Alejo Carpentier, profundo conocedor de los orígenes, esencias y comportamientos de la identidad del Nuevo Mundo, autor del concepto identitario que llamó “lo real maravilloso americano” —que además estilizó en su novelística—, afirmó que el “descubrimiento” de América, que se materializa en 1492, era el acontecimiento más trascendente de la historia, pues a partir de este encuentro al fin el hombre tuvo cabal conocimiento del mundo en que vivía. Y es que lo que ocurre a partir de ese instante lo cambió todo. Para todos.. Seguir leyendo
Alejo Carpentier, profundo conocedor de los orígenes, esencias y comportamientos de la identidad del Nuevo Mundo, autor del concepto identitario que llamó “lo real maravilloso americano” —que además estilizó en su novelística—, afirmó que el “descubrimiento” de América, que se materializa en 1492, era el acontecimiento más trascendente de la historia, pues a partir de este encuentro al fin el hombre tuvo cabal conocimiento del mundo en que vivía. Y es que lo que ocurre a partir de ese instante lo cambió todo. Para todos. Seguir leyendo
Alejo Carpentier, profundo conocedor de los orígenes, esencias y comportamientos de la identidad del Nuevo Mundo, autor del concepto identitario que llamó “lo real maravilloso americano” —que además estilizó en su novelística—, afirmó que el “descubrimiento” de América, que se materializa en 1492, era el acontecimiento más trascendente de la historia, pues a partir de este encuentro al fin el hombre tuvo cabal conocimiento del mundo en que vivía. Y es que lo que ocurre a partir de ese instante lo cambió todo. Para todos.. Muchos fueron los revulsivos acontecimientos y fenómenos que se sucedieron desde entonces. Como se sabe, tras el descubrimiento colombino el empeño conquistador transformó drástica y ferozmente la vida de los pobladores originales del continente americano, donde no solo se implantó otra visión del mundo, sino que para hacerlo se emplearon violencias y, como daño colateral, se introdujeron enfermedades, procesos que llegaron a niveles de genocidio, como el que sufrieron las poblaciones aborígenes cubanas, y otras. Pero, por supuesto, la aventura americana también alteró la fisonomía de las sociedades europeas, desde aquellas relacionadas directamente con la acción conquistadora hasta las de las poblaciones que pudieron empezar a saciar sus hambrunas con los diversos beneficios llegados desde la otra ribera atlántica. Recuerden la salvadora patata.. Sin duda, dos de los procesos de conquista más dramáticos que se ejecutaron, atendiendo a la enorme cantidad de transformaciones sociohistóricas que generaron, fueron los ocurridos en tierras de Mesoamérica, habitados por las culturas englobadas bajo los apelativos de mayas y aztecas, y el ocurrido en la parte sur del continente, en el gigantesco imperio inca, el Tahuantinsuyo.. La irrupción provocó un tsunami histórico que alteró el devenir de las culturas originarias, transformadas a sangre y fuego, pues junto con la cruz evangelizadora llegaron los buscadores de riquezas. En todos los casos la irrupción de una civilización que se encontraba en un grado de desarrollo material y cultural tecnológicamente superior, sin duda, y teológicamente en el estadio religioso monoteísta, provocó un tsunami histórico que alteró el devenir de las culturas originarias, transformadas a sangre y fuego, pues junto con la cruz evangelizadora llegó con las hordas invasoras la violencia material de la búsqueda de unas riquezas generosamente halladas por todo el territorio de lo que pronto se llamaría Las Américas.. Tales campañas de conquista y las revulsivas convulsiones que generaron revelarían su importancia histórica —teñida con el asombro de lo apenas concebible, pero muchas veces sustentados por la justificación ideológica de la evangelización que, como una y otra vez se repetía, propiciaría la salvación de tantos infieles ajenos a la religión verdadera—, provocó la escritura de una variada y abundante literatura. En este corpus literario, conocido como