Cada día, en el minuto exacto en que se pone el sol, un glissando de Maria Arnal (Badalona, 1987) se desliza con el atardecer. Su uuuuuuh crepuscular siempre suena diferente, según el número de aviones en el cielo de Barcelona, cómo sople el viento, la bravura de las olas del mar o el humor de la luna. La instalación generativa Sirena marca el pulso de la ciudad en la planta -1 de la Torre Glòries, el icónico edificio de Jean Nouvel. «Me gusta pensar que, esté donde esté mi cuerpo, en este mismo momento también estoy cantando allí. Y que mi voz seguirá ahí muchos años más…», dice Maria Arnal a apenas cuatro kilómetros de la torre, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), otro escenario muy suyo.. Aquí ha llenado la plaza exterior musicando textos de la filósofa Donna Haraway, ha protagonizado conferencias performativas en las que rescata a científicas olvidadas, a las pioneras de la electrónica o a las sibilas míticas (ya lo hizo en Vancouver, en una de las prestigiosas TED Talks). Incluso se ha desdoblado en Maria CHOIR, su versión virtual que creó para la exposición IA: Inteligencia artificial (2023), junto a científicos del Barcelona Supercomputing Center (BSC), el laboratorio que alberga el superordenador Marenostrum 5, uno de los más potentes de Europa.. Pero Maria Arnal es cantante y compositora. Una cantautora del pop más vanguardista pero con profundas raíces en la tradición, capaz de inventarse un miniórgano portátil con tecnología MIDI para tocar en sus conciertos. «El órgano es el antepasado del sintetizador. Y es uno de los instrumentos que más aparecen en mi nuevo álbum», compara pocos días antes del lanzamiento de AMA, su bellísimo primer disco en solitario, que sale a la venta el próximo viernes 20.. «Quería dar un salto, no caer en lugares ya explorados. Me gusta mezclar una voz enamorada de lo antiguo, esa manera de cantar de la tradición, la de nuestras abuelas que se acompañaban de su voz en las tareas cotidianas…, con la experimentación tecnológica, que es tan de nuestra época», sintetiza con entusiasmo. Se apasiona al hablar de nuestras abuelas, de los tubos de los órganos, de sus investigaciones con IA, del Intelligent Instruments Lab de Reikiavik donde practicó con nuevos instrumentos musicales creados por luthiers digitales. Y, sobre todo, se entusiasma al explicar sus nuevos temas, que ha ido dosificando, y un disco que solo ha presentado en unos pocos y escogidos directos, como el pasado Festival Sónar, saltándose los pasos oficiales de la industria musical «La industria es una cosa un poco abstracta para mí. Soy un poco rara avis. Y cada vez más», admite.. Lo de rara avis ya se lo decían en sus primeros discos con el guitarrista Marcel Bagés, con el que formó un dúo de folk experimental. Sacaron dos EP (el deslumbrante Verbena, en 2016, ya les puso en el radar del circuito indie) y dos discos. 45 cerebros y 1 corazón (2017) estaba inspirado en la memoria histórica y tomaba por título literal el hallazgo de una fosa común en Burgos. Mientras que Clamor (2021) giraba sobre el concepto de apocalipsis. «Siento que los otros discos eran más conservadores, entre comillas. Ahora estoy en un momento muy especial de mi carrera, en el que soy la ama de mi historia, la ama de mi proyecto, la ama de esta voz que ha ido evolucionando. Es una voz más sólida, más entrenada y madura. Si no te gusta el disco, no importa, porque a mí sí», expone. Pero el ama más importante del disco es el del verbo amar, además de las tres iniciales de su prima hermana. «Más hermana que prima», puntualiza. A ella va dedicado. Y el punto de partida es un verso que Safo escribió hace más de 2.500 años: Todo lo que te quede por decir te quedará por llorar.. Con una naturalidad estoica, en el sentido más griego de la palabra, Arnal recuerda cómo de niña jugaba con su prima en el Park Güell, cuando su abuela las llevaba a un parque aún público, sin turistas. «Siempre nos decían que fuéramos con cuidado, porque el parking de delante estaba lleno de jeringuillas», recuerda. Eran los 90… Y continúa: «Cuando tenía 13 años mi prima murió. No lo entendí, tardé años en saber por qué. Ni mis padres