A finales de la década de los 50 del pasado siglo, Japón dejaba atrás la miseria de una posguerra asfixiante que se había prolongado más de una década. La ocupación de Estados Unidos acabó en 1952, la fundación del Partido Liberal Democrático en 1955 trajo la ansiada estabilidad política y la industria, liberada de la necesidad de proveer de manera incesante a su ejército, se diversificó. Centenares de miles de trabajadores jóvenes se incorporaron al mercado laboral y, por encima de otros entretenimientos, encontraron en los cómics su ración diaria de evasión.El manga, espoleado por el éxito sin precedentes de la obra de Osamu Tezuka, quería dejar atrás su sambenito de producto para niños y tenía ahora que satisfacer a una generación joven que había dejado atrás la infancia y que buscaba en sus páginas dinámicas alejadas de las historias de Tezuka, muy influenciadas en su registro gráfico por el trabajo de Walt Disney. Había llegado la hora del gekiga.Este es el momento histórico que aborda el traductor, historiador y crítico de cómic norteamericano Ryan Holmberg, especialista en historia del manga, en Gekiga. La revolución del manga, publicado por Satori Ediciones, una obra que recoge siete artículos previos del autor publicados originalmente en las revistas especializadas The Comics Journal y The International Journal of Comic Art. El propio autor agradece la intercesión de su traductor español, Jesús Játiva, en la publicación del libro, porque fue quien le espoleó para unificar esta serie de artículos en un solo volumen. La edición de Satori, por lo tanto, es única hasta el momento.Este hecho da buena cuenta del interés por el manga en nuestro país, si bien es cierto que la publicación de una obra de este calibre (un texto teórico sobre una parte específica y no especialmente popular del cómic japonés) entraña un riesgo comercial casi kamikaze. Intentemos, pues, en la medida de lo posible, encontrar puntos de interés, que los tiene, para el lector que se quiera empapar de una generosa ración de historia y teoría del cómic.Como buen historiador posmoderno, el abordaje de Holmberg es fragmentario. De hecho, debemos acudir al glosario del final del volumen para encontrar una definición más o menos exacta del gekiga: «Literalmente, dibujos dramáticos […]. Varios autores de Osaka buscaron nombres que describieran mejor los cómics de misterio y crimen que estaban dibujando para lectores adolescentes». El creador del término en 1957 fue Yoshihiro Tatsumi. Procedente de la industria del kashihon (cómics que se prestaban por una pequeña cuota en librerías especializadas), Tatsumi, junto a Takao Saito y Masahiko Tatsumoto, fue uno de los pilares fundamentales de este movimiento (¿artístico? ¿comercial?) llamado a revolucionar el futuro del cómic japonés.El propio Tatsumoto recordaría aquellos días en Los locos del gekiga, obra publicada en nuestro país también por Satori. El gek
La Lectura // elmundo
El crítico Ryan Holmberg aborda la evolución del manga para adultos, surgido durante la posguerra y expresión cultural clave en la historia contemporánea de Japón Leer
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