Esther García Llovet (Málaga, 1963) decidió comenzar por el futuro y se fue primero a Benidorm. Fue entonces cuando le picó la curiosidad por el pasado prehistórico y se adentró en el parque natural de la Albufera de Valencia. Y, como ella sabe que el presente es hiperrealista, acabó regresando a la provincia de Alicante para instalarse entre esas montañas de cartón piedra que rodean Villajoyosa. Aquí cierra su Trilogía de los países del Este, en uno de esos hoteles que venden el lujo de dormir en un falso paraíso lejano. Después de Spanish Beauty y Los guapos, es la hora de Las jefas (Anagrama).. García Llovet aclara que el Zen Gardens es un invento de su imaginación. Pero no por ello deja de ser realismo puro y duro. Está inspirado en uno de esos hoteles cinco estrellas que se desparraman por la Costa Blanca alicantina, que simulan ser un resort en el corazón de Asia y que suelen atraer a rostros conocidos como Tamara Falcó o Penélope Cruz.. «Es un hotel al que yo quería haber ido, pero cuando vi que costaba 700 euros la noche, me lo he imaginado. He cotilleado en Instagram perfiles de la gente que se pasa ahí el fin de semana para descansar no sé de qué», explica en conversación telefónica desde su desconexión en el parque del Retiro de Madrid.. Anagrama. 160 páginas. 18,90 € Ebook: 9,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Las jefas -Romana Romano y las hermanas Gran y Petit Navarro- son de esas clientas que se dejan cegar encantadas por el brillo. Da igual si el resplandor proviene del exceso y de esa opulencia desmesurada, siempre y cuando consiga opacar todo rastro de decrepitud. Al fin y al cabo, «el Zen Gardens es un hotel de tantas estrellas que no caben», describe García Llovet en su último libro, que cuenta con «una selva inventada, cien hectáreas de naturaleza salvaje del sureste asiático replantadas en el sureste de España, en Villajoyosa, tierra de poetas, con algún que otro friso de piedra auténtico sustraído de Angkor Wat asomando entre los nenúfares y los manglares, falsos».. «Las jefas me caen bien. Me caen bien porque le echan mucho morro a todo y son malas, pero es que hay malos villanos que caen mejor que los buenos», asegura riendo su creadora. Las tres amigas no trabajan, llevan semanas ingeniándoselas para vivir a cuerpo de rey en el hotel y han hecho de la piscina su lugar de residencia, entre cócteles, mosquitos y partidas de mus. Lo que sea para huir de una boda que iba a atrapar a Romana de por vida.. Mejor es la alternativa que recrea la propia García Llovet en la portada del libro: la caja de un anillo de compromiso que, en lugar de una joya, resulta ser una gilda para llevarse a la boca. Una estafa, sin duda. Pero una estafa de la que pretenden sacar provecho nuestras protagonistas.. Hay que saber que Romana «lleva una pamela provenzal, sin darse cuenta de que la lámpara a su lado lleva el mismo modelo». Petit «tiene la cara muy guapa pero apenas gesticula para no estropear el conjunto de su belleza contemporánea». Y a Gran «le gustaría que le gustara la idea de ir a un museo, pero la verdad es que con la idea y las ganas y su imaginación le basta y en el último minuto siempre, a medio camino, le da pereza».. Las jefas es el retrato mordaz de esa clase social que se tira en la tumbona y se dedica a vivir de las rentas. Ahora bien, igual que el decorado del Zen Gardens acaba agrietándose -si uno acerca el ojo puede ver hasta las telarañas-, la cuenta corriente de las tres amigas va agrandando su agujero.. En su intento por sobrevivir un día más, se alían con el más pringado, el Primo, el hombre para todo del hotel en cuya caja de herramientas «lleva todo el instrumental que ha visto en el reality de los gemelos constructores, donde ha aprendido las tres o cuatro cosas que hay que saber en la vida».. García Llovet se rodea de nuevo de personajes «buscavidas», de perdedores que bordean los límites del sistema y que hacen y deshacen allá donde nadie mira. Porque, ¿quién no se busca la vida?», se pregunta. «Me suelen decir que mis personajes son siempre muy excesivos y raros, pero a mí no me lo parecen. Estamos todos igual. Me interesa la picaresca y esas personas que están fuera de la convención».. «Dicen que mis personajes son muy excesivos y raros, pero me interesa la picaresca, esas personas que están fuera de la convención». Si hay algo que se repite también en las historias de García Llovet es la regla por la cual el escenario da forma a los personajes y al propio relato. La historia no se entiende sin la atmósfera que, en este caso, es tan pegajosa como la humedad del Mediterráneo y del lujo asiático. En el Zen Gardens es directamente un ambiente que atrapa a los protagonistas, que se empeñan en huir. Cada uno a su manera y sin saber muy bien dónde.. El Primo no sabe cómo salir del hotel, un «infierno tan bien amueblado» que solo le da para ser autónomo pero no para pagarse el alquiler. Las jefas tienen que escapar a escondidas en una camioneta de DHL después de que Romana se cansara de su novio. Hasta las baldosas de terracota del resort están «reventadas por las raíces enormes y gordas de esos árboles exóticos que lo único que