“Ahora permiten que esos gais y lesbianas anden tranquilamente y a nuestro sacrificado sacerdote le persiguen por unas cuantas caricias de amor a los niños de la sacristía (…) Menos mal que me voy antes de ver cómo se disuelve España, esta España que los socialistas quieren vender, como Judas, por unas cuantas monedas (…) Si no son ellos serán los moros, que llevan siglos queriendo vengarse y descuartizar la grandísima obra que hizo nuestra Isabel la Católica echándolos a todos, moros y judíos”.. Seguir leyendo
La joven cineasta Oliva Ramírez de Haro, sobrina de Esperanza Aguirre, hace una sátira de su familia paterna, que litigó por un cuadro de Goya
“Ahora permiten que esos gais y lesbianas anden tranquilamente y a nuestro sacrificado sacerdote le persiguen por unas cuantas caricias de amor a los niños de la sacristía (…) Menos mal que me voy antes de ver cómo se disuelve España, esta España que los socialistas quieren vender, como Judas, por unas cuantas monedas (…) Si no son ellos serán los moros, que llevan siglos queriendo vengarse y descuartizar la grandísima obra que hizo nuestra Isabel la Católica echándolos a todos, moros y judíos”.. La marquesa moribunda recita este discurso, con voz débil y entrecortada, en su lecho de muerte. Alrededor sus dos hijos, la criada Inocencia que no para de llorar (como se le presupone a las clases populares, incapaces de dominar sus emociones) y el cura que le da la extremaunción. Sobre la pared carmesí, algunos cuadros de reyes y cardenales. También, ojo, un goya: el retrato de Valentín Belvís de Moncada Pizarro, conde de Bornos.. Es el cortometraje Est deus in nobis, de Oliva Ramírez de Haro (28 años, nacida en Bangkok, criada en Madrid), que fue estrenado en el pasado festival de Málaga y en el que la joven cineasta hace una ácida crítica a la aristocracia en general y a su familia en particular. El elenco está formado por Antonio de la Torre, María Miguel, María José Alfonso, Cecilia Freire y Antonio Dechent.. ¿De verdad son como los retrata, así de ultraconservadores? “Bueno, es una sátira, está exagerado. Pero mi abuela no era precisamente de izquierdas”, responde la autora por teléfono desde París. Su familia paterna es la Casa de Bornos, que se remonta a Fernando Ramírez, artillero de los Reyes Católicos en la toma de Granada (y luego marido de Beatriz Galindo, conocida como La Latina), por cuya gesta es nombrado Señor de Bornos. Más tarde, en el siglo XVII, el rey Felipe IV crea el condado de Bornos. Y hasta hoy.. Retrato de Valentín Bellvis de Moncada y Pizarro (1795), obra de Goya por la que se litigó en la Casa de Bornos.. La cineasta conoce bien ese mundo nobiliario de ancestros heroicos, antiguo patrimonio y títulos acumulados a través del tiempo: es hija de Íñigo Ramírez de Haro, marqués de Cazaza en África, exdiplomático, dramaturgo, escritor, y gran crítico, a pesar de su linaje, de la institución aristocrática. Y sobrina de Fernando Ramírez de Haro, actual conde de Bornos, grande de España, y también de la esposa de este, Esperanza Aguirre, expolítica del Partido Popular.. El goya de la pared no está ahí por casualidad: es el cuadro por el que litigaron su padre Íñigo y su tío Fernando, en un caso ampliamente seguido por la prensa. La historia comienza cuando se detecta en el palacio familiar, situado en la calle Jesús del Valle, en el corazón del madrileño barrio de Malasaña, que ese cuadro podría ser un goya. Lo era, pero nadie lo sabía. Entonces Íñigo demanda a Fernando, el primogénito, para repartir el dinero que este había conseguido con su venta (al empresario Juan Miguel Villar Mir por un precio total de 5.800.000 euros), porque a la hora de repartir la herencia la autoría —y, por tanto, el valor— no era conocida. Después de un proceso proceloso, el juez falló a favor de Iñigo: Fernando fue condenado a pagarle 853.732 euros.. Oliva trata de plasmar en su corto la decepción que le sobrevino a la muerte de la abuela en 2019 y al inicio de los conflictos familiares. “Fue la pérdida de la familia, el darnos la espalda, hacer como que ningún vínculo familiar era importante. Al revés, que la codicia y lo material eran lo único que contaba”, dice la directora. Cuenta que su padre fue el único que tuvo “la valentía para enfrentarse a la educación que había recibido”. Que aquello fue como un “juicio contra su propia sangre”. El propio Iñigo ha tratado el tema en su novela La mala sangre (Ediciones B). “Lo que me queda es el dolor”, sentencia la autora.. Eso es precisamente lo que se ve en el corto: la codicia de los hijos, en este caso dos (y no seis como en la realidad), que, con el cuerpo de la madre aún caliente, se ponen a disputarse el coche, las joyas y otras riquezas. Al final, hasta la criada y el cura quieren sacar partido. Es también una furibunda crítica a la aristocracia: “La aristocracia es, fundamentalmente, poder saber dónde estuvo tu familia hace cientos de años. El honor con que llevan eso. A mí lo que me ha llegado son estos aristócratas de hoy, que se creen alguien por tener un apellido compuesto. Es un mundo que vive de eso: lo importante es pertenecer a Puerta de Hierro” dice, en referencia al elitista club madrileño. A Oliva sus padres, según cuenta, le educaron de otra manera: “En lo que realmente importa: me interesa la gente que se ha formado, que ha hecho una obra. Por eso admiro a mi padre, que ha sabido ir más allá”. Son las tensiones de la aristocracia en los tiempos de la (supuesta) meritocracia.. ¿Esperanza Aguirre? “Fuera de la familia se le da mucha importancia, pero dentro ha sido muy poca cosa, no se le da importancia, es una tía más”, cuenta. Y aunque entiende el interés que provoca su figura, tampoco le encanta ser la “sobrina de”. Aun así, podría objetarse, el tema que ha elegido tiene su conexión. “Sí, pero yo he hecho la película porque llevaba un dolor dentro y había que sacarlo de alguna manera. Así es como entiendo la creación. ¡Y ahora me siento fenomenal!”.. La cortometrajista Oliva Ramírez de Haro.Livia Saavedra (Livia Saavedra). Oliva Ramírez de Haro tiene la carrera de Filología Inglesa y formación cinematográfica: comenzó fascinada por los libros hasta que el cine la atrapó. Vive en París desde principios de año, una ciudad en la que dice percibir a pie de calle las múltiples tensiones que atraviesan el mundo contemporáneo, y donde pretende hacer carrera en el sector. Allí prepara sus cortos; está escribiendo el próximo, que promete una fuerte crítica y sátira social: “Hoy la sociedad se divide en rebaños, y si no perteneces a uno, vas mal”.. Es el tipo de cine que le gusta, el que se arremanga y dice cosas sobre el mundo: su película favorita es Celebración, de Thomas Vinterberg, que, por cierto, también trata de las oscuras dobleces de la vida familiar. Y allí trabaja como ayudante de dirección: “Desde que estuve en mi primer rodaje, sentí una especie de adicción, descubrí que esto era lo mío. Me gusta el caos, la movida, soy una persona muy social. Si viviese dentro de un rodaje sería feliz”.
Feed MRSS-S Noticias
