“Escribir es desovillar los hilos del tiempo, deshacer como Penélope el tejido de la historia”, dice Claudio Magris en Microcosmos. No otra cosa lleva a cabo Daša Drndić en su poderosa narrativa híbrida e inapelable, obstinada en denunciar con memoria escrupulosa las atrocidades cometidas durante ese protervo siglo XX que parece querer perpetuarse en el nuestro.. Seguir leyendo
“Escribir es desovillar los hilos del tiempo, deshacer como Penélope el tejido de la historia”, dice Claudio Magris en Microcosmos. No otra cosa lleva a cabo Daša Drndić en su poderosa narrativa híbrida e inapelable, obstinada en denunciar con memoria escrupulosa las atrocidades cometidas durante ese protervo siglo XX que parece querer perpetuarse en el nuestro. Seguir leyendo
“Escribir es desovillar los hilos del tiempo, deshacer como Penélope el tejido de la historia”, dice Claudio Magris en Microcosmos. No otra cosa lleva a cabo Daša Drndić en su poderosa narrativa híbrida e inapelable, obstinada en denunciar con memoria escrupulosa las atrocidades cometidas durante ese protervo siglo XX que parece querer perpetuarse en el nuestro.. Publicada hace una década la edición original croata, EEG es la última novela de la autora, fallecida en 2018. Forma junto a Belladonna (2012) un díptico en la medida en que ambas comparten a su alter ego Andreas Ban, un anciano psicólogo y suicida fracasado que, enfermo, elige enfrentarse a los fantasmas del pasado, combatir el olvido y resucitar con incisiva memoria notarial episodios fatídicos de la segunda gran guerra, del nazismo y el genocidio del Holocausto, de los inacabables destierros, del fascismo espectral y de la lacerante y sanguinaria desmembración de la Yugoslavia de Tito a manos de los volcánicos nacionalismos balcánicos. Pero no son de su interés las fotografías institucionales, por el drama individual es por el que Drndić, cartógrafa del sufrimiento, se siente concernida, por las copiosas notas a pie de página que cada ser humano, verdugo o víctima (no existe la segunda sin el primero), le añade al relato oficial. Y la voz y la conciencia de Ban desentrañan con su testaruda primera persona, y de la mano de sus asideros documentales, los traumas del siglo XX y las heridas que no hemos sido capaces de curar, con una mayor evervescencia que su coetánea Dubravka Ugrešić en El ministerio del dolor y una prosa excepcional, de una paradójica delicadeza, que la exime de cualquier reproche.. Más información. Son varios los influjos que fueron conformando el estilo de Drndić. Su querencia por la repetición rítmica, el monólogo obsesivo y su humor sarcástico contra la sociedad y la vejez proceden de Bernhard, de Elfriede Jelinek le llega sin duda la vehemencia de su delación de la violencia nacida de la política y la necesidad de servirse de la fragmentación, como Danilo Kiš en Una tumba para Boris Davidovicho Magris en El Danubio, con el que la obra de la gran autora croata comparte la tentación de jugar al ajedrez con los ejes del tiempo y del espacio. Asimismo, su seductor empleo del collage, que entrevera en el texto del relato fotografías, notas, cartas, expedientes o documentos,se asocia enseguida al que utiliza, sobre todo en Los emigrados,W. G. Sebald, que lo aprendió de Alfred Döblin y del reciclaje de los bricoleurs del surrealismo francés. Y el vértigo de las listas, como señaló Umberto Eco, de esas listas, sobrecogedoras como letanías fúnebres, de nombres que esconden vidas amputadas (“detrás de cada nombre hay una historia”, recordaba en Trieste enumerando deportados y ejecutados) y de las que también se sirve Modiano en Dora Bruder.. Su técnica documentalista de fraccionar el discurso mediante la yuxtaposición o la inserción de textos e imágenes, así como la polifonía provocada por un constante trasiego de citas de autores balsámicos (Jaspers, Maiakovski, Nietzsche, Wittgenstein, Schopenhauer o Cioran) y su radical poética del desguace, no obedecen a un mero afán experimental sino, muy al contrario, al deseo de suscitar la complicidad moral del lector y alcanzar una suprema connivencia provocando su inmersión absoluta en el universo que el libro transmite. Sí, la narrativa mestiza y caleidoscópica de la autora de Leica Format (2003), en la encrucijada de la autobiografía y el periodismo, de la ficción y la pesquisa, es comprometida, y es vindicativa, pero por encima de todo es inmersiva.. Como Kundera en El libro de la risa y del olvido, o Sebald en Austerlitz, transita Drndić por las ruinas de Europa, exigiendo memoria histórica, arrogándose la potestad de iluminar seres anónimos y clamando al cielo invocando a quienes sufrieron el espectáculo pero no subieron al escenario. Militante acérrima de la necesidad de un exorcismo de la historia más oscura, que los Estados acaban blanqueando y a la que somete aquí a un electroencefalograma, nos la convoca en sus más ínfimos detalles empíricos, constatables, para que seamos conscientes de ella y jamás aceptemos la amnesia o la mentira con las que estos aciagos tiempos de posverdad nos seducen.. Daša Drndić. Prólogo y traducción de Juan Cristóbal Díaz. Automática, 2026. 512 páginas. 26 euros. Búsquelo en su librería
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