“Todo el mundo piensa que el estilo perrito es muy vulnerable, pero en realidad es la postura más estable. Como una mesa. Es difícil que te tiren cuando estás a cuatro patas”, escribe Miranda July en A cuatro patas (Random House, 2025), uno de los grandes éxitos literarios del año pasado. En esta controvertida postura también ha sido retratada en la tercera temporada de Euphoria Sydney Sweeney. En la serie dirigida por Sam Levinson, Sweeney emula ser una sensual perrita para generar dinero a través de OnlyFans con el objetivo de costear una boda ostentosa ante la negativa de su prometido, interpretado por Jacob Elordi, que no quiere gastarse 50.000 dólares en flores en tan señalado día.. Seguir leyendo
Libros, discos, películas y series retratan a sus protagonistas a cuatro patas. El debate sobre si es cosificación o libertad sexual está en el aire
“Todo el mundo piensa que el estilo perrito es muy vulnerable, pero en realidad es la postura más estable. Como una mesa. Es difícil que te tiren cuando estás a cuatro patas”, escribe Miranda July en A cuatro patas (Random House, 2025), uno de los grandes éxitos literarios del año pasado. En esta controvertida postura también ha sido retratada en la tercera temporada de Euphoria Sydney Sweeney. En la serie dirigida por Sam Levinson, Sweeney emula ser una sensual perrita para generar dinero a través de OnlyFans con el objetivo de costear una boda ostentosa ante la negativa de su prometido, interpretado por Jacob Elordi, que no quiere gastarse 50.000 dólares en flores en tan señalado día.. En otro de los grandes éxitos audiovisuales del año, Cumbres borrascosas, es también Jacob Elordi que interpreta a Heathcliff, quien maneja la correa de su mujer Isabella, interpretada por Alison Oliver, que se llevó las pocas buenas críticas de este proyecto. Pero mientras en el libro Emily Brontë critica el amor romántico al plasmar cómo tantas mujeres se embarcaban en matrimonios idealizados que terminan siendo abusivos y represivos, en la película el personaje aparece sexualizado e incluso ridiculizado.. View this post on Instagram. El mundo de la música tampoco se ha escapado del momento ‘cuatro patas’. Sabrina Carpenter eligió esta postura para ser fotografiada en la portada de su último disco Man’s Best Friend. En el caso de Carpenter, las redes se apresuraron a criticar que la cantante apareciera a cuatro patas con alguien tirándole del pelo. “Sabrina no puede tenerlo todo. No puede posar como una mujer sumisa solo porque es sexy”, decían sus detractores. “En realidad, se trata de ser consciente de tu falta de control y de cuándo quieres tenerlo. Creo que cuando eres una mujer joven, eres consciente de cuándo lo tienes y de cuándo no”, dijo la cantante.. Pero, ¿qué significa que se repita tanto poner a la mujer, literalmente, a cuatro patas en tantos proyectos ‘mainstream’? Andrea García-Santesmases Fernández, autora de Un nuevo contrato sexual (Ariel, 2026), subraya que esa posición, que remite a lo sexual, también alude a lo animal y a la vinculación histórica entre mujer y naturaleza, mujer e irracionalidad y mujer e instinto. “Creo que no es casual que reaparezcan estas vinculaciones en un momento de ofensiva contra los avances en igualdad, en un momento de reacción conservadora. Que estas imágenes cosifican el cuerpo femenino es innegable. Esto no quiere decir que las mujeres que las protagonizan no se sientan a gusto, o incluso empoderadas, utilizando su capital erótico para atraer las miradas y protagonizar titulares”, asegura. Indica que el personaje de Sydney Sweeney es el perfecto arquetipo patriarcal. “Por un lado, la presentan como una tradwife que no quiere trabajar y que presiona a su futuro marido para que le conceda todos sus caprichos mientras ella lleva una vida ociosa. Pero ni siquiera le conceden la abnegación femenina propia de la esposa tradicional, sino que la presentan como superficial y manipuladora, sin criterio moral, dispuesta a mercantilizar su cuerpo con tal de lograr el arreglo floral ideal para su boda. Encarna el ideal postfeminista, aquel que predica que ahora que ya tenemos la igualdad formal, hemos de abandonar la reflexión y abrazar sin cortapisas nuestros deseos, sean cuales sean”, dice.. Noemí López Trujillo, autora de Me dibujaron así (Península, 2025), considera que el hecho de que la adaptación de Cumbres Borrascosas de Emerald Fennell o la trama de Cassie en Euphoria resulten sexualmente escandalosos en 2026 es un claro síntoma del éxito de la agenda de extrema derecha y de cómo discursos reaccionarios están permeando espacios progresistas. “Este echarse las manos a la cabeza por ver a dos mujeres en pantalla haciendo de perras insaciables se inserta en un momento cultural que convierte todo placer en algo que debe ser saludable, higiénico, ligero y modesto. No hay lugar para el exceso en ningún sentido. Ni en la comida, ni en la estética, ni en el sexo”, dice la periodista. “Es tratar de engañar a la gente con que puedes conformarte con que la falsa tarta de queso japonesa sea una tarta, con que maquillarte sin que lo parezca es transformarse o con que cuatro besos mal dados, una embestida y un corsé un poco apretado es algo casi sucio e impúdico. Es bajar tanto el estándar del placer que todo se vuelve aburrido y conservador. Dentro de nada cualquier cosa nos va a parecer un exceso: enseñar las tetas, comerte una tarta de verdad o pintarrajearte la cara como si fueras una muñeca hinchable”, añade.. La creadora de la cuenta Not your polite feminist señala que el personaje al que interpreta Sweeney ha internalizado la idea de que su valía depende del deseo