Cualquiera que se asome a las redes sociales, converse con amigos o haga una búsqueda rápida en internet se encontrará con infinitas referencias al horóscopo, a los médiums, al tarot y a un sinfín de prácticas más. Un hecho que contrasta con la época en la que vivimos; una hiperconectada y tecnológicamente avanzada.. Seguir leyendo
La autora Marta Sader aborda en su libro ‘Espiritualidad líquida’ el auge de las pseudoterapias como un síntoma de una sociedad desconectada y egoísta
Cualquiera que se asome a las redes sociales, converse con amigos o haga una búsqueda rápida en internet se encontrará con infinitas referencias al horóscopo, a los médiums, al tarot y a un sinfín de prácticas más. Un hecho que contrasta con la época en la que vivimos; una hiperconectada y tecnológicamente avanzada.. Sin embargo, como explica a SModa la periodista Marta Sader, autora del libro Espiritualidad líquida (Debate), no es tan contradictorio como parece. En este momento de precariedad que atravesamos, en el que las promesas de una vida estable —casa, trabajo, familia, etc.— ya no son reales, necesitamos aferrarnos a un refugio como este tipo de creencias. “Estas son seguras porque son creencias, es decir, están ancladas a una especie de mandato. Da mucha tranquilidad que haya algo que sea evidente y esté bastante claro en este mundo en el que nada lo es”, explica.. Un hecho que conjuga a la perfección con que todo cambie muy rápido, también la ciencia, lo que hace que las grandes afirmaciones dejen de serlo cada poco tiempo. “Esto lleva a muchas personas a pensar que no se pueden fiar de ella. La gente está sobresaturada y cargada de información, y lo único que quiere son explicaciones básicas”.. La portada del libro de Marta Sader.. Una espiritualidad basada en la individualidad. Lo curioso de esta espiritualidad es que no está ligada a la de las religiones más clásicas. Según la autora del libro, estas últimas obligan a cierto compromiso, ya sea rezar o ir a misa. Sin embargo, las creencias de la espiritualidad líquida no exigen ninguno y tienen que ver más con el marketing que con la propia espiritualidad. “Pueden ser desde un curso de bioemoción, un retiro de meditación de dos días… la lista es interminable porque siempre están saliendo cosas nuevas casi cada día”.. Otra característica es que se nutren de la individualidad y de poner a la persona en el centro. De esta manera, es sobre cada persona sobre la que cae el peso de la sanación, mientras que el resto de condicionantes incontrolables pasan a un segundo plano. “Si somos pobres es porque no lo hemos manifestado lo suficiente. O, si no estamos sanos, es porque no nos hemos preocupado por ello”.. Una realidad que entronca perfectamente con el sistema actual en el que vivimos: el neoliberalismo. Como vemos que todo se desmorona a nuestro alrededor, sentimos que nuestra individualidad es lo único que podemos controlar. Pero, como señala Sader, esto lo único que demuestra es que el mundo no está bien. “Por más que te levantes a las cinco de la mañana para hacer yoga y te prepares un desayuno healthy no vas a conseguir las cosas cambien. Lo único que estás haciendo es poner un parche a un problema que es sistémico”, explica.. Del horóscopo a la extrema derecha. El horóscopo, dado que es muy popular, es un buen ejemplo para explicar el auge de esta espiritualidad líquida. En los últimos años se ha puesto de moda y lo permea todo, desde los medios hasta las apps de citas, las canciones, la cultura. Y, como buen exponente de esta espiritualidad, no exige casi nada. “Muchas veces te habla de cómo eres y, por tanto, te dice cómo posicionarte con respecto a ello: te exculpa y te hace sentir parte de un grupo. También tiene una función simbólica potente: la del oráculo. Recordemos que este no te decía una respuesta cerrada, sino que tenías que interpretarla e integrarla en tu vida. Gracias al sesgo de confirmación parece que hablen de ti. Por ello es muy fácil sentirte apelado por él”.. Todo esto puede hacer que acabemos creyendo en cosas que no tienen ninguna base científica. Pero, sobre todo, que saltemos del horóscopo a otros lugares más peligrosos donde se cultivan los bulos de forma sistemática. “Leí una investigación que hizo un periodista dentro de un grupo de yoga. En él, explicaba que durante la pandemia empezaron a extenderse bulos sanitarios súper potentes. Incluso fascistas. Del saludo al sol al saludo a Hitler”, explica.. Una relación causa efecto que no es obvia y que no tiene que darse necesariamente, pero que a veces sí se produce. A diferencia de lo que se suele pensar, explica Sader, las personas que empiezan a creer en la pseudociencia tienden a ser extremadamente individualistas y en muchos casos, con una posición económica privilegiada. “Si ves lo que cuesta un retiro de yoga o meditación, no solo es que sea bastante caro, sino que son prácticas que es habitual encontrar en los hoteles de cinco estrellas. Además, son personas que consideran aburrido el circuito político convencional. En este mundo es fácil que se cuele un discurso alternativo ligado con la conspiración y los gurús ultraderechistas”.. La autora del libro, Marta Sader.. La medicina no es ninguna broma. Otra transición que se da con frecuencia es el de paso de la espiritualidad líquida a las pseudociencias. El horóscopo o el tarot quizá no tengan la capacidad de transformar de manera decisiva la vida de la gente, pero las pseudociencias sí. La autora del libro lo explica con el ejemplo de la bioneuroemoción, una rama pseudoterapéutica que ha ido cambiando de nombre a lo largo del tiempo y que tiene una gran máquina marketiniana detrás. “Básicamente lo que dicen es que los síntomas que tiene tu cuerpo no son enfermedades, sino que se han generado por una causa emocional. Así, por ejemplo, si tienes un problema en el pecho es porque lo has tenido con tu madre, o, si lo ubicas en un testículo, es que lo has tenido con tus hijos. Este enlace que ellos hacen es muy aleatorio, muy judeocristiano. Además de que todo el mundo ha tenido un problema con su madre o sus hijos. Es obvio”, explica.. Esto, según Sader, no es más que una expresión más del individualismo llevado al extremo: un marco en el que la curación solo dependa de ti. “Algo injusto porque las personas que llegan a estas creencias lo hacen porque confían mucho en ellas o porque nada más les ha funcionado antes. En este punto entramos en el terreno de quién tiene la culpa: si el gurú o la persona que cree en ello. El problema es que, si se saca rédito de ello, es complicado no ser suspicaz”.
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