Saturnino García ganó su primer Goya a los 60 y sueña con que no sea el último. «Soy un tardío», reconoce al teléfono. Actor vocacional y autodidacta, convirtió a un niño destinado a trabajar la tierra en un actor lleno de proyectos a sus 91 años. Su larga y ecléctica carrera en el cine y el teatro le ha valido numerosos homenajes, el último hoy mismo con la proyección de su última película, Dos días, en la inauguración del Festival Internacional de Cine de Almagro, un pueblo que, por casualidad, hizo suyo hace unos años. «Le compré una casa a un amigo y voy de vez en cuando a darme una vuelta», cuenta.Recuerda Saturnino con cariño una infancia marcada por la precariedad y la tierra, aunque inmensamente feliz. Nació el 5 de febrero de 1935 en Cimanes de la Vega, un pequeño pueblo de la provincia de León. «100 habitantes todo lo más. Burras, mulos, caballos, vacas y trabajo en el campo y una escuela rural, esa fue mi educación». Fue allí también donde prendió la chispa de una vocación que explotó más tarde, al migrar a la ciudad. «Cuando no había ni radio, ni televisión, ni nada, a los pueblos iban ambulantes de todo tipo. Llegaban con sus carros y los vecinos los alojaban en sus casas. Siempre había un bar, un saloncito donde representar una función, y allí se reunía todo el pueblo», rememora. Y se le escapa un suspiro de nostalgia: «Yo en aquella aldea vi muchas funciones de teatro. Posiblemente, en aquellos tiempos los niños como yo vivíamos más teatro que muchos hoy en la ciudad, que no saben ni lo que es».Fotograma de ‘Dos días’, el filme de Gonzaga Manso.Una vez llegó a Cimanes un hombre «a echar cine» y el salón se llenó hasta los topes. La mayoría no había visto algo así en la vida. «Entonces en muchas casas no había interruptores y la luz se apagaba dando la vuelta a la bombilla», cuenta. «El tío se plantó allí en medio con su máquina, giró la bombilla y la gente empezó a protestar. El pobre hombre tuvo que gritar: ‘¡Que tiene que ser a oscuras!’». Y todavía ríe con ganas al revivirlo. «No me digas que no es poesía pura».A los 17 aterrizó el joven Saturnino en Baracaldo y allí fue peón metalúrgico, vendedor de electrodomésticos, agente de seguros a puerta fría y, claro, actor en una de las muchísimas troupes de aficionados que ofrecía la ciudad. «Venía con esa semilla del pueblo», reconoce. Cuando empezó a atisbar que aquella pasión podía darle de comer, fundó su propia compañía de teatro infantil y empezó a girar por los colegios. «Primero les recitaba poemas, después un amigo me enseñó a hacer de payaso, de ahí pasé a introducir el mimo… La verdad es que lo hacía bastante bien», se concede el nonagenario, y se instala de nuevo en la nostalgia. Aún conserva algunas cintas de vídeo de la época y las revisita de vez en cuando, para no olvidar de dónde viene.El primer salto cualitativo en su carrera le llegó de la mano de otro bilbaí
La Lectura // elmundo
El Festival Internacional de Cine de Almagro homenajea al protagonista de ‘Dos días’, uno de los actores españoles más veteranos: «Llegué tarde a todo, estoy haciendo todo lo que no pude a los 50» Leer
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