“Cada día no me aferro a una gran esperanza”, aseguraba el fotógrafo japonés y crítico Takuma Nakahira (Tokio, 1938-2015) en el documental de Masashi Kohara The Man Who Became a Camera: Photographer Takuma Nakahira (2003). “En cambio, fumo Short Hope. Es como disparar: no capturo el mundo entero de un solo golpe, pero cada día tengo una pequeña esperanza de alcanzarlo”, añadía con ironía, aludiendo a los cigarrillos japoneses Hope en su versión corta. La cita sintetiza su espíritu: un pensamiento en acción, fragmentario y crítico propio de su fotografía y de su práctica ensayística.. Seguir leyendo
“Cada día no me aferro a una gran esperanza”, aseguraba el fotógrafo japonés y crítico Takuma Nakahira (Tokio, 1938-2015) en el documental de Masashi Kohara The Man Who Became a Camera: Photographer Takuma Nakahira (2003). “En cambio, fumo Short Hope. Es como disparar: no capturo el mundo entero de un solo golpe, pero cada día tengo una pequeña esperanza de alcanzarlo”, añadía con ironía, aludiendo a los cigarrillos japoneses Hope en su versión corta. La cita sintetiza su espíritu: un pensamiento en acción, fragmentario y crítico propio de su fotografía y de su práctica ensayística. Seguir leyendo
“Cada día no me aferro a una gran esperanza”, aseguraba el fotógrafo japonés y crítico Takuma Nakahira (Tokio, 1938-2015) en el documental de Masashi Kohara The Man Who Became a Camera: Photographer Takuma Nakahira (2003). “En cambio, fumo Short Hope. Es como disparar: no capturo el mundo entero de un solo golpe, pero cada día tengo una pequeña esperanza de alcanzarlo”, añadía con ironía, aludiendo a los cigarrillos japoneses Hope en su versión corta. La cita sintetiza su espíritu: un pensamiento en acción, fragmentario y crítico propio de su fotografía y de su práctica ensayística.. ‘Takuma Nakahira en la cafetería del Hotel Nagisa en Zushi’, Japón, febrero de 1972, de Isao Sekiguchi.Isao Sekiguchi © The Estate of Isao Sekiguchi‘Sin título’, de la serie ‘Circulation: Date, Place, Events’ (1971), de Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Sin título’, de la serie ‘Circulation: Date, Place, Event’ (1971), de Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Sin título’, del fotolibro ‘For a Language to Come’ (1970), Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Sin título’, del fotolibro ‘For a Language to Come’ (1970), Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Sin título’, del fotolibro ‘For a Language to Come’ (1970), Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Sin título’, del fotolibro ‘For a Language to Come’ (1970), Takuma Nakahira. Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris‘Las calles, o Huellas del terror’, Marsella (1976), de Takuma Nakahira. Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de OsirisPortada de ‘At the limits of the Gaze’ Selected writings by Takuma Nakahira.. A Nakahira se le recuerda fundamentalmente como uno de los fundadores de Provoke, una de las revistas de fotografía más influyentes. Apenas duró tres números pero su impacto fue decisivo: introdujo con éxito el estilo are, bure, boke: imágenes en blanco y negro cargadas de grano, barridos y desenfoques. Esta estética supuso una ruptura radical con el realismo social dominante en la fotografía japonesa, justo en un momento en que la sociedad del Japón de posguerra manifestaba su rechazo ante la transformación del país de una sociedad agraria a otra industrial y consumista.. Su involucramiento político e intelectual se manifestó desde el comienzo de su trayectoria. A mediados de los años sesenta trabajó como editor en una revista de izquierdas, Gendai no me (ojo contemporáneo), donde se publicaban fotos de Shōmei Tōmatsu, quien despertó su interés por el medio fotográfico, una práctica que desarrolló junto a su obra como ensayista, crítico y teórico. Entre 1965 y 1977 publicó cientos de textos; sin embargo, la notoriedad de su asociación con Provoke eclipsó la importancia crítica de esos escritos. Once de ellos han quedado reunidos en At the Limits of the Gaze, la primera colección de sus ensayos traducida al inglés; un volumen que revela el amplio alcance de su pensamiento, donde conviven teoría, crítica y experiencias personales.. ‘Sin título’, de la serie ‘Circulation: Date, Place, Events’ (1971), de Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris. Sus textos condensan la intensidad de un periodo marcado por la Guerra Fría y sus efectos en Japón. En ese contexto, Nakahira entendía la fotografía no solo como arte, sino como un lenguaje: mirar y producir imágenes es, para él, una forma de participar en el mundo y, por