A finales de los años sesenta, Steve Reich montó una empresa de mudanzas con su amigo Philip Glass. “Durante un tiempo hicimos portes a pulso por los edificios sin ascensor del downtown de Nueva York”, recuerda el compositor en conversación telefónica con EL PAÍS. La imagen de los dos apóstoles del minimalismo americano trajinando con muebles viejos y colchones sucios ha servido de anécdota fundacional a la generación de músicos que, como ellos, participaron en el desalojo de la ortodoxia académica. “Yo no lo veo así”, desmiente Reich con naturalidad. “Simplemente hacía lo que quería hacer, y Phil y yo necesitábamos dinero”.. Seguir leyendo
El músico neoyorquino y pionero del minimalismo celebra su 90 cumpleaños con una batería de conciertos por todo el mundo, una obra de estreno y una caja con sus primeros discos para ECM
A finales de los años sesenta, Steve Reich montó una empresa de mudanzas con su amigo Philip Glass. “Durante un tiempo hicimos portes a pulso por los edificios sin ascensor del downtown de Nueva York”, recuerda el compositor en conversación telefónica con EL PAÍS. La imagen de los dos apóstoles del minimalismo americano trajinando con muebles viejos y colchones sucios ha servido de anécdota fundacional a la generación de músicos que, como ellos, participaron en el desalojo de la ortodoxia académica. “Yo no lo veo así”, desmiente Reich con naturalidad. “Simplemente hacía lo que quería hacer, y Phil y yo necesitábamos dinero”.. El compositor neoyorquino cumple este sábado 90 años y lo celebrará en su casa de Pound Ridge, a hora y media de Manhattan, con su mujer, la videoartista Beryl Korot, y algunos amigos. “Nada de restaurantes”, avisa. “El mejor regalo son los conciertos que me han organizado”. El Carnegie Hall ha programado Two Pianos e In All Your Ways —su última obra, estrenada este verano en el Festival de Edimburgo— y la Filarmónica de Nueva York interpretará Tehillim dentro de una temporada de homenajes que se extenderá a Toronto, Londres, Hamburgo, París y Los Ángeles, donde la compositora Anna Clyne ha preparado un nuevo arreglo de Proverb.. La efeméride coincide además con los 50 años del estreno de una de sus obras más emblemáticas, Music for 18 Musicians, la catedral sonora de la modernidad armónica, que ECM incluye ahora en una caja con sus primeros discos y que el Park Avenue Armory llevará a escena. Sus texturas flotantes, construidas sobre un ciclo de once acordes, fascinaron a David Bowie y Brian Eno. “La partitura no se editó hasta los años noventa, pero nunca fui partidario de calcar la grabación original”, explica Reich. “El número de repeticiones no es fijo, sino que depende de lo que sienta el intérprete en cada momento. Eso es lo que ha mantenido con vida esta pieza”.. En España, donde Reich fue distinguido en 2014 con el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA (“un gran regalo y un honor”, agradece todavía), su música sonará en Tenerife, en manos del Colin Currie Group; en Barcelona, con el violinista Roberts Balanas, y en Madrid, donde Neopercusión ofrecerá Music for 18 Musicians. “Mi primer contacto con el flamenco tuvo lugar en un tablao de Bruselas”, cuenta el compositor, que se inspiró en aquella experiencia para el hipnótico patrón rítmico de Clapping Music. “La verdad, no creo que fueran muy buenos músicos, pero cuando los oí dar palmas, me dije: ‘Esto sí es interesante’”.. Hijo de un abogado y de una cantante y letrista de Broadway, Reich descubrió en su adolescencia un pasadizo oculto que conectaba la música de Bach y Stravinski con el bebop de Coltrane y Miles Davis. “En la universidad aprendí a respetar el serialismo de la vanguardia, pero siempre me negué a trabajar de ese modo”, reconoce. “Admiro a Boulez, a Berio y a Cage, pero no me gusta cómo suena su música. Y no era el único: a Philip Glass, a Terry Riley o a La Monte Young les pasaba lo mismo. Así surgió un nuevo estilo de música clásica, una especie de reforma o reencarnación, que consistía en usar técnicas muy antiguas de armonía y ritmo en un contexto nuevo”.. Poco a poco, Reich fue afinando su lenguaje en galerías y salas alternativas del underground: de la voz grabada de un predicador callejero en It’s Gonna Rain a los dos intérpretes que se persiguen en Piano Phase y la percusión africana de Drumming, fruto de su viaje a Ghana. En 1973, el director Michael Tilson Thomas, fallecido recientemente, le abrió las puertas del Carnegie Hall con la mejor publicidad que podía permitirse: una avalancha de abucheos en plena interpretación