La idea de Jorge Rojas Flores (Santa Cruz, Chile, 62 años) no es disectar el concepto de verdad -o de verdad histórica- sino defender, citando a Vargas Llosa, que las “mentiras dicen verdades”. También, recordarnos que la negación de la verdad no está solo en la mentira: ahí están la equivocación, el ocultamiento, la exageración, la manipulación, las leyendas, las falsificaciones, los silencios traumáticos, los falsos recuerdos y otros ítems, a todos los cuales hace converger y conversar en su último libro. Seguir leyendo
El académico de la Universidad Católica de Chile presenta ‘La historia que no fue’. Errores, confusiones y falsedades del pasado. Un “libro polémico”, al decir del propio autor
La idea de Jorge Rojas Flores (Santa Cruz, Chile, 62 años) no es disectar el concepto de verdad -o de verdad histórica- sino defender, citando a Vargas Llosa, que las “mentiras dicen verdades”. También, recordarnos que la negación de la verdad no está solo en la mentira: ahí están la equivocación, el ocultamiento, la exageración, la manipulación, las leyendas, las falsificaciones, los silencios traumáticos, los falsos recuerdos y otros ítems, a todos los cuales hace converger y conversar en su último libro.Historiador de la infancia y del mundo sindical, el académico del Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile presenta La historia que no fue. Errores, confusiones y falsedades del pasado (Ediciones del Despoblado), publicación inhabitual en la que algún despistado querría encontrar conspiraciones, paranoias y relato antiestablishment. Y en realidad hay algo de eso, pero no en el discurso del autor sino en ciertos reportes periodísticos, obras historiográficas o mitos fundacionales que este examina. Porque, piensa el autor, “los acontecimientos no suceden de cualquier forma, por más que haya distintas percepciones en los participantes u observadores. Incluso se puede llegar a discernir, a veces, si los hechos se produjeron o no. Esto tampoco significa negar que la fantasía, la leyenda y el mito tengan un lugar en la historia, pero solo en cuanto tales, es decir, sin sustituir la realidad por la imaginación”. Y añade en su obra que no se propone “denunciar, tampoco desenmascarar falsedades ni develar poderes ocultos”, sino “mostrar las distintas formas en que algunos hechos que nunca existieron se han erigido como ciertos en la memoria colectiva y en la reconstrucción histórica, así como detenernos en algunos de ellos para entender la raíz de posibles equivocaciones o errores, o bien descubrir la intención que hubo detrás de la alteración de la realidad”.Encontrará en estas páginas el lector, entonces, historias que se creían archisabidas pero que vistas de cerca no sostienen su veracidad. Y acá empieza a despuntar el carácter “polémico” que el propio autor reconoce, en especial tras ver cómo editores que ya lo habían publicado y/o que valoraban su trabajo historiográfico le rechazaron el manuscrito, o bien pospusieron su publicación al punto de que prefirió llevárselo a otro lado. “Insidioso”, dice Rojas Flores que llegó a decir uno de ellos sobre su libro.Con raíces culturales e intelectuales en la izquierda, el autor de Historia de la infancia en el Chile republicano y La dictadura de Ibáñez y los sindicatos marca su punto desde el comienzo del libro, ayudando a entender la renuencia que al menos algunos en ese mundo puedan tener con su lectura. Así pasa, por ejemplo, cuando sostiene que la cifra de 30.000 desaparecidos durante la última dictadura militar argentina no tiene asidero en la evidencia disponible, sobre todo después de que el informe de la Comi
EL PAÍS
