Helen DeWitt (Maryland, 1957) es una escritora de culto, a la fuerza: su novela El último samurái -que no tiene nada que ver con Japón- apareció en el año 2000 y, a pesar del éxito, los ejemplares fueron retirados hasta que en 2016 la novela fue relanzada. Su relación con el mundo editorial, con lo que tiene de industria y negocio, es más que conflictiva, a juzgar sobre todo por las piezas que aparecen reunidas en Los ingleses entienden de lana y otros trucos (Random House, traducción de Gabriela Ellena Castellotti).El volumen es un compuesto de una nouvelle exenta, Los ingleses entiende de lana, el libro de relatos Vaya truco (2018) y dos piezas más: «Laura» y «Los códigos sexuales de los europeos». Quedan un par de novelas de DeWitt por traducir: Lightning rod y Your name here, que circuló en PDF antes de ser editada como libro.Lo que comparten todas las piezas del volumen es un interés profundo y genuino por el lenguaje también como sistema, como código, y así se explicita en algunos de los cuentos. Pero cuando no, ese cuestionamiento del lenguaje subyace. En esa reducción del lenguaje a su síntesis, al código, toca con las matemáticas, la lógica o el lenguaje de programación, asuntos que aparecen de manera más o menos tangencial en algunos de los relatos.Una de las características de cualquier código es que la relación entre significado y significante es aleatoria, como se muestra en el cuento que cierra el volumen, «Los códigos sexuales de los europeos», que se presenta como un informe sobre un blog que se ha ocupado de reunir los modos en que en algunas ciudades europeas se hacen saber las preferencias sexuales.La primera pieza del libro, la brillante Los ingleses entienden de lana, juega con la idea del pastiche de la huerfanita millonaria, a lo que se añade el asunto del mercado editorial, siempre atento a la última tragedia que pueda generar beneficios. Entre esas dos piezas, hay todo un puñado de cuentos únicos, que exploran las relaciones entre creadores y mediadores -galeristas, editores, etc.- que siempre exigen como peaje el sometimiento del creador para entrar en el mercado.De «Brutto»: «Pero la cosa de ser artista es que desde el instante en que vas a la escuela de Bellas Artes te das cuenta de que es necesario ser astuto. Es necesario que te hagas un nombre. Es necesario tratar con la gente que tiene el poder. […] Así que si te lo has montado para tener una oportunidad, el siguiente paso evidente es darles lo que crees que quieren para ganar».Para alegría de lectores, DeWitt ha elegido no darle a nadie lo que espera sino lo que a ella le apetece. Sus piezas son tan estimulantes como divertidas, su crítica tan feroz como acertada.Traducción de Gabriela E. Castellotti. Random House. 328 páginas. 21,90 € Ebook: 9,99 €
La Lectura // elmundo
Para alegría de lectores, la estadounidense ha elegido no darle a nadie lo que espera sino lo que a ella le apetece. Sus piezas son tan estimulantes como divertidas, su crítica tan feroz como acertada Leer
Para alegría de lectores, la estadounidense ha elegido no darle a nadie lo que espera sino lo que a ella le apetece. Sus piezas son tan estimulantes como divertidas, su crítica tan feroz como acertada Leer
