Cuando, de niña, Laura Fernández (Terrassa, 44 años) vio ¿Quién engañó a Roger Rabbit? pensó que, igual que en la película, los personajes tenían vida propia fuera de la pantalla. Ahí data su inicio en la fabulación literaria. Su obra se basa en la imaginación, la ruptura de las estructuras convencionales, la tipografía variable, la cultura popular y, en fin, la rareza. La novela posmoderna, que es el manantial del que bebe.. Seguir leyendo
Partidaria de una literatura imaginativa, posmoderna, que rompa con estructuras y expectativas, la autora se lanza ahora a la novela juvenil
Cuando, de niña, Laura Fernández (Terrassa, 44 años) vio ¿Quién engañó a Roger Rabbit? pensó que, igual que en la película, los personajes tenían vida propia fuera de la pantalla. Ahí data su inicio en la fabulación literaria. Su obra se basa en la imaginación, la ruptura de las estructuras convencionales, la tipografía variable, la cultura popular y, en fin, la rareza. La novela posmoderna, que es el manantial del que bebe.. Su gran éxito fue la novela La señora Potter no es exactamente Santa Claus (2021) y recientemente ha publicado pequeñas obras sobre la escritura de Julio Verne o sobre el monstruo del Lago Ness. Pero lo ultimísimo es su incursión en la literatura juvenil, con Diminuta casa encantada, una obra que, por lo demás, no se diferencia tanto de sus obras para lectores adultos. Signifique eso lo que signifique.. Pregunta. ¿Es usted rara?. Respuesta. Por supuesto, soy rara. Orgullosamente rara. Todos somos raros, en realidad. Hay un poema de e. e. cummings que dice algo así como que tienes que ser lo suficientemente valiente para convertirte en quien realmente eres. Y creo que hay gente que no ha pasado por eso.. P. No sé si todo el mundo se siente raro. Quizás algo inadaptado…. R. Tal vez están disimulando, tratando de ser como los otros. Una vez me preguntaron si había tenido problemas por ser mujer en la literatura. Pero yo creo que, antes que mujer, soy muy rara, así que no he llegado a esa etiqueta. Yo entro en un sitio y lo primero que me consideran es rara. De momento estoy ahí.. P. Pero tiene lectores…. R. Dentro de esa rareza, me parece increíble lo que pasó con mi novela La señora Potter no es exactamente Santa Claus. Tuvo mucho éxito, se creó algo fuerte ahí. Estábamos en pandemia y tuve la sensación de que se abría otra dimensión. Yo jamás pensé que me iba a pasar algo así, hacer algo que tuviera valor para la gente en general, y no solo para los lectores de los autores posmodernos que me gustan, como Kurt Vonnegut, David Foster Wallace, Richard Brautigan, Robert Coover o Thomas Pynchon. ¡Hasta se tradujo al japonés!. P. Su nuevo libro no se sabe si es para niños o para adultos o para ambos.. R. Soy yo una vez más. Lewis Carroll decía que Alicia en el País de las Maravillas era un libro que también podían leer los niños. Este es un poco así. No hay estructuras, no hay nada previsto o preestablecido. Cuando leemos de niños la frase siguiente puede ser cualquier cosa. Hoy en día se tiende a la pura literalidad, y creo que hay que luchar con uñas y dientes contra eso que nos encierra. El libro pretende eso.. P. ¿Qué nos encierra?. R. A los niños les hacen leer una literatura muy adulta en el peor sentido del término. Quiero que existan libros como los que yo leía de niña, como los de Roald Dahl, como el Manolito Gafotas de Elvira Lindo. Este último, por cierto, lo leí en la universidad: cuando un libro es bueno, me da igual que sea para niños o para adultos.. La escritora Laura Fernández.Jaime Villanueva. P. En su volumen el propio libro, como objeto, se convierte en un artefacto extraño, parte de la historia.. R. Quiero recordar que los libros son cosas, que están contigo para siempre, un lugar en el que nunca estás solo. Con la edad he descubierto que si de niña no me sentí sola es porque tenía un montón de libros alrededor. Hoy se dice que el problema de los niños son las pantallas. Yo creo que el problema es que estamos más solos que nunca. Incluso dentro de las pantallas estás solo. Pero el libro te transmite una compañía íntima.. P. El libro, también, como espacio.. R. Sí, un libro también es un espacio: cuando abres un libro estás en un lugar; cuando lo cierras, estás en otro. Yo veo una librería como un montón de puertas. Puedo pasarme horas, porque una puerta te lleva a Constantinopla, otra a Rusia.. P. Ahora la falta de atención nos saca de esos espacios.. R. De entrada, tengo Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), así que soy una persona bastante dispersa. El móvil para mí es el enemigo. Pero lo llevo bastante bien. Para escribir, por ejemplo, me pongo recompensas. Escribo una página y me permito leer un capítulo de un libro. Y luego de otro. Siempre estoy leyendo muchos libros a la vez.. P. Sus libros también son raros.. R. Alguien me dijo que mis libros destilaban antiautoritarismo, incluso en la forma, porque no tienen una forma convencional. Pero es el antiautoritarismo que he recibido de los autores posmodernos. Son los que intentan destruir todas las formas de contar historias para que no haya una única forma. Yo creo que son libros extremadamente políticos en un sentido superior político.. P. ¿Cómo es eso?. R. No van contra un momento concreto, sino que van contra cómo se han hecho las cosas en general. Van contra la idea de la realidad. Ahora estoy escribiendo una cosa de 1000 páginas que no sé ni lo que estoy haciendo. Ya que los focos están encendidos, hay que bailar. Hay que ser ambicioso.. P. Para posmoderno, don Miguel de Cervantes.. R. El Quijote es el principio de todo. Es el principio de la novela, de la moderna y de la posmoderna. Un español empezó siendo el escritor más ambicioso de la historia. Robert Coover estaba obsesionado con que hasta que no hubiera alguna forma narrativa que superase a El Quijote, la novela estaría estancada. Él investigó durante toda su vida, pero no encontró nada mejor. Fuimos extremadamente ambiciosos en la literatura, y esa ambición se marchó a otros lugares. Yo quiero recuperarla, hay que escribir sin límites, sin cerrar, sin tiempo.. P. Hoy se lleva mucho la literatura realista y del yo, que es una cosa muy poco posmoderna.. R. Somos narcisos: el móvil es un espejo. Pero, a nivel mental, esta es la época más posmoderna: hay historias que salen de otras historias, momentos que interrumpen a otros, nada tiene un hilo conductor. Todo son autopistas que se cruzan. De camino a casa, si vas mirando el móvil, se mezclan una multitud de tiempos. Estamos en una época de cambios, pero muy acelerados, y no hay nada que parezca estable.. P. El mundo de hoy es muy raro, como una de esas novelas, conspiranoico y apocalíptico.. R. Yo hago caso a Ray Bradbury que decía que hay que estar borracho de literatura para que la vida te parezca más o menos aceptable. Leo mucho más de lo que vivo y siempre hay una capa de ficciones que me protege de la realidad. La realidad es para mí otro montón de historias que está detrás de los libros que estoy leyendo.. P. ¡La lectura como búnker!. R. Creo que la civilización es una capa muy fina y muy frágil. Cuando pasa algo como la pandemia o el apagón, siempre estoy atenta a ver cuándo se rompe esa capa y empieza a haber saqueos y abusos, como pasó con el huracán Katrina. O cuándo la gente se pone a matar a su vecino.
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