quieren es salir de ahí aunque sea rompiendo el suelo».. «Están todos atrapados en un sitio de súper lujo. Me inquieta saber qué es eso de estar metido en un lugar que está de puta madre pero del que quieres salir». García Llovet confiesa que no le interesaba tanto la trama como «sentarse con los personajes a ver qué pasaba. En esta novela quería pasar del argumento para hacer una especie de viñetas y de capítulos sueltos. No quería tener un principio y un final. Me apetecía todo como más desordenado». Como las jefas.. La escritora Esther García Llovet.Pedro Carrillo. ¿Y de qué huye Esther García Llovet en la vida? «¿De qué huyo? ¡De la literatura! Huyo de tener que escribir, aunque no me sale. Como el turrón que vuelve a casa por Navidad, yo siempre vuelvo a la literatura, quiera o no. En algún momento dejaré de escribir, en algún momento feliz habré dado con lo que realmente quiero, que es hacer películas. El cine se escapa todo el tiempo de mis manos de una manera que no me gusta».. «En algún momento dejaré de escribir, en algún momento feliz habré dado con lo que realmente quiero, que es hacer películas». A García Llovet, que estudió Dirección de Cine -además de Psicología Clínica- y es fotógrafa, le da la sensación de que la literatura tiene algo de gratuita, algo que es imposible de retener. «Al final es como si la literatura de ficción, que la disfruto, fuera de digestión rápida». Y matiza: «Tampoco soy nadie para decir cómo tiene que ser la literatura». En su caso, escribe ficción pero hace años que no la lee tanto.. De hecho, en mente tiene dos proyectos de no ficción que prefiere no revelar. Solo desvela que la tienen completamente «enganchada y absorbida» y calcula que no se alejará de ellos hasta dentro de un par de años. «No tengo ni idea de por dónde voy a tirar después. No sé, igual me hago un Sirat [la película de Oliver Laxe] y me voy a Marruecos».. Mientras eso no pase, la malagueña se sigue confesando una enamorada de la periferia española que ha bautizado como los países del Este. Descubrió la zona boscosa del Saler, a las afueras de Valencia capital, cuando le encargaron unas fotos para un reportaje. «Desde entonces, vuelvo cada año para perderme. Es como mi paraíso particular. Valencia me parece la bomba. Me gusta el carácter de la gente, los fuegos artificiales, el mar Mediterráneo donde el agua está a la misma temperatura que el cuerpo y nadas con medusas…».. Pero le preguntamos si, viendo la actualidad disparatada que tenemos que consumir últimamente, la realidad supera siempre la ficción. «Siempre. Cuando ves a Donald Trump, es como si todo fuese totalmente irreal, excesivo, demasiado. La realidad que vivimos no es verosímil. Si fuese un guion, no me lo creería. Si lo que está pasando lo vemos en una historia, nos parecería absurda». Y eso que a ella lo que le inspira es «todo lo que es inverosímil, todas esas historias que se escapan de la cotidianidad». Porque «incluso dentro de la cotidianidad, siempre suceden cosas delirantes», advierte.. El ejemplo está ahí fuera. «Estamos viviendo semejante momento de delirio que me da la sensación de que el mundo tal y como lo conocíamos se está acabando. No estoy hablando de un fin del mundo dramático, pues tampoco soy pesimista. Pero se nos está yendo poco a poco y no sé qué va a pasar después».. «¿De qué huyo? ¡De la literatura! Huyo de tener que escribir, aunque no me sale». García Llovet duda sobre cómo calificar este momento histórico. ¿El fin de una época? «Todo pasa a una velocidad de vértigo y no podemos ni ponerle nombre. Creo que todavía no tenemos una definición del momento histórico en el que estamos. Vamos a ponerle locura y a ver qué pasa».. La autora, que en sus libros acostumbra a reírse de todos y de todo, echa en falta sin embargo más sentido del humor en la sociedad. «Lo hay, pero para algunas cosas nos hemos vuelto muy estreñidos y hay que tener mucho cuidado con lo que se dice», argumenta. «Es algo que a mí me produce mucha inquietud, en el sentido de que se le da un valor a las palabras que creo que habría que aligerar. Creo en el sentido del humor y, si le quitas eso, se queda en nada».. En Las jefas no falta. «Es mi forma de aligerar lo literario, porque parece que la literatura que tiene drama y tragedia tiene más peso. Me cansa un poco», admite. También hay que reírse leyendo.. «Seguro que te has dado cuenta en algún momento de la entrevista de que yo no soy una intelectual. Lo cierto es que mi discurso no interesa a nadie». Y se ríe. Un poco como Romana Romano, que «se ajusta el pantalón de chándal que se le ha metido por el culo» y ahí va, «sin saber si sonreír o no ahora que el juego se ha acabado y han ganado, pero no sabe por qué».
La Lectura // elmundo
La escritora cierra su ‘Trilogía de los países del Este’ con ‘Las jefas’, un retrato descarnado de esa clase social que vive de las rentas tirada en la tumbona: «Me interesan quienes están fuera de la convención» Leer
La escritora cierra su ‘Trilogía de los países del Este’ con ‘Las jefas’, un retrato descarnado de esa clase social que vive de las rentas tirada en la tumbona: «Me interesan quienes están fuera de la convención» Leer
