Cuando Ramón Martín y Julio Martí vieron el lugar, pensaron lo mismo y lo señalaron con el dedo como hacían aquellos peregrinos del lejano Oeste que, después de mucho viajar, encontraban por fin un pedazo de tierra prometida. “Es aquí”, dijeron. “Me quedé fascinado con el jardín. Lo primero que pensé fue que iba a ser un sitio de ensueño”, recuerda Julio Martí, codirector del ciclo musical Noches del Botánico. “Era como un oasis en mitad de la ciudad”, rememora Ramón Martín, el otro director de un certamen que este año cumple una década de vida y se ha consolidado como un referente artístico en el panorama nacional y, por tanto, en la ciudad de Madrid.. Seguir leyendo
El ciclo, una propuesta alternativa a los macrofestivales, celebra diez años de vida con más de 50 conciertos en junio y julio como los de Van Morrison, Belle and Sebastian, Tom Jones, Diana Krall o Rubén Blades
Cuando Ramón Martín y Julio Martí vieron el lugar, pensaron lo mismo y lo señalaron con el dedo como hacían aquellos peregrinos del lejano Oeste que, después de mucho viajar, encontraban por fin un pedazo de tierra prometida. “Es aquí”, dijeron. “Me quedé fascinado con el jardín. Lo primero que pensé fue que iba a ser un sitio de ensueño”, recuerda Julio Martí, codirector del ciclo musical Noches del Botánico. “Era como un oasis en mitad de la ciudad”, rememora Ramón Martín, el otro director de un certamen que este año cumple una década de vida y se ha consolidado como un referente artístico en el panorama nacional y, por tanto, en la ciudad de Madrid.. El lugar era y es el Jardin Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid, enclavado en pleno campus complutense, entre las facultades de Farmacia, Biológicas y Geológicas. Un espacio que supera los 50.000 metros cuadrados de extensión y que alberga más de mil especies naturales. Dividido en zonas arboladas, riberas, áreas de restauración y un aforo al aire libre para 4.000 personas en forma de anfiteatro, el recinto, cómodo y agradable, se ha convertido en una estrella más de una cita que comienza este jueves con la actuación de Rigoberta Bandini, quien tocará tres noches, y por el que pasarán músicos nacionales de primer nivel como Love of Lesbian, M-Clan, León Benavente, Yerai Cortés, Shinova y Kiki Morente junto con Lagartija Nick para conmemorar el 30 aniversario de Omega.“Tocar en el Botánico es especial porque el entorno hace que la música llegue de otra manera y se cree mejor comunión”, afirma Gabriel de la Rosa, cantante de Shinova, que actuará el 11 de junio dentro de un show con elementos nuevos como una sección de cuerdas. También estarán puntales del indie internacional como Two Door Cinema Club, Ethan Cain, Big Thief, Belle and Sebastian y Alabama Shakes o estrellas en sus géneros como Tom Jones, Diana Krall, OMD, ZZ Top, Rubén Blades y Van Morrison, quien ya tocó dos días el año pasado.. “El caso de Van Morrison es un ejemplo de lo que genera Noches del Botánico”, explica Julio Martí. “Llevábamos detrás de él toda la década y el año pasado por fin vino. Le metimos con calzador porque confirmó que venía cuando ya no teníamos huecos. Añadimos sus dos fechas al comienzo y alargamos la programación solo por tenerlo a él. Semanas después de sus conciertos, nos llamó su manager y nos dijo: ‘Van quedó encantado con el sitio y ha pedido repetir. Le gustaría poner otra vez dos fechas”. Dicho y hecho: Van Morrison, tan arisco para otros menesteres, tocará el martes 30 de junio y el miércoles 1 de julio.. Los directores de Noches del Botánico: Ramón Martín, a la izquierda, y Julio Martí, sentado.. Noches del Botánico, que se celebra casi todas las noches de junio y julio con más de 50 conciertos programados, es la conjunción de dos empresas familiares: la de Ramón Martín, que es la que se encarga de hacer el evento y tiene sede en Madrid, y la de Julio Martí, que hace la contratación y tiene sede en Valencia. Ambos unieron fuerzas en 2016 después de haber pasado por eventos musicales que ya habían tenido un impacto importante en la capital. Martí era uno de los programadores de los Veranos de la Villa. “Hacía una programación competente e independiente, pero al final estaba bastante acotada por las autoridades y necesitaba la iniciativa privada para conseguir hacer un ciclo del carácter que buscaba, en