Cuesta olvidar a Zaha Hadid (1950-2016), a la mujer que fue y a la arquitecta. Sus edificios parecían imposibles, fantasías de ciencia ficción que, sin embargo, lograba anclar a la tierra. Y su carisma y autoridad, su voz profunda y su elegancia, eran legendarios: Hadid impresionaba, sobre todo cuando clavaba sus ojos árabes sobre alguien. Tuvo que romper todos los techos de cristal para ser la primera mujer que en 2004 ganaba un premio Pritzker, el equivalente del Nobel en Arquitectura. Desde entonces, solo otras cuatro mujeres lo han recibido, entre ellas la española Carme Pigem, del estudio RCR Arquitectes.«Hace 20 años me decían: ‘Ah, no está mal para ser de una mujer’. Ahora no se atreverían, pero en Inglaterra y Estados Unidos -en Europa y los países árabes no pasa tanto- muchos clientes se muestran paternalistas cuando se encuentran con una mujer arquitecta», contaba Hadid en Barcelona en 2009, cuando puso la primera piedra de su espectacular Torre Espiral, que debía erigirse en el entorno del Fòrum pero quedó aparcada por la crisis como la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Sí nos dejó, en cambio, el Pabellón Puente de la Expo de Zaragoza).Retrato de la arquitecta angloiraquí Zaha Hadid.Brigitte Lacombe«Intento trascender los límites de la arquitectura, tener la ambición de crear nuevas geometrías, espacios que antes no existían», reivindicaba Hadid en nuestro país, abanico rojo en mano. Unos límites que trascendió lustros antes de levantar su primer edificio: lo hizo a mano, con planos, maquetas y… pinturas que empujaban la arquitectura a otra dimensión. Diez años después de la prematura muerte de Hadid a causa de un infarto, una exposición en el centro LUMA de Arlés recupera una de sus facetas menos conocidas: la pintura. El comisario suizo Hans Ulrich Obrist organiza esta exquisita muestra que toma por título una frase-manifiesto de Hadid: I Think There Should Be No End to Experimentation (Creo que la experimentación no debería tener fin).Han pasado dos décadas desde que el Guggenheim de Nueva York le dedicara una exposición monográfica que ya desplegaba sus sorprendentes pinturas alrededor de la emblemática espiral diseñada por Frank Lloyd Wright. «No soy pintora, quiero dejarlo claro. Puedo pintar, en tanto que las obras que creamos fueron siempre parte de la investigación para nuestros proyectos arquitectónicos. Pero no soy pintora», insistía Hadid. El caso es que sus pinturas acrílicas son tan alucinantes como sus edificios: una mezcla del suprematismo de Malévich con un exquisito trazo caligráfico y cierta estética ciberpunk a lo Tron. Así veía ella las ciudades, un poco como la placa base de un ordenador en un zoom vertiginoso: un complejo sistema de circuitos, líneas de velocidad, conexiones eléctricas en colores…Pintura en perspectiva de la extensión de la galería North Serpentine, en Londres (2012).ZAHA HADID ARCHITECTSAunque sus «elaborados sketches» respond
La Lectura // elmundo
Diez años después de la muerte de la arquitecta, una exposición en el museo LUMA de Arlés redescubre sus sorprendentes pinturas de estilo suprematista, el km 0 de su proceso de investigación Leer
Diez años después de la muerte de la arquitecta, una exposición en el museo LUMA de Arlés redescubre sus sorprendentes pinturas de estilo suprematista, el km 0 de su proceso de investigación Leer
