Cerca del final del espectáculo, aproximadamente 15 minutos antes de que concluyera, un miembro de la audiencia de primera fila salió de la sala. Para lograr esto, tuvo que proceder a lo largo del borde del escenario, donde se encontraban los dos artistas. Cuando llegó a la puerta, luchó para abrirla y salir. Así, los ojos tanto del público como de los actores se volvieron hacia la esquina donde se estaba desarrollando la fuga. Lecturas adicionales
Israel Galván y Marlene Monteiro Freitas son enteros, refinados y malvados. Una verdadera joya, a pesar de las averías ocasionales.
Cerca del final del espectáculo, aproximadamente 15 minutos antes de que concluyera, un miembro de la audiencia de primera fila salió de la sala. Para lograr esto, tuvo que proceder a lo largo del borde del escenario, donde se encontraban los dos artistas. Cuando llegó a la puerta, luchó para abrirla y salir. Así, los ojos tanto de la audiencia como de los actores se volvieron hacia esa esquina donde se desarrollaba la fuga. Israel Galván y Marlene Monteiro Freitas, los protagonistas de la pieza, se lanzaron a una improvisación sin acompañamiento en ese momento. Él se sentó mientras ella estaba de pie, ligeramente inclinada en una postura rígida. Ambos se encargaron del exilio del espectador, que sin querer se convirtió (o eso queremos creer) en el elefante blanco del conde Duke. Galván hizo un gesto sutil y conspirativo (hacia la audiencia e incluso la persona que se fue), en esa actitud relajada que posee, que provocó otra risa en el patio sentado; y para Monteiro, desencadenó un ataque de risa sofocada que luchó por contener. El episodio duró sólo unos segundos y no interrumpió el espectáculo.
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