THE COUNTRY proporciona el segmento America Futura, que ofrece noticias diarias y mundiales relacionadas con el desarrollo sostenible. Para ayudar a nuestro periodismo, inscribirse ahora. Geleneklere göre
El reconocido poeta mapuche David Aniñir presenta una hipótesis sobre la cultura comunitaria latinoamericana en Chile y México. Su primera publicación, titulada «Proesia», sirve como guía para aquellos que sueñan
EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.En uno de sus cuentos bailables, el salsero panameño Rubén Blades canta que “en cada barrio hay por lo menos un loco”. Con una sencillez que parece hecha de ladrillos, la canción retrata el barrio popular latinoamericano: ese ecosistema donde las dificultades del mundo –migrar, ser pobre, no tener empleo– se topan con la resistencia de estar juntos, como explica el poeta David Aniñir, en “esa parentela extensa que significa convivir entre vecinos”. Quienes han vivido en uno, saben que todos los barrios tienen algo que los asemeja. Más allá del azar de las fronteras nacionales y las lenguas, la vida en los “márgenes” está hecha de materiales similares.El poeta y cronista mapuche David Aniñir Guilitraro, vecino ilustre del barrio La Colo, en el noroeste de Santiago de Chile (o Santiasko, como él le llama), es una de esas mentes maravillosas cultivadas en la “periferia”. Aniñir no solo escribe y publica sus propios libros sino que, con una capacidad innata para entender y teorizar la vida cotidiana, cada tanto inventa palabras que cambian la forma en que los demás miramos las cosas.A inicios de este siglo, su libro Mapurbe nombró así a la gran juventud mapuche que crecía desplazada en las ciudades de Chile: sin aprender el idioma, sin conocer el territorio de sus antepasados y, a veces, hasta convencidos de que debido a las distancias ya no eran parte de su pueblo. “Somos mapuche de hormigón / Debajo del asfalto duerme nuestra madre”, escribió Aniñir en un poema que sonaba a himno. “Somos los hijos de los hijos de los hijos / Somos los nietos de Lautaro [guerrero histórico del siglo XVI] tomando la micro / para servirle a los ricos”. Más que un simple juego de palabras, mapurbe amplió el territorio mapuche hasta las calles de la urbe chilena. En otro poema, Aniñir retrata a María Juana, “la mapunky” “loca del barrio La Pintana”, “mapuche girl de marca no registrada”, una suerte de guerrera que vive entre el punk, las drogas y el trauma indígena de la colonización de su territorio a manos del Estado chileno.Uno de los libros poeta David Aniñir.Cristóbal VenegasAniñir tiene 55 años, seis poemarios y, aunque siempre ha escrito sobre y desde las calles, su séptimo libro abre las puertas de su vida y las de su barrio con un cambio de registro transparente más cercano a la crónica. Proesía: 21 relatos de amor propio y un bonus track desesperado (Odiokracia Autoediciones, 2026) funde prosa y poesía en una mezcla de memoria y ensayo personal que retrata la fragilidad del barrio popular en tiempos de máxima voracidad neoliberal. Quienes asocian de inmediato los términos “población”, “favela”, “pueblo joven” con criminalidad, sentirán que la invitación a mirar los delicados tejidos sociales EL PAÍS