las crónicas de la conquista, hubo de todo: desde cartas y documentos más o menos oficiosos —inaugurados con las cartas de Colón a los Reyes Católicos y coronadas con las de Hernán Cortés sobre la conquista de lo que sería el virreinato de la Nueva España— hasta documentos tan indispensables para entender las dimensiones de lo ocurrido como los dos volúmenes de los Comentarios reales, del muy dotado escritor Inca Garcilaso de la Vega, sobre el imperio andino y los acontecimientos relacionados con su caída, seguido (como casi siempre ocurría) por las disputas entre los recién llegados, y la obra del tan memorioso soldado Bernal Díaz del Castillo, enfáticamente titulada Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que ve la luz en 1632, casi 50 años después de la muerte del autor.. Cuando en los últimos tiempos varios de aquellos sucesos y procesos, ocurridos medio milenio atrás —en otro mundo, en otro sistema de ideas y conceptos epocales—, han vuelto a convertirse en controversia política con ajustes de cuentas incluidos, la editorial Libros del Asteroide ha puesto en circulación la enjundiosa obra de Bernal Díaz del Castillo. Antecedida por un bien documentado prólogo firmado por Jordi Gracia y coronada con un esclarecedor epílogo, escrito por Andrea Martínez Baracs, esta edición fechada en 2026 de la Historia verdadera… se presenta con una arriesgada adecuación. Se trata de una edición a la que, de la mano del especialista en literatura hispánica medieval y renacentista Lorenzo Martín de Burgo, se le ha modernizado el léxico del siglo XVI (“puesta en español actual”) y se le han eliminado o sintetizados capítulos que se consideraban repetitivos o farragosos. El propósito expreso de los gestores ha sido, pues, hacer una pieza clásica más asequible a los lectores contemporáneos.. La atrevida apuesta de modernizar el léxico del siglo XVI podrá acercar a lectores que difícilmente conseguirían verse atraídos por la magnética pero a la vez escabrosa inmersión en este documento. Debatible, por supuesto, puede resultar el ejercicio de los editores y especialistas. Y aunque muchas veces el fin no justifica los medios, yo, particularmente (lectura mediante, con el texto original en mi memoria afectiva), saludo tan atrevida apuesta que, con seguridad, podrá acercar a lectores que difícilmente conseguirían verse atraídos por la magnética pero a la vez escabrosa inmersión en este documento indispensable dentro del panorama histórico de las letras hispánicas y de la historia de una germinal relación de los europeos con el mundo completado con la expedición colombina.. Desde su título mismo esta obra expresa unas intenciones: narrar la que el autor considera la verdad de una historia que ya ha comenzado a ser manipulada por determinados intereses, bien por la falta de información o, en ocasiones, por cuestiones incluso más turbias, como ciertas relaciones de poder y beneficio material e histórico. No es fortuita, entonces, la andanada de dardos lanzados a la Historia general de las Indias, de Francisco López de Gómara, publicada en 1552, unos años antes de que Bernal Díaz comenzara la redacción de su crónica.. Semejante intención resulta adecuada para intentar una sintética valoración de las cualidades de toda escritura histórica. Y es que, si bien esta disciplina se considera una “ciencia social”, lo cierto es que su cientificidad muchas veces queda en entredicho. Porque, para empezar, sobre ella pesa un muy real estigma: la historia la escriben los vencedores (y este es el caso), condición a la que, necesariamente, se le debe añadir su carácter de escritura clasista, sobre la cual inciden los juicios y prejuicios económicos, epocales y, sobre todo, ideológicos de los cuales nunca puede desprenderse el historiador, ni siquiera si proclama que revela la verdad y hasta la documenta.. En este caso es preciso fijar que Díaz del Castillo trabaja con la ventaja de la cercanía física que tuvo de los sucesos narrados pues fue el único de los europeos que participó en las tres