ni mis abuelos me lo contaron. Viví esa muerte en un silencio familiar y cultural. Aún era tabú. Murió de sida. Contrajo el virus del VIH de sus padres, del pecho de su madre, de la leche materna. Esta es mi historia, ¿sabes? Y ahora la puedo contar, he encontrado las palabras».. Que haya IA, tecnología y experimentos digitales en AMA, un disco luminoso donde los haya, es casi secundario. Arnal lo ha concebido como un disco epistolar, de «intuiciones», como si las canciones fueran un puente entre ella y su prima. «Me dejó una carta de despedida a la que nunca pude contestar», recuerda. AMA es su respuesta.. «El disco está escrito desde la intimidad. Suenan muchas voces interiores, como una polifonía renacentista, salvo que son mis clones», explica. Habla mucho de sus clones, que no es más que su voz cifrada, tratada y expandida digitalmente. Usa la metáfora del microscopio, que lleva la vista a un nivel imposible para el ojo humano: «Con la IA es lo mismo. Es como si me pusiera una prótesis para amplificar mi voz y expandirla. Pero después de toda la investigación que he hecho mi conclusión es que la voz no se puede clonar en todas sus dimensiones. El espíritu perfeccionista o el ideal tecnológico de que puedes mejorar tu voz no es real. La vuelves más compleja. Pero lo que verdaderamente hace que sea humano es el error, la belleza del error, de la desafinación, del sonido de la saliva…».. Maria Arnal habla como si surfeara: quiere explicarlo todo, compartir los detalles, sumergirse hasta el fondo de una canción popular o de las pulseras inteligentes que ha concebido para su cuerpo de bailarinas, cuyos movimientos se replican en un software y generan el timbre y el tono de su voz clonada, como si fuera su propio coro coreográfico. Gesticula mucho, como dibujando sus ideas. Juega con su pelo inconscientemente, ora se hace una trenza, ora la deshace mientras cuenta: «Mira, había entrevistas con Björk en los 90 en las que ya decía que estaba cansada de que le preguntaran que si por usar bits y un ordenador ya no tendría alma la canción… Basta ya, superemos los prejuicios. Los primeros sintetitzadores se construyeron hace casi 100 años. Tenemos que dejar de pensar que una guitarra y una voz tienen más alma que una herramienta digital, totalmente cotidiana en nuestras vidas». Hace una micropausa y sigue: «La voluntad de reproducir la voz humana es muy antigua y en cada época se ha aprovechado la tecnología del momento para intentarlo, con tubos metálicos que imitaban la laringe y a los que se añadía un teclado».. Aquí parece que hable la Arnal antropóloga. «Solo estudié un año, eh. Siempre he tenido interés por lo antiguo, por recuperar archivos. Pero dejé la carrera. Demasiado académica…», explica. Antes ya se había sacado Traducción e Interpretación: además de catalán y castellano, habla portugués, italiano, inglés, francés y algo de japonés, así que preguntarle por el idioma que escoge para cantar es casi absurdo. «¡Me encanta cantar en español! ¡Y me encanta cantar en catalán! ¿Por qué tengo que escoger?», exclama con su entusiasmo desbordante. Y adelanta que volverá a estudiar japonés, porque en verano se marcha con Marcos Morau y su compañía La Veronal a Japón, con una producción para el Teatro Bunkamura sobre Yukio Mishima. «Espera, que te lo enseño:¡es impresionante!». Y muestra una foto del teatro en su móvil. Efectivamente, impresiona. «Compongo toda la música original.Pero lo mejor es que trabajaré con tres de los mejores músicos tradicionales japoneses». Yse le dibuja una amplia sonrisa. «Igual vuelvo con un nuevo disco».. El pasado verano, con La Veronal, estrenó La mort i la primavera en la Bienal de Danza de Venecia. Un éxito rotundo, en el que compuso la música y en el que canta durante toda la obra, vestida cual sacerdotisa pagana. «El otro día la representamos en Madrid y vino Pedro Almodóvar. Se me acercó al terminar y me dijo que se había quedado superimpresionado, que le había encantado. ¡Pues le invitaré a mi próximo concierto!», exclama con ilusión. Entonces casi reproduce -aunque con menos decibelios- el grito de Penélope Cruz en los Oscar, ese ¡Pedroooo! que se ha quedado