nueva sede más moderna y grande. Se mudó a escasos metros, en las Twin Towers de la misma calle. Sin embargo, las Manifestaciones de los Miércoles se quedaron alrededor de la Chica de la paz. Aunque iba a ser una sede provisional, tras años de inacción y retrasos por parte del gobierno japonés, el ayuntamiento de Seúl terminó cancelando el permiso de obra en otra sutil maniobra de guerra fría diplomática o, cuanto menos, de fastidio al viejo rival.. Otro ejemplo de esa hábil picaresca coreana: en 2017, Corea del Sur difundió las primeras imágenes audiovisuales de uno de esos centros de consolación y el 15 de agosto, el Gwangbokjeol, Día Nacional de la Liberación, Seúl instaló cinco estatuas de la Chica de la paz en varios autobuses, sentadas cual pasajeras. Casualmente los de la línea que pasa frente a la embajada…. La escultura de ‘La chica de la paz’ viaja como otra pasajera más en un autobús de Seúl, en 2017.. La polémica más internacional llegó en 2019, esta vez en tierras niponas. Aquel año tocaba la Trienal de Aichi, uno de los grandes eventos de arte marcado en la agenda global. Una versión policromada de la escultura se expuso en la muestra titulada ¿Después de la libertad de expresión? Apenas unos días después de su inauguración, la prefectura de Nagoya pidió que fuera retirara y se presionó a la Trienal con un recorte de las subvenciones públicas. Incluso se recibió un fax con una amenaza de bomba, posiblemente por parte de grupúsculos nacionalistas de extrema derecha.. «Al final la taparon con unos biombos y solo podían acceder a verla 40 personas al día, previo sorteo. Vino gente de todas partes exigiendo poder ver la escultura. Los demás artistas firmaron un manifiesto de apoyo…», recuerdan los artistas. Fue entonces cuando el empresario catalán Tatxo Benet compró la escultura para su colección de Arte Prohibido, que exhibió durante meses en Barcelona. «España ha sido uno de los pocos lugares donde no ha habido incidentes cuando se ha expuesto la obra. Los hubo en Estados Unidos o Alemania…», admiten sus creadores. Pero el verdadero lugar donde les gustaría ver a la Chica de la paz es, por supuesto, en Tokio.
La Lectura // elmundo
Desde 1992, la Manifestación de los Miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl exige el reconocimiento de la red de campos de violación y de las 200.000 esclavas sexuales del ejército imperial, sus ‘mujeres de confort’ durante la II Guerra Mundial. Adonde no llega la política lo hace el arte: la escultura ‘La chica de la paz’ cumple 15 años como memorial de aquella barbarie Leer
Desde 1992, la Manifestación de los Miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl exige el reconocimiento de la red de campos de violación y de las 200.000 esclavas sexuales del ejército imperial, sus ‘mujeres de confort’ durante la II Guerra Mundial. Adonde no llega la política lo hace el arte: la escultura ‘La chica de la paz’ cumple 15 años como memorial de aquella barbarie Leer