expediciones que concretaron el descubrimiento y la posterior conquista del territorio, ya capitaneados por Hernán Cortés, y que terminaría concretando la caída del poder de los mexicas de Tenochtitlán. No obstante, también es necesario advertir la desventaja de su parcialidad, por haber sido, precisamente, actor en los hechos, y aunque escribe su relato con el propósito de establecer una verdad, esta siempre vendrá contaminada con el pecado original de su condición histórica y cultural (su ideología) que le impregnan una visión del mundo, adornada con rasgos intelectuales tan viscerales como la religión.. La capital de los mexicas, la ciudad lacustre de México-Tenochtitlán, albergaba unos 300.000 habitantes cuando París alcanzaba los 200.000. Uno de los valores literarios más destacables de la obra de Díaz del Castillo radica en su capacidad narrativa para crear tensión dramática a pesar de tratarse de una historia conocida. Y, en el plano conceptual, su mediatizada aunque perceptible comprensión de lo que significó aquella campaña conquistadora. Recordemos que la capital de los mexicas, la ciudad lacustre de México-Tenochtitlán, albergaba unos 300.000 habitantes cuando París alcanzaba los 200.000. Que era una sociedad muy estratificada, con férreos controles de sus habitantes y despótica con sus vecinos avasallados, pero próspera económicamente y avanzada en muy disímiles actividades humanas. Y de ahí la admiración del cronista ante tanta belleza, opulencia, organización social que recorre toda la obra, y que le permiten afirmar que se pudieron “ver cosas nunca oídas, ni vista, ni siquiera soñadas, como veíamos”, pues “parecían cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadis”, pero sin dejar de justificar, una y otra vez, el carácter civilizador de un proceso que asume como una gran necesidad histórica y espiritual.. Al mismo tiempo, el soldado escritor no esconde la rapiña que animó la tan mentada acción civilizadora. Valdría la pena contar las veces que en su crónica aparecen palabras como oro, plata, riquezas y anotar las quejas por los injustos repartos que de ellas se hacían. Tampoco esconde muchas fechorías de los europeos, estropicios como, entre muchos, la esclavización de los indígenas, marcados a hierro ardiente como bestias, y mucho menos las disputas internas entre los invasores… y, por supuesto, la suerte de expedicionarios como él, cargados con las infinitas cicatrices que sacó de las batallas en las que intervino y que, al final, apenas recibe las sobras de los grandes botines obtenidos.. No es casual que en el tramo final de la crónica, tomada la capital de los mexicanos, ya hace tiempo muerto Moctezuma, incluso asesinado su sucesor, Cuauhtémoc, mientras Bernal Díaz sigue anotando los muchos “beneficios” que ha traído la llegada de los españoles a tierras de idólatras, también relata cómo comienza entre los europeos el vergonzoso festín de chanchullos en que derivó la campaña conquistadora. Y así lo anota Bernal Díaz cuando reflexiona: “Aquí verán cuánta distancia hay de los conquistadores viejos a los recientemente llegados de Castilla, que no saben qué cosa es la guerra de los indios y sus astucias. En esto acabó aquella conquista”.. Pues parece que sí: como siempre, en la historia unos ganan más que otros y algunos se enriquecen. Pero los grandes perdedores no fueron los que no lograron obtener más riquezas ni más indios encomendados. Fueron unas civilizaciones que, por ambiciones y fanatismos propios de una época, sufrieron una catástrofe histórica. Y repito: como siempre, pues ambiciones y fanatismos en marcha tampoco faltan en nuestro siglo XXI, mientras para los lectores de hoy se reedita, modernizada, una historia que se anuncia como verdadera.. Bernal Díaz del Castillo. Antologada y puesta en español actual por Lorenzo Martín del Burgo. Introducción de Jordi Gracia. Epílogo de Andrea Martínez Baracs. Libros del Asteroide, 2026. 552 páginas. 24,95 euros. Búsquelo en su librería
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