de Four Organs. “El canon”, responde Reich cuando se le pregunta por el hilo conductor de todas estas etapas. “Esa estructura tan sencilla ha sido inestimable para mí”.. Steve Reich posa junto a sus libros.Jennifer Taylor. Different Trains, un réquiem por las víctimas del Holocausto. A su inmersión mística le debe alguna que otra revelación musical, como la que le asaltó mientras componía Tehillim. “Los compases cambiantes brotaron directamente de las palabras del salmo: uno-dos, uno-dos-tres… Los había escuchado en Stravinski y Bartók, pero nunca los había usado”., un réquiem por las víctimas del Holocausto. A su inmersión mística le debe alguna que otra revelación musical, como la que le asaltó mientras componía Tehillim. “Los compases cambiantes brotaron directamente de las palabras del salmo: uno-dos, uno-dos-tres… Los había escuchado en Stravinski y Bartók, pero nunca los había usado”.Mientras la contracultura experimentaba con las espiritualidades orientales, Reich comenzó a indagar en las raíces de su herencia judía. Aprendió hebreo, estudió los textos sagrados y se caló una gorra de béisbol a modo de discreta kipá. “La religión me ha hecho más consciente”, se sincera el autor de. Como Glass y John Adams, Reich también se asomó a la ópera, aunque a su manera: sin los divos ni el bel canto de un género —que, según dijo, “huele a arqueología”— y con las imágenes de Korot como único recurso escénico. Tras The Cave, en torno a la figura de Abraham, en 2002 presentó Three Tales, una videópera sobre el papel de la tecnología en el siglo XX a través del Hindenburg, las pruebas nucleares de Bikini y la oveja Dolly. En su último acto, un grupo de científicos y filósofos ya debatía sobre la inteligencia artificial. “Me produce mucha aprensión”, admite hoy. “No tengo nada que ver con ella. Compongo como siempre, con mis oídos y mi imaginación”.. Ese mundo interior, que el compositor Nico Muhly comparó con un “santuario remoto”, nunca ha sido ajeno a lo que ocurre fuera de él. Daniel Variations toma su nombre de un periodista asesinado en Pakistán y en WTC 9/11 se cuelan las voces de testigos del ataque contra las Torres Gemelas. “Vivíamos muy cerca, mi hijo podría haber muerto ese día”, confiesa Reich, que no se hace ilusiones sobre el poder del arte. “¿Detuvo el Guernica de Picasso a los nazis? Ni por asomo. Políticamente, es un fracaso absoluto; artísticamente, una obra maestra que perdurará. Con la música pasa lo mismo: puede servir de recordatorio, pero solo si es lo bastante buena”, sostiene.. Con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, Reich ha calificado de “ruptura histórica” la revolución musical que protagonizó su generación. ¿Tan profunda como la actual brecha transatlántica? “Más que una declaración de independencia frente a la tradición europea, fue una restauración de todo lo que se había dinamitado”, matiza. “Volvimos a un centro tonal claro y a un ritmo regular, aunque de una manera nueva. Por primera vez, Estados Unidos originó un estilo que hoy pertenece a todo el mundo”. Hasta Donald Trump elogió sus hallazgos técnicos en el libro Think Like a Champion. “No tenía ni idea de que conociera mi música”, zanja.. El empeño de Reich por captar los detalles que escapan al directo ha dado lugar a un apabullante catálogo de grabaciones. Prueba de ello son los 27 discos de la integral Collected Works que Nonesuch publicó el año pasado. “Sé que voy a morir en un futuro no muy lejano, pero confío en haber aportado algo a la música viva de la tradición occidental”, sostiene Reich, que cuenta con valedores como el percusionista Colin Currie o Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead. “Cuando le oí tocar en Cracovia apenas sabía nada del grupo”, relata. “Luego me puse a investigar y me impresionaron dos de sus canciones, que convertí en Radio Rewrite”.. A sus 90 años, Reich conserva intacta la energía, pero aquel mudancero ocasional ya no puede cargar una sola caja. “Nada más terminar In All Your Ways, me caí en mitad de la noche, me fracturé una costilla y me hice un esguince en la muñeca”, dice al enumerar el parte de lesiones. “Ahora no estoy trabajando en nada y hasta diciembre no volveré a ser un compositor en condiciones”. Hace tiempo que renunció a las sesiones matinales de yoga con las que acompasaba el ritmo del cuerpo al del pentagrama. “El médico me lo prohibió porque se me estaban juntando las vértebras. El yoga lo hacen mejor los indios muy, muy delgados”, dice, y ríe.
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