Que el así llamado “lenguaje inclusivo” está más extendido en América Latina que en España es un hecho tan evidente como el de que todas esas “elle” y “elles” no parecen haber servido para que ninguna mujer y ninguna persona no binaria en ningún sitio deje de sufrir las muchas violencias que las personas no binarias y las mujeres sufren, en especial, si son jóvenes, si son pobres o están racializadas. Desde su dedicatoria —“Para ti, si lo has escogido. Pero sé cuidadose”—, Una vida buscando ha sido traducida al español en lenguaje de género neutro —el original en inglés emplea los pronombres they, their y them para referirse al protagonista— y esto, que comienza distrayendo suavemente, como una errata reiterada, y termina convirtiéndose en una pequeña irritación, es una de las dos dificultades que deben ser sorteadas para disfrutar de este muy buen libro.. Seguir leyendo
Que el así llamado “lenguaje inclusivo” está más extendido en América Latina que en España es un hecho tan evidente como el de que todas esas “elle” y “elles” no parecen haber servido para que ninguna mujer y ninguna persona no binaria en ningún sitio deje de sufrir las muchas violencias que las personas no binarias y las mujeres sufren, en especial, si son jóvenes, si son pobres o están racializadas. Desde su dedicatoria —“Para ti, si lo has escogido. Pero sé cuidadose”—, Una vida buscando ha sido traducida al español en lenguaje de género neutro —el original en inglés emplea los pronombres they, their y them para referirse al protagonista— y esto, que comienza distrayendo suavemente, como una errata reiterada, y termina convirtiéndose en una pequeña irritación, es una de las dos dificultades que deben ser sorteadas para disfrutar de este muy buen libro. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Kae Tempest, destacada figura de la música y la literatura, publica en un lenguaje de género neutro una novela de amor, redención y segundas oportunidades ubicada en un pueblo costero de Inglaterra
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Que el así llamado “lenguaje inclusivo” está más extendido en América Latina que en España es un hecho tan evidente como el de que todas esas “elle” y “elles” no parecen haber servido para que ninguna mujer y ninguna persona no binaria en ningún sitio deje de sufrir las muchas violencias que las personas no binarias y las mujeres sufren, en especial, si son jóvenes, si son pobres o están racializadas. Desde su dedicatoria —“Para ti, si lo has escogido. Pero sé cuidadose”—, Una vida buscando ha sido traducida al español en lenguaje de género neutro —el original en inglés emplea los pronombres they, their y them para referirse al protagonista— y esto, que comienza distrayendo suavemente, como una errata reiterada, y termina convirtiéndose en una pequeña irritación, es una de las dos dificultades que deben ser sorteadas para disfrutar de este muy buen libro.
Su protagonista es Rothko Travis, un joven que regresa a su pueblo natal, un genérico Edgecliff de los varios que existen en el Reino Unido, después de cuatro años en la cárcel. Rothko tiene “pelo oscuro y dientes torcidos. Una sonrisa curva que afinaba sus labios y señalaba la barbilla. Hoyuelos de un kilómetro de profundidad. Ojos impresionantes, claros como el barro”, pero en realidad no se llama Rothko y 36 años atrás nació en un cuerpo que no le gusta. Vive en una caravana en un solar abandonado en las afueras del pueblo y, después de quedarse sin trabajo, tras seis meses refaccionando un hotel junto al mar, vuelve a tratar de encajar en un pueblo en el que las personas como él —“elle”, en la traducción— parecen no tener sitio. Desde hace años, su padre tiene otra familia, en otro lugar, y su madre, una adicta a buena parte de las cosas a las que se puede ser adicto, entra y sale de los hospitales en un estado de confusión y pavor que es resultado de una vida de desgracias sin nombre. Unos 20 años atrás, Rothko se enamoró, cometió un error o dos, lo expulsaron de la escuela, tuvo una sobredosis, su padre lo echó de su casa. Kae Tempest va a hablarnos de todo ello y a continuación nos devolverá a un presente en el que lo que Rothko más anhela es, en sus palabras, “que me toquen. Simplemente que me toquen y me abracen. Alguien que sepa cómo tratar un cuerpo como el mío”.
De a ratos, Una vida buscando recuerda los pasajes más acertados de los magníficos discos de su autora y de libros como Que se coman el caos y Divisible entre sí mismo y uno, ambos publicados en español; pero a veces —y esta es la segunda dificultad con este libro— la novela resbala hacia sitios a los que nadie desea ser conducido. “Ella le miró directamente al alma como hacía siempre”. “Cubrió de besos delicados sus muslos y hasta el final de sus piernas”. “Como si fuera otra persona”. Etcétera. Tempest tiene un extraordinario poder de observación y un gran talento para los diálogos; se atreve a narrar escenas de sexo —posiblemente lo más difícil que hay para ser narrado— y pasa el examen con solvencia: incluso hace que Edgecliff —uno de esos pueblos costeros que los alemanes olvidaron bombardear, como canta Morrissey, cuyo rostro lleva un camarero en la camiseta al comienzo del libro— parezca interesante.
Una vida buscando tiene algo de las novelas sociales británicas de las décadas de 1950 y 1960. (Dadas otras circunstancias, podría haber sido un filme de Ken Loach, con sus desafortunados y sus excluidos a la espera de que cambie su suerte). Es una novela de amor acerca de la redención y las segundas oportunidades. Y es lírica y convincente incluso cuando postula una idea de comunidad que —en la vida real, a diferencia de lo que sucede en las novelas— tiende a desaparecer al final de la noche: “Gente hermosa. De todos los tipos. Pintalabios, pestañas larguísimas. Outfits impresionantes, todo reluciente. Glamuroso. Lascivo. Tops diminutos y arneses de cuero, las tetas al aire y las piernas a la vista y los culos fuera sobre tacones. Hombros anchos y vaqueros ajustados. Cuerpos robustos. Fuertes y deliciosos. Soft butches duras como piedras, con pinta de duras, guapas vestidas como ídolas de adolescencia. Placer tímido y deseo oscuro. Drogas en sus caras. Libertad en el aire viciado. Calor”.
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