Vuelve el vikingo-vikingo, el de toda la vida, brutal, salvaje e irreductible, que vivía y moría por la espada. Tras años en que la historiografía —no así la pantalla, con la serie Vikingos y filmes como El hombre del Norte o El último vikingo— se ha replanteado el paradigma de los hombres (y mujeres) del Norte y ha cuestionado la imagen popular de unas gentes y una sociedad muy rudas y agresivas, un libro nos devuelve científicamente el aspecto más violento de los vikingos y la atroz realidad de sus batallas. El ensayo La era del lobo (Ático de los libros, 2026), del historiador noruego Tore Skeie (Oslo, 48 años), lleva al lector al siglo XI y le sumerge en una lucha de poder despiadada para levantar un reino al este y el oeste del Mar del Norte, en territorios de las actuales Escandinavia y Gran Bretaña. Es una historia —no por contada muchas veces menos apasionante— llena de personajes extraordinarios y de combates tremendos, en tierra y en el mar, descritos con toda la épica, el horror y el caos sangriento de las antiguas crónicas y sagas.. Seguir leyendo
El historiador noruego Tore Skeie analiza en ’La era del lobo’ la pugna en el siglo XI por consolidar un reino a través del mar en Inglaterra y Escandinavia
Vuelve el vikingo-vikingo, el de toda la vida, brutal, salvaje e irreductible, que vivía y moría por la espada. Tras años en que la historiografía —no así la pantalla, con la serie Vikingos y filmes como El hombre del Norte o El último vikingo— se ha replanteado el paradigma de los hombres (y mujeres) del Norte y ha cuestionado la imagen popular de unas gentes y una sociedad muy rudas y agresivas, un libro nos devuelve científicamente el aspecto más violento de los vikingos y la atroz realidad de sus batallas. El ensayo La era del lobo (Ático de los libros, 2026), del historiador noruego Tore Skeie (Oslo, 48 años), lleva al lector al siglo XI y le sumerge en una lucha de poder despiadada para levantar un reino al este y el oeste del Mar del Norte, en territorios de las actuales Escandinavia y Gran Bretaña. Es una historia —no por contada muchas veces menos apasionante— llena de personajes extraordinarios y de combates tremendos, en tierra y en el mar, descritos con toda la épica, el horror y el caos sangriento de las antiguas crónicas y sagas.. De promoción de su libro en Barcelona, Skeie, que parece interminablemente alto —no querrías encontrártelo de frente con una espada en la mano— y en cuyos ojos verdes mar crees atisbar las aguas a las que se precipitó Olaf Tryggvason desde su navío Serpiente larga al perder la batalla naval de Svolder, ríe al decirle lo del regreso del vikingo- vikingo tras ponerse últimamente el énfasis en el vikingo comerciante, cosmopolita, transcultural, inclusivo, de masculinidad fluida y hasta queer. “Cierto, muchos planteamientos actuales no ponen de relieve lo brutales que podían llegar a ser. Yo explico esa realidad pero no por focalizar simplemente la violencia sino para mostrar la racionalidad de su uso entonces”.. Kirk Douglas (muriendo) y Tony Curtis, en una imagen del filme ‘Los Vikingos’. Cordon Press. El historiador cita pasajes de las fuentes que se recrean en describir escenas terribles donde no tenía cabida el vikingo blandengue. Las hojas de las espadas se vuelven rojas, “la sangre tibia cayó roja sobre el mar”, “las heridas calientes arrojaron sangre al mar”, “la sangre se mezcló con el mar verde y lo volvió rojo”, como se dice respecto a la batalla de Nesjar, en la que los poetas, los escaldos, evocan a los guerreros hundiéndose en las profundidades como en la célebre secuencia de apertura de la serie Vikingos. “Sí, la poesía escáldica es extremadamente violenta, casi pornográfica, muy sangrienta y gore, y a la vez es muy sofisticada. Los vikingos eran una gente que celebraba y glorificaba la violencia”.. La historia que cuenta La era del lobo es la de la conquista escandinava de Inglaterra en el siglo XI culminada por Canuto el Grande, que creó un imperio a través del Mar del Norte que comprendía el reino anglosajón ganado a Etelredo el Indeciso (o “el mal aconsejado”), Dinamarca y Noruega. Tore Skeie se centra