La Unión Soviética mostraba un perfil particular dependiendo del lugar desde donde se mirara (y escribiera). Sobre todo, desde la periferia, y aún más desde la periferia de la periferia, como Kaliningrado, que fue parte de Prusia Oriental hasta la colonización soviética, previa deportación de los alemanes. Tal fue el caso de la familia de Yuri Buida (Známensk, 1954), como se cuenta en esta künstlerromanbasada en experiencia propia, con un estilo cercano al naturalismo grotesco, desde el Deshielo hasta la Perestroika.. Y lo hace sin tapujos ni nostalgias: Buida se detiene en una pequeña localidad por lo que tiene de paradigmática, ya que ahí «la vida era estrecha, de opciones escasas, y por eso allí donde la gente no tenía escapatoria (…) la cotidianidad soviética se mostraba en su desnudez, desgreñada, desaliñada y despiadada».. Traducción de José Mª Muñoz y Julia Dobrovólskaya. Automática. 302 páginas. 22 €. Puedes comprarlo aquí.. Su iniciación en los libros se narra, en esta «fantasía autobiográfica», a la sombra de un lugar especial, y metafórico, donde trabaja su padre, llamado «Vertedero», adonde llegaban revistas, enciclopedias, libros y demás textos impresos procedentes de todos los rincones del noroeste de la URSS para recuperar la celulosa. Y, dada la época, también recibían, en la planta de reciclaje, toneladas de libros cuyos lomos llevaban el nombre de Stalin en letras doradas. De allí los lugareños rescatan libros, y así nuestro protagonista tiene al alcance traducciones de Julio Verne, Stevenson, Poe o El Decamerón («todo me lo tragaba con deleite»), si bien su panteón literario personal lo ocupan Gógol y Kafka.. La época de la lectura se trasladará luego a los estudios superiores y a la colocación como periodista en medios regionales, que lo obligan a pasar por el embudo de los clichés y la desangelada langue de bois. Recuerda, en cierto modo, a la etapa estonia de Serguéi Dovlátov, pero con más docilidad, pues sigue los consejos de la abuela ucraniana: «Mientras no llames al diablo, él no vendrá» o «La libertad eres tú mismo, pero no olvides que también eres tu cárcel».. La novela destaca por su exploración de unas décadas que resultan menos conocidas, para los lectores en español, de la Unión Soviética, en cuanto a testimonio humano; en especial, el Estancamiento de Brézhnev, un «infierno sin color» para el protagonista («el tiempo del doblepensar, del cinismo y la hipocresía»).. Ladrón, espía y asesino es, a la vez, una indagación de qué es ser escritor («el escritor espía, escucha de solapa, roba palabras y rasgos ajenos y después lo traslada todo al papel, detiene el instante como decía Goethe, es decir, mata lo vivo en aras de lo bello»), y de la figura paterna, tan esquiva, para llegar a la conclusión (de nuevo la sabiduría de la abuela) que «la tierra la sostienen los justos, no los héroes».
La Lectura // elmundo
En la novela ‘Ladrón, espía y asesino’ el escritor ruso construye una «fantasía autobiográfica» que explora una época poco conocida de la URSS, el Estancamiento de Brézhnev, «el tiempo del doblepensar, El cinismo y la hipocresía» Leer
En la novela ‘Ladrón, espía y asesino’ el escritor ruso construye una «fantasía autobiográfica» que explora una época poco conocida de la URSS, el Estancamiento de Brézhnev, «el tiempo del doblepensar, El cinismo y la hipocresía» Leer