que despierta. “No se trata solo de que Cassie Howard sea sexualizada, sino la manera en la que esa sexualización está siendo construida. Ella se ha posicionado, literalmente, como un animal, como un perro. A eso le sumamos la degradación y la forma en la que la humillación aumenta. Es complicado alegar que se trata de una crítica cuando se acerca más a una fantasía”, asegura.. Mientras que muchas personas consideran que se trata de un ritual humillante y codificador, otros han defendido la incursión de Euphoria en el fetichismo, acusando a quienes se escandalizan de señalar con desdén a quienes tienen preferencias sexuales menos convencionales. “Para mí Euphoria y Cumbres Borrascosas son problemáticas no porque cosifiquen o porque supongan normalizar la violencia de género (por cierto, este es el discurso de evangélicas trumpistas como Allie Beth Stuckey), sino porque se equipara, por ejemplo, el disfrute del BDSM con ser una chica con traumas (Isabella o Casssie son buenos ejemplos). Yo creo que es lo que la gente heteronormativa cree que son las prácticas sexuales no normativas”, dice López Trujillo. “Así que mientras muchas feministas se regodean en la desesperanza de una serie que refuerza sus ideas contrarrevolucionarias sobre sexualidad femenina (follar con hombres es ponerte en la diana de la violencia, ser hiperfemenina es ser una alienada, cobrar por tu sexualidad es patriarcal), las evangélicas en EE. UU. se frotan las manos con la cantidad de vídeos que harán alertando sobre estas mismas cuestiones, pero con la pátina de la espiritualidad”, asegura.. La validación de narrativas problemáticas. Marina Marroquí, educadora social, cree que cuando figuras tan relevantes aparecen retratadas a cuatro patas en escenas sexualizadas, el mensaje no es neutro. “Indica que el cuerpo femenino sigue siendo válido y premiado cuando encaja en códigos de sumisión que ha erotizado el machismo. “Ana de Miguel en Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección (Cátedra, 2025), lo describe de forma magistral. “La libertad no es solo poder elegir, sino desde dónde estás eligiendo. Cuando eliges prácticas que no escoges por placer individual, sino por dar placer, por ser aceptada o ser elegida, supone el mismo sometimiento de siempre. Lo que pasa es que nos dicen que es algo liberador. Esto no es nuevo: llevan tiempo diciendo que las mujeres somos más libres cuantas más prácticas vejatorias hagamos”, dice la autora de Eso no es sexo. Otra educación sexual es urgente(Crossbooks, 2023).. “La cultura y las redes sociales van perfectamente sincronizadas para esta nueva generación. Los mensajes que les llegan a través de todas las herramientas culturales, como pueden ser el cine o la música, van a la par de esos vídeos con los que les bombardean en TikTok y esos mensajes de que somos libres de utilizar nuestro cuerpo y por ello, es buena idea abrir un OnlyFans”, añade.. Sydney Sweeney en una de las escenas en las que graba contenido para OnlyFans.JLPPA / Bestimage (JLPPA / Bestimage / Cordon Press). En Cumbres Borrascosas, al convertir a Isabella en una sumisa que da su consentimiento, Fennell da a entender que las acciones de Heathcliff, aunque siguen siendo perversas, resultan más fáciles de digerir para el público al hacer que su comportamiento parezca menos monstruoso… E incluso sexy. Andrea García-Santesmases Fernández considera que la película utiliza el consentimiento para validar un tipo de relación que de otra manera resultaría deleznable. “No se trata solo de un juego sexual puntual, sino que desde el primer momento Heathcliff le dice a Isabella que la va a humillar, que la va a utilizar, que la va a degradar. Estas amenazas parecieran diluirse porque las acompaña de un ‘¿te parece bien?’ a lo que ella contesta ‘sí’. De la misma manera, cuando la vemos atada con una correa, a cuatro patas, en medio de la inmundicia, viviendo literalmente como una perra, la violencia de la imagen se suaviza porque ella da a entender que eso es lo que quiere”, asegura.. Para la sexóloga, el problema está en situar el consentimiento como una validación no solo legal, sino ética, e incluso, política, de una relación. “Lo que acontece entre ambos no es un delito ya que ha sido acordado entre dos adultos, pero eso no quiere decir que esté bien, ni mucho menos que sea una expresión de empoderamiento femenino o de libertad sexual. En este sentido, es interesante señalar que en el libro de Cumbres Borrascosas no aparece esta alusión repetida al consentimiento por lo que se trata de una estrategia contemporánea para validar narrativas problemáticas”, advierte.. Noemí López Trujillo lamenta que toda hipersexualización femenina sea siempre interpretada como un servicio a la sexualidad masculina. “Con este discurso esencialista se nos impide nuevamente sacar nuestra sexualidad de esa ecuación en la que todo nuestro goce está hecho para ellos. Pero es que además en este caso cualquiera que conozca a Carpenter y siga su obra verá que un ejercicio de ironía —puedo ser una perra en la cama, pero fuera de ella no eres mi dueño—”.. “La idea de que los procesos de empoderamiento son individuales es la trampa, sea vestirse de perrita o apuntarse a Crossfit. El empoderamiento es un proceso colectivo del que una puede beneficiarse a nivel personal —toma de conciencia, recuperación de la autonomía, mejora de la autoestima— pero está enmarcado en un trabajo de liberación comunitaria. Intentar encajar las producciones culturales en las categorías empoderante/desempoderante es empobrecer el arte mismo y anular nuestra capacidad crítica”, advierte para terminar.
EL PAÍS