especialmente en un personaje de esos tiempos convulsos, Olaf Haraldsson (c.995-1030), guerrero indomeñable, vikingo errante y rey de Noruega (hasta perder el reino). Sin duda un vikingo-vikingo. “El libro es hasta cierto punto una biografía de Haraldsson, figura muy importante en Noruega, convertido tras su muerte en santo —paradójicamente, a la vista de su carrera— y considerado uno de los padres fundadores del país. El mito se ha sobrepuesto mucho al personaje y yo he tratado de encontrar al hombre real, excavando en las sagas y los testimonios de la época y desbrozando cuidadosamente la leyenda”.. Orgulloso, imprudente y codicioso, Haraldsson combatió en Inglaterra en los ejércitos invasores de Sven Barba Partida (el padre de Canuto) y Thorkell el Alto, cambiando de bando varias veces, y en Escandinavia, donde se proclamó rey de Noruega; realizó incursiones con sus barcos en territorios de los francos y en las costas de la Península Ibérica llegando a Al-Andalus. Su musculada y belicista biografía, “una honorable carrera de violencia, saqueo y destrucción”, ironiza Skeie, incluye traficar con esclavos, mutilar rehenes pormenorizadamente, luchar en primera línea en las murallas de escudos y morir en batalla espada en mano (en Stiklestad), como era preceptivo para todo vikingo que se preciara, combatiendo contra las fuerzas de Canuto. La guerra era su estado natural y el botín, sobre todo el oro y la plata, con los que compraba la lealtad de sus guerreros (era un “dador de anillos”), la base de su poder e influencia, junto con su fama como líder.. Armas y mandíbula de vikingo en la exposición que les dedicó a los antiguos escandinavos el British Museum.. Toda una serie de escaldos personales y el mismísimo Snorri Sturlson en sus sagas cantaron sus hazañas. Era un “príncipe valeroso” que “tiñe de rojo el cabello de sus enemigos, destroza sus escudos y parte sus cascos para que mane la sangre”. Poesía lírica la de los escaldos, como se ve. Un señor que “daba oro a sus hombres leales y carroña a los cuervos” y cuyos barcos de guerra personales eran legendarios, sobre todo el Visunden, Bisonte, un bellísimo drageskip, que llevaba una talla de ese animal en la proa.. El estudioso recalca que no ha querido hacer una historia noruega o escandinava sino mostrar qué interconectado estaba el mundo de ese tiempo y cómo funcionaban entonces las dinámicas de poder. La era del lobo es en realidad, señala, la historia de tres reyes, Canuto (“un genio político infravalorado tradicionalmente en Inglaterra”), Etelredo y Haraldsson que ejemplifican ese funcionamiento. Es también una lectura apasionante en la que salen el verdadero Uhtred de Northumbria, castellano de Bamburgh, en el que se basó Bernard Cornwell para sus novelas y la serie El último reino, y Tolkien: dice Skeie que el escritor usó el cliché medieval de Etelredo como inspiración para el Théoden paralizado de El Señor de los Anillos y al traidor Eadric Streona para su malvado consejero Lengua de Serpiente.. Barco vikingo. A la pregunta de cuál es su vikingo favorito, Skeie se lo piensa y dice que Haraldsson le gusta mucho porque simpatiza con los perdedores y el noruego lo fue (aunque luego lo canonizaran), pero se decanta por su hermanastro más joven, el no menos famoso Harald Hardrada, que tras una vida de la que decir que fue intensa es quedarse muy corto, cruzó el Mar del Norte para conquistar Inglaterra como un nuevo Canuto pero murió en el intento en aquel año tan lleno de acontecimientos que fue 1066 (el año de Hastings y la conquista normanda). Hardrada, como recordó Borges —al que Skeie ha leído y alaba mucho— hubo de contentarse con seis pies de tierra inglesa, o sea una tumba, tras morir en la batalla de Stamford Bridge.. Hablando de 1066, el historiador trae a colación el hoy tan de actualidad tapiz de Bayeaux y deplora “los eventos colonizados por los Estados modernos”. Él procura en cambio “derribar los muros artificiales de las historias nacionales que sitúan los acontecimientos en cajas separadas en lugar de observarlos globalmente”. En ese sentido opina que la historia de los vikingos en Inglaterra