en el inconsciente colectivo.. A veces incluso cuesta seguir a Arnal, porque ya está tomando otra ola. Se diría que hay tres Marias: la cantante, la investigadora y la compositora. Con la misma espontaneidad del ¡Pedrooo! profundiza en el último tema que escribió para su disco: Madrigal. «Es sobre una chica que va andando por la calle. Se lo pasó muy bien anoche, no sabes qué ha hecho pero está como radiante, se siente plena, como sensual… Es muy temprano por la mañana y anda por la ciudad desierta, salen los primeros rayos de sol y está escuchando esta canción en sus auriculares y dice…». No puede evitarlo y se arranca con los primeros versos para acabar recitando la canción (en catalán):. tinc un estiu a dins / tengo un verano dentro. que vol sortir d’aquí / que quiere salir de aquí. caminaré a trenc d’alba / caminaré al romper el alba. amb tot a dins per dir / con todo dentro por decir. Le sale de dentro, como ese verano en pleno invierno. Y hay gotas de rocío en el pelo, sol y sal, viento de poniente, olor a jazmín… Todo muy mediterráneo, aunque pise asfalto. Pero el mar está en sus auriculares, en su música, su madrigal.. Luego continúa con Que me quiten y casi parece una heroína de Lorca, con su cabellera azabache y la fuerza telúrica de esta copla, que le brota toda entera:. Que me quiten lo que tengo,. que me arranquen la visión,. que me tiren sus cuchillos,. que me priven de mi voz,. que me quemen en la hoguera,. que me claven la cruz,. que me impongan un destino. «Es una enumeración de todos los martirios tanto psicológicos como físicos que la historia de la humanidad ha perpetuado sobre el cuerpo de la mujer. Aún vivimos en una cultura ultrabinaria. El modelo de mujer va de la prostituta como María Magdalena a la santa como la Virgen María. ¿Podemos abrazar las dos cosas y explorar toda la gama intermedia?», señala. Pues eso, una heroína lorquiana en busca de nuevos arquetipos femeninos.. ¿AMA es un disco feminista? «Totalmente. Cuando me dicen que este disco no es tan político como el primero, digo: ‘¡Por favor!’. Para mí la política es el control de nuestro cuerpo. Buscar una manera ética de usar la IA también es un gesto político. Porque es necesario que nosotros, que estamos dando nuestros datos a los modelos masivos de IA, que son los que dan miedo, construyamos una ética».. Ética y feminismo la llevaron al Canto de la Sibila, drama litúrgico de melodía gregoriana, tradicional del medievo en Baleares y Cataluña y que aún se canta durante la Misa del Gallo. Pero ella lo reinterpretó con electrónica durante tres solsticios de invierno, devolviéndole su origen pagano: en el MNAC, en la Iglesia de Sant Felip Neri y en el centro de artes digitales IDEAL. «Fue como una transición que, en cierto modo, me llevó a este disco», admite.. En su anterior disco, CLAMOR, ya dedicó una canción a La sibila del Rin, que no es más que la sabia de las sabias, la abadesa Hildegarda de Bingen, científica, música, creadora de la misteriosa lingua ignota, mística, filósofa, etc., a la que Rosalía también reivindica en Berghain. ¿Le molesta que a veces la comparen con Rosalía? «Es un piropo. Al principio me comparaban con Sílvia [Pérez-Cruz; por cierto, a Rosalía también en sus inicios]. Si te fijas, esta tendencia de comparar se da más en las mujeres cantantes que en los hombres… Y pasa por un sistema de pensamiento que te conduce a escoger. Te puede encantar Rosalía y te puedo encantar yo. Y Sílvia y Bad Gyal y mil cosas diferentes, más comerciales, más experimentales. En todo caso, Rosalía me parece fantástica, la defiendo mucho. Y creo que este disco le gustará». A Rosalía y a cualquiera que sienta el verano dentro en pleno invierno.
La Lectura // elmundo
Más que cantante y compositora, Maria Arnal es una artista sonora. Lanza su primer disco en solitario, ‘AMA’, un flechazo de pop vanguardista y folk. «Quería dar un salto, no caer en lugares ya explorados», reivindica Leer
Más que cantante y compositora, Maria Arnal es una artista sonora. Lanza su primer disco en solitario, ‘AMA’, un flechazo de pop vanguardista y folk. «Quería dar un salto, no caer en lugares ya explorados», reivindica Leer