tanto, una forma de poder. Sus ensayos funcionan como un laboratorio, una serie de pruebas sobre lo que la fotografía puede —y no puede— hacer cuando intenta replantear nuestra forma de conocer y habitar el mundo.. Así, en Has Photography Been Able to Provoke Language el autor se pregunta si las fotografías de la revista lograron que las palabras cobraran vida y adquirieran un significado más profundo, para concluir que su efecto fue limitado. Aunque consiguieron romper con la visión mecánica de la realidad — la idea de que una palabra o una foto refleja solo lo que es— su impacto fue limitado, muchas se convirtieron en moda o decoración sin lograr que los espectadores experimentaran realmente el lenguaje. De ahí surgía la necesidad de volver a explorar cómo la fotografía puede ampliar y revitalizar el lenguaje en el presente.. En 1973, criticó con dureza su propio trabajo inicial en el ensayo Why an Illustrated Botanical Dictionary? “El propio mundo es el campo magnético en el que mi mirada, y la mirada de las cosas que se le devuelven, se enfrentan entre si. Mirar es exponerse a la mirada del otro”, escribía. Por aquella época, llegó incluso a quemar sus negativos e impresiones, incluidos importantes trabajos que había publicado anteriormente.. ‘Sin título’, de la serie ‘Circulation: Date, Place, Event’ (1971), de Takuma Nakahira.Takuma Nakahira © 2025 Gen Nakahira / cortesía de Osiris. Insatisfecho con la estética de su época, centró su mirada en la relación entre las cosas y los espacios intermedios cargados de tensión. En esa búsqueda, la influencia de otros fotógrafos fue fundamental para Nakahira. Entre ellos, Walker Evans ocupó un lugar especial. Al hojear Elogiemos ahora a hombres famosos, lo que más lo impactó no fue el texto de James Agee, sino las fotografías realizadas por el fotógrafo americano: imágenes simples, silenciosas, que registraban interiores humildes, objetos cotidianos y escenas de la vida sin dramatización, simbolismo, ni mensaje moral. Capturaban lo cotidiano tal y como es. Para Nakahira, Evans mostraba que la fuerza de una foto no reside en su capacidad de narrar o explicar, sino en su habilidad de mantener un espacio donde el espectador pueda encontrase con lo que ve, sin intermediarios. “Aceptan nuestra mirada sin ninguna resistencia y, después de absorberla, simplemente vuelven a su estado silencioso”, escribía. Un silencio que no es vacío, sino pleno de presencia, y provoca una experiencia directa con la realidad. “Cuando miro las fotografías de Walker Evans, lo único que puedo expresar es la cosa tal como es; por mi parte solo puedo tomar conciencia de mi propia incapacidad para encontrar palabras”, advertía el fotógrafo japonés.. Una preocupación similar se refleja en su lectura de la obra de Eugène Atget. El París a punto de desaparecer con la entrada del siglo XX, capturado en calles vacías, escaparates y objetos cotidianos, le reveló a Nakahira una idea potente: la fotografía puede mirar de vuelta. Atget no buscaba imponer una interpretación ni un estilo personal; sus imágenes parecen exigir que el espectador confronte el mundo tal como es, con una intensidad que puede resultar inquietante. Nakahira describe la sensación que producen como “irreversible”: una experiencia donde la distancia entre quien mira y lo mirado desaparece, y la percepción deja de ser un acto de posesión para convertirse en un encuentro directo. En estas imágenes, el fotógrafo queda en segundo plano: la realidad se impone y revela la potencia de la mirada sin ego.. “Eso se debe a que estas fotografías de Eugène Atget no son imágenes de la ciudad, ni imágenes del mundo captadas a través de la mirada de un yo firmemente establecido, sino más bien un conjunto de fotografías que, de un modo extraño, han logrado inscribir el mundo y la ciudad como si irrumpieran desde el otro lado, con lo que podría llamarse un ojo vacío o cóncavo”, escribe Nakahira. “En este sentido, para nosotros, los fotógrafos, Eugène Atget sigue insistiendo en llevarnos de vuelta al punto de partida y a replantearnos: ¿qué es la fotografía y quién es el fotógrafo?”. Nakahira recuerda que el sentido de una imagen no está dado de antemano, sino que se construye en el encuentro entre el mundo y nuestra mirada, y que la verdadera fuerza de la fotografía radica en su capacidad para generar fricción, cuestionamiento y una relectura continua de la realidad.. ‘At the Limits of the Gaze. Selected Writings by Takuma Nakahira’. Editado y traducido al inglés por Daniel Abbe y Franz Prichard. Aperture, 2025. 164 páginas. 25 euros.
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