ha sido incomprendida y sometida a clichés como si los escandinavos no hubieran sido jugadores en el terreno político como los demás, “en el mismo tablero y con las mismas reglas”. Al respecto dice que no había diferencias entre los reyes daneses y los duques de Normandía en esta época, y que la brutalidad de los anglosajones y otros pueblos europeos no era distinta a la de los vikingos.. Tore Skeie lamenta en particular el poco bombo que se le ha dado tradicionalmente en Gran Bretaña a la invasión danesa de Inglaterra y a la figura “impresionante” de Canuto mientras que se ha concedido la mayor importancia a la conquista Normanda y a Guillermo el Conquistador. “A los británicos les es más fácil aceptar a los normandos que a los vikingos, vistos todavía bajo la perspectiva de bárbaros paganos de las fuentes eclesiásticas contemporáneas”, cuando, recuerda, Canuto era un monarca cristiano que hasta acudió a la coronación en Roma del nuevo emperador del sacro imperio romano germánico, Conrado II.. Alfiler con cabeza de dragón que sugiere los adornos de las proas de los barcos y espada vikinga.ALBERT GARCIA. Para el historiador, el Mar del Norte juega un papel similar al del Mediterráneo. “Había muchas conexiones ya desde antes de la era vikinga, era fácil de cruzar de un lado a otro y también era natural la idea de que las tierras a su alrededor tenían mucho en común”.. Pese a su envidiable aspecto físico (aunque en un momento usa discretamente un inhalador para el asma), Skeie no es uno de esos historiadores actuales proclive a experimentar con espadas y otras armas antiguas y a participar en recreaciones históricas. “Cuando veo gente moderna vestida de vikingos veo sólo gente moderna vestida de vikingos”, afirma. Dice que no duda de que eso pueda servir de algo científicamente, como por ejemplo la reconstrucción de barcos para entender cómo navegaban (al respecto aprovecha para comentar el tan criticado uso de un drakar vikingo en La Odisea de Nolan), pero “personalmente, al leer las fuentes, encuentro la violencia de la época horrible, igual que la actual en Ucrania; todas las guerras me parecen espantosas y no me gusta para nada jugar a ser soldado, ni aunque se trate de un soldado del pasado. No romantizo eso de ninguna manera”.. Tore Skeie. Carles Ribas. Del horror de la batalla vikinga, Tore Skeie explica que se ha descubierto en fosas comunes de guerreros cráneos que muestran heridas extrañas en los dientes: se cree que el daño es el resultado de apretar los dientes con gran fuerza, por la tensión, en los momentos previos al choque de los muros de escudos, la fase más tremenda de la batalla.. Del interés popular que continúan despertando los vikingos, el historiador reflexiona que en parte es producto de una campaña de éxito desde el siglo XIX y que apela a su carácter aventurero y a su lado oscuro vagamente romántico de saqueadores y piratas. “Es la misma fascinación que por Robin Hood o Bonnie y Clyde. La romantización de los vikingos también procede de las sagas que son como espaguetis-western. Probablemente atrae asimismo el contraste entre ellos y la Escandinavia actual, tan pacífica y educada”.. Aficionados de Noruega animan su equipo en un partido por los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Brasil y Noruega en el estadio MetLife en Nueva Jersey (Estados Unidos).Angel Colmenares (EFE). Skeie no deja de reflexionar sobre un lado negro de la historia de Noruega que fue la reivindicación de los vikingos por el partido pronazi noruego de la Unión Nacional. Divisiones de las Waffen SS como la Nordland y la, precisamente, Wiking, contaron con voluntarios noruegos y daneses, y algunos suecos. A causa de eso y de la apropiación de los vikingos en general por la extrema derecha la visión de los vikingos ha estado muy emponzoñada mucho tiempo en Escandinavia, como en el resto de Europa. “Las cosas han ido cambiando pero todavía hay gente que ha sido muy crítica con el viking row, el espectáculo de los seguidores de la selección noruega en el Mundial de fútbol remando al unísono en las gradas”.
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