1984. Madonna tiene 25 años y acaba de publicar su segundo disco, Like a Virgin. Ofrece una entrevista a la cadena MTV.Seguir leyendo
La cantante, que edita disco el 3 de julio, pasó de coger comida de la basura a ser la mayor estrella del pop, cima que alcanzó con un arma: acorazar su libertad
1984. Madonna tiene 25 años y acaba de publicar su segundo disco, Like a Virgin. Ofrece una entrevista a la cadena MTV.Pregunta. ¿Cómo te defines, en qué categoría te encuadras?Respuesta. En una nueva categoría que yo he definido [sonrisa].Pregunta. ¿Qué tiene de original esa categoría?Respuesta. [Un silencio de unos segundos]. Yo [más risas].Madonna Louise Ciccone cumple el próximo agosto 68 años y muchas cosas han cambiado en las últimas décadas en su vida personal y en su trayectoria musical, pero su esencia todavía hoy remite a aquellas dos respuestas en esa entrevista casi al inicio de su carrera: es ella, única, inimitable, poderosa, implacable y, sobre todo, libre. Cuando se traza un semblante de la artista, se utiliza invariablemente el lugar común de “reinvención”. No es del todo cierto, porque Madonna utiliza diferentes caminos para un objetivo, siempre el mismo: absorber el sonido de los clubes alternativos de baile y redirigirlo hacia las listas de éxitos pop. Vuelve a ocurrir en su nuevo trabajo, el primero en siete años, Confessions II, que se publica el 3 de julio y que funciona como continuación de Confessions on a Dance Floor, álbum de 2005. En ambos ejerce de productor el inglés Stuart Price, experto en captar las tendencias de los clubes contraculturales. En este nuevo disco, la cantante expone el baile como un viaje chamánico. Para promocionarlo, se está dejando ver en cabinas de discotecas bailando desinhibidamenteal lado de jóvenes discípulas como Charli XCX o Sabrina Carpenter. La artista en un concierto para promocionar su nuevo disco, ‘Confessions II’, el pasado 4 de junio en Times Square, en Nueva York. James Devaney (GC Images)Una de las canciones del nuevo álbum se titula Danceteria, el nombre del club neoyorquino donde comenzó la carrera la intérprete de Like a Prayer. Fue en este local donde estrenó en 1982 su primer sencillo, Everybody, ante 300 personas. Milagrosamente alguien registró la actuación y hoy podemos deleitarnos viéndola. Vestida con un pantalón de ciclista, una camisa blanca y una chaqueta. Con un gorro y sus rizos rubios moviéndose por su frente. Con la música grabada y solo su descarada voz en directo. Acompañan a aquella insolente joven tres bailarines en un número deliciosamente amateur. Madonna daba allí su primer paso para su aspiración: “Quiero dominar el mundo”, no paraba de decir. Madonna llegó a un peligroso Nueva York en 1977 con 19 años y 35 dólares en el bolsillo. No conocía a nadie y nunca había estado en la meca del mundo. Quería ser bailarina. Lo de cantar ni se lo había planteado. Escapó del cateto, conservador y religioso entorno donde nació, Bay City (Michigan), por sugerencia de su profesor de baile, Christopher Flynn, homosexual y primer gurú cultural de la cantante. “En el colegio me sentía como un bicho raro, una inadaptada. Me veía a través de unos ojos heterosexuales y machistas. Estaba demasiado ocupada en reprimi
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