“Pamplonesas, pamploneses: Viva San Fermín, Gora San Fermín”. A este grito lanzado desde uno de los balcones del Ayuntamiento de Pamplona responde un rugido ininteligible y ensordecedor de más de 10.000 gargantas ávidas de fiesta, que abarrotan una plaza de 2.500 metros cuadrados donde no cabe un alfiler, se mezclan mujeres y hombres llegados de distintos puntos del planeta y a todos les une un único objetivo: disfrutar de los nueve días de una de las fiestas más conocidas del mundo. Seguir leyendo
Pamplona programa 516 actos festivos con una inversión de 1.760.000 euros, aunque el impacto económico de una de las fiestas más conocidas del mundo se acerca a los 260 millones
“Pamplonesas, pamploneses: Viva San Fermín, Gora San Fermín”. A este grito lanzado desde uno de los balcones del Ayuntamiento de Pamplona responde un rugido ininteligible y ensordecedor de más de 10.000 gargantas ávidas de fiesta, que abarrotan una plaza de 2.500 metros cuadrados donde no cabe un alfiler, se mezclan mujeres y hombres llegados de distintos puntos del planeta y a todos les une un único objetivo: disfrutar de los nueve días de una de las fiestas más conocidas del mundo. Este acontecimiento sucederá a las 12 de la mañana del lunes 6 de julio, cuando dos representantes de la Subdirección de Urgencias de Navarra —organización elegida por votación popular para lanzar el famoso chupinazo—, enciendan la mecha del cohete que inaugurará los Sanfermines de 2026. Más informaciónA partir de ese momento se pone en marcha un amplio programa oficial de 516 actos, en el que Ayuntamiento ha invertido 1.760.000 euros, aunque el impacto económico de la fiesta se acerca a los 260 millones de euros, según el propio consistorio. La propuesta municipal incluye conciertos, fuegos artificiales, teatro, deporte y actividades para los más pequeños. Pero, por encima de todos ellos, destaca un protagonista que ni bebe ni canta ni baila, pero sobre el que gira la fiesta de San Fermín: el toro. Los toros en el encierro y en la plaza, que descansan ya en los Corrales del Gas, ajenos al bullicio, y a la espera de que a las ocho de la mañana del día 7 comiencen los encierros por la Cuesta de Santo Domingo en un trepidante viaje entre una muchedumbre de mozos y mozas que disfrutan con el peligro de los astifinos pitones de las reses que se lidian en esta feria. Y por la tarde, los festejos taurinos, con los tendidos a rebosar, como cada año, donde el sol y la sombra compiten en algarabía y se apasionan, cada cual a su modo, con el riesgo de heroicos toreros. Octavo y último encierro de San Fermín 2025 con toros de Miura.PABLO LASAOSAPamplona aparece así convertida en la capital de la fiesta gracias a dos personajes históricos: San Fermín y Ernest Hemingway. El primero, de cuya existencia no existe certeza histórica, fue un santo y mártir del siglo III, cuya leyenda no llegó a Pamplona hasta el siglo XII. Con el paso del tiempo, la devoción a San Fermín quedó unida a las ferias de ganado y al traslado de los animales hasta el punto de que el actual copatrono de Navarra es la imagen de la fiesta pamplonica y el pañuelo rojo de los participantes recuerda la decapitación del santo. Y el escritor estadounidense Hemingway (1899-1961), Premio Nobel de Literatura en 1954, que llegó a Pamplona en 1923, quedó impresionado por los toros y los toreros, la diversión, la comida y la bebida, y escribió el libro Fiesta, que supuso la puesta de largo internacional de los Sanfermines. Ese texto es el responsable de que los Sanfermines sean conocidos en el mundo y de que el casco viejo de la ciudad navarra se convierta cada mes de julio
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