BIG es un nombre osado para una empresa, por mucho que tenga la justificación de un acrónimo: Bjarke Ingels Group. Será por miedo al riesgo. El arquitecto danés que le da nombre (51 años) se formó en OMA, la oficina de Rem Kolhaas y, a la altura de la crisis de 2008, se convirtió en una nueva versión de su maestro holandés: tecnológico, retador y estruendoso. Sólo que Ingels es también desvergonzado, divertido y optimista. En BIG Atlas (editado por Phaidon), el libro que reúne su obra durante 25 años, Ingels firma un texto en el que explica su gran pelea intelectual: el dilema entre idealismo y pragmatismo es falso. Ingels dice que es extraordinariamente pragmático para poder ser idealista. En el catálogo de su libro hay imágenes de todos los tipos: lienzos fluorescentes que parecen pop art como el Teatro Nacional de Albania, edificios de viviendas que son como loops eléctricos (Viviendas 8 de Copenhague) y bestias de hormigón que quiebran el territorio y la historia, como el Museo Marítimo de Dinamarca…Tapa los límites, se titula el texto introductorio de Big Atlas. En el trato, Ingels no parece el personaje teatral que promete su fama. Habla despacio y es amistoso. Su voz es amable y reflexiva y se pierde con alegría en los meandros de la conversación.¿Tiene usted algún talento artístico ajeno a la arquitectura? ¿Toca el piano, escribe poesía, monta obras de teatro con su familia? ¿Algo así?No lo llamaría talento y tampoco diría que sea ajeno a la arquitectura, pero bueno: dibujo. He dibujado siempre, fui el típico niño que se pasaba el día dibujando. Hacía caricaturas y novelas gráficas. En realidad, con la creatividad siempre ocurre lo mismo: dibujar, proyectar y diseñar son modos de acomodar la realidad, de darle sentido. Empiezas a dibujar y tienes infinitas posibilidades. Entonces seleccionas, eliges, descartas y así tratas de transmitir un sentido y una sensibilidad. ¿Se interesaba también por la parte narrativa de las novelas gráficas? ¿O sólo quería dibujar? Sí, claro que sí. Estaba pensando que tengo amigos que hacen cine. Algunos, con éxito: Darren Aronofsky, Christopher Nolan… Siempre hablo con ellos de lo que significa una película como narración en imágenes. El núcleo de una película es la historia que narra, pero es la forma la que la hace única. Yo me reconozco en esa idea. Tener una visión en un proyecto está bien, pero lo importante es hacer, es llegar a la realidad y transformarla. En realidad, es fácil hacer el paralelismo entre el cine y la arquitectura porque son disciplinas que crean obras totales y en las que hay que manejar mil variables: personas, materiales y presupuestos.Dígame una película importante en su educación.¿Una? Puede que la próxima vez que lo piense diga otro título, pero hoy me viene a la cabeza Memento (2000). Yo estaba en la universidad cuando la estrenaron. Me moría de ganas de ver Memento, pero mis amigos decían que por nada del mund
La Lectura // elmundo
El arquitecto danés fue el agitador más fresco en su oficio cuando pasó la época de las estrellas del fin de siglo. Ahora reúne 25 años de carrera en el libro BIG Atlas (Phaidon) y cuenta su secreto: un compañero de piso en Barcelona le cambió la vida Leer
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