el que se atendía a la música de raíz, el jazz, el flamenco o el rock”, recuerda Martí. Por su parte, Ramón Martín estaba detrás del festival D-Code, que se celebraba antiguamente en el recinto de Cantarranas de la Complutense. Desde la propia universidad le pidieron hacer un festival más a largo plazo y más melómano. “Querían hacer un festival más especial, es decir, para un público más cultivado”, señala.. Una de las claves del éxito de este ciclo musical es su estrecha relación con la Universidad Complutense. Noches del Botánico no sería posible sin la colaboración con el ente académico. Como cuenta Ramón Martín: “Cuando empezamos a iniciar las actividades, no existía el wifi en estos jardines. Los cuartos de baño eran todos químicos y los generadores eran de combustión”. Ahora, sin embargo, las inversiones en colaboración con la Complutense han llevado a tener cuartos de baño con alcantarillado público o una acometida de luz sin generadores. Hoy, trabajan más de 250 personas durante los meses del festival y 30 de forma fija durante todo el año.. Una de las condiciones de la Complutense era hacer un ciclo con un compromiso medioambiental dentro de ese pedazo de tierra prometida que es el Jardín Botánico Alfonso XIII. Como afirma Martí: “Por eso, el Botánico lleva muchísima faena”. El recinto se empieza a montar en Semana Santa, porque “hay que ir muy despacio” y “no se puede hacer ni una poda”. Los operarios respetan al máximo el jardín formado por huertos, conjuntos de fagáceas y frondosas y colecciones de coníferas. Tanto es así que, en esta nueva edición, se ha trasladado y achicado un puesto de restauración por el crecimiento de un árbol.. Asistentes disfrutan de una tarde en Noches del Botánico.. Al atravesar las puertas metálicas de entrada al recinto y acceder a su glorieta central, rodeada por un huerto y plantas medicinales, el espectador se sumerge en un confortable lugar como alejado a muchos kilómetros de la capital, aunque quede a tres minutos a pie de la parada de metro Ciudad Universitaria. “Nuestra inspiración siempre fueron el festival de jazz de Montreux, en Suiza, y algunos de Nueva York”, explica Julio Martí. Este ciclo, que muchas noches ofrece dos actuaciones de dos artistas distintos sin que uno haga de telonero del otro, marca también una alternativa ya consolidada al estilo de festival clásico, concentrado en un fin de semana o tres días. Pero, por encima de todo, confirma que existe otra forma de hacer las cosas en Madrid, una ciudad que durante muchos años tuvo una asignatura pendiente con la celebración de festivales musicales y acabó por acoger un sinfín de propuestas variopintas y, especialmente, macrofestivales, con muchos más asistentes e incomodidades y levantados en recintos inhóspitos. De la nada se pasó a una burbuja que, motivada por la guerra de festivales, acabó por explotar: se han dejado de celebrar Kalorama, Tomavistas, D-Code, Alma Festival o Primavera Sound.. El escenario de Noches del Botánico.VICTOR MORENO @victormorenophoto 2025. Por el Jardín Botánico Alfonso XIII han pasado en estos diez años artistas como David Byrne, Wilco, Patti Smith, Robert Plant, P. J. Harvey o Queens of the Stone Age, quienes habían sido cabezas de cartel del Mad Cool el año anterior y venían de tocar ante 25.000 personas en Madrid. “Fue un puntazo. La gente flipó de verlos de forma tan cercana”, explica Juan Carlos Moreno, jefe de prensa de Noches del Botánico, quien también apunta como “momentos históricos” la actuación con gafas de 3D de Kraftwerk o la de Sheryl Crow después del diluvio que cayó. Como con Bob Dylan. Una tormenta suspendió otros eventos musicales al aire libre esa noche en Madrid, pero Dylan resistió hasta el último segundo. El manager del músico se acercó al equipo del festival y dijo: “Tranquilos, Bob no ha suspendido un concierto en los últimos 30 años por lluvias y hoy no será tampoco el día”. Acabó dando un magnífico concierto que el equipo de Noches del Botánico recuerda como “el milagro Bob Dylan”. A lo que Julio Martí concluye de esta forma: “Para nosotros es un regalo ofrecer un concierto memorable. Pero hay otro mejor. Oír a alguien decir: ‘¡Qué ganas de poder ver a mi grupo preferido el próximo año en Noches del Botánico!”.
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