Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1949) vuelve a dormir mal. El tratamiento que sigue por prescripción facultativa está en ese momento en el que su efectividad se viene abajo. El cuerpo se habitúa y lo que antes era revulsivo, ahora es apenas tolerable. Y es entonces cuando llega el momento, otra vez, de tomar decisiones importantes, de arriesgarse, de cambiar de fármaco y hasta de sitio, de probar algo diferente y mucho más fuerte. Todo sea por recuperar la paz. Así de contradictorio. Se diría que con la película número 24 que ahora estrena sucede algo parecido. Amarga Navidad es lo contrario de todo lo anterior, pero a la vez perfectamente identificable, perfectamente Almodóvar. Como si se tratara de un nuevo medicamento, mucho más radical y doloroso, la película está ahí para alcanzar renovado el raro privilegio de la creación. La historia de un director de cine poseído por la ficción, por el acto mismo de crear, es la más autobiográfica de sus películas (más aún que Dolor y gloria), pero a la vez la más alejada de cualquier amago de condescendencia. Cada una de las personas que componen el universo del cineasta tiene en la película su personaje, su correspondencia, su reflejo y su paradoja. Y todos son robados. «Los que escribimos somos peligrosos para todos los que nos rodean», dice. El director nos recibe en las oficinas de su productora, nos cuenta lo mal que descansa y nos relata su deseo, siempre él, de volver a empezar. Y ya van 24 veces.. Es su vuelta al castellano después del León de Oro, de su primer largometraje en inglés. Y además es una vuelta con quizá la más personal de todas sus películas…. Todas mis películas son personales. Pero sí, es cierto, el protagonista tiene mi mismo trabajo y muchas de sus cosas las adopto como propias. Sea como sea, mis películas siempre empiezan con algo que he vivido. Dolor y gloria surgía de la imagen de mí mismo sumergido en una piscina. Ésta arranca con una migraña espantosa unida a una crisis de pánico. Y eso es algo que yo he sufrido personalmente. Todo eso me inspira igual que lo que veo o lo que leo. Pero lo que hago es ponerlo todo en brazos de la ficción. Entonces, todo cambia. En esta película hablo de un director de cine que tiene, a su vez, el alter ego de una directora de cine y, en consecuencia, hay alusiones constantes al cine que suscribo plenamente. Pero nunca he hecho cine confesional. Es más, lo que me preocupa de verdad es el misterio que hay en la génesis de toda obra. La relación entre la inspiración y la realidad es algo que me interesa mucho desde siempre. Lo que pasa es que aquí lo abordo de un modo absoluto. Diría que yo estoy totalmente dentro de la película, pero nunca de un modo literal.. No debemos entender entonces lo que vemos como literalmente autobiográfico…. Pondré un ejemplo. Cuando en Dolor y gloria el personaje de la madre le dice a Antonio [Banderas] que no es el hijo que le habría gustado tener, no hablo de mí de forma literal. Eso no me lo dijo jamás mi madre. Pero me sirve para hablar de la extrañeza. En verdad, me estaba refiriendo a la extrañeza de otros ojos hacia mí, que eran los ojos de la gente del pueblo, después los ojos de los niños en el colegio y después los ojos de la gente de Madrid cuando llegué aquí, aunque había muchas más personas como yo. Durante mucho tiempo he tenido que enfrentarme a esa mirada de extrañeza.. ¿Diría que, ahora que ha pasado el tiempo, ha vencido a todas esas miradas?. Podría pensar eso. Si había hostilidad entre el mundo y yo, yo he salido ganando a ese mundo que me miraba regular. Pero no me lo planteo en esos términos. Vengo de La Mancha y de Extremadura. Provengo de una familia que no tenía dinero y, cuando llegué a Madrid, no conocía absolutamente a nadie. Sin embargo, tenía una obsesión y un camino trazado de un modo clarísimo. Mi vocación era rotunda y, de hecho, esa vocación me salvó de muchos de los peligros de los 80. Como no existía ya la Escuela de cine, arranqué a hacer cine con una cámara de Súper 8 y pensaba que me quedaría ahí. Quizá podría haber dado el salto a los 16 milímetros todo lo más. Me veía como Adolfo Arrieta haciendo películas disparatadas para una clientela reducidísima. Ese era mi sueño.. Almodóvar en las oficinas de su productora, El Deseo, en Madrid.. «Había hostilidad entre el mundo y yo, y yo he salido ganando». Volviendo a Amarga Navidad, ahí echa mano de historias ya no solo suyas, propias y muy personales, sino de la gente más cercana. Me pregunto si el arte, la creación, lo justifica todo.. Depende. Pero de forma general creo que no. No debe justificarlo todo. Pero como creador, lo que más me afecta y más me inspira es la gente de mi entorno, es decir, la gente a la que quiero. Esa cuestión está formulada en la película cuando el protagonista afirma que solo sabe trabajar en la más absoluta libertad. Le preguntan entonces: ¿caiga quien caiga? Y el personaje del director no contesta. Yo, como él, tampoco tengo una respuesta clara. Lo que sí digo es que la gente que escribimos somos gente peligrosa para nuestro entorno. Está en la naturaleza del trabajo. El otro día en una entrevista a Emmanuel Carrère, éste decía que una familia que tenga un escritor dentro es una familia con muchos problemas. Y es así. Cuando escribes y te viene una idea, no te paras a pensar de dónde viene. Solo después puede que descubras que llega de muy cerca y que probablemente está basada en el dolor. Porque, por lo menos en mi caso, lo que inspira siempre es el dolor. Nunca se piensa en el otro, se piensa en la narración. Lo explica muy bien Iván Zulueta en Arrebato. Cuando aparece el fotograma rojo –que en Amarga Navidad reaparece como un cursor palpitante– no te puedes resistir a la llamada de la trama. No hay fuerza que resista esa llamada. Reconozco que cuando llega la inspiración solo piensas en ti. Es un egoísmo total. La creación es así de jodida. Aunque siempre he pensado que si hiciera mal a alguien, creo que me enteraría a tiempo para pedir perdón o simplemente dejar de hacerlo.. Pienso en el caso de Luisgé Martín y su libro El odio [basado en la confesión del parricida José Bretón]. El libro estaba publicado y la editorial lo retiró a petición de la madre…. Me parece un caso muy interesante. Entiendo perfectamente la decisión de la editorial de retirar el libro ante la reacción de la gente que no quiere que un psicópata reciba ni dinero de los derechos de autor ni publicidad. Pero pienso en el caso de A sangre fría, de Truman Capote. En ese caso, la editorial quería sacarlo cuanto antes, pero Capote no quería porque no se veía con fuerzas para enfrentarse a ese chico que estaba en el corredor de la muerte, que casi había sido un hijo para él y que de ver la publicación se daría cuenta de que había sido explotado de algún modo. Pero, claro, A sangre fría es una obra maestra. No sé cómo es El odio. En cualquier caso, el que un psicópata no gane dinero después de haber matado a sus hijos me parece un motivo legítimo para no publicar un libro. Por otro lado, cuando alguien nos ilumina una zona brutal, salvaje y casi inaccesible del ser humano al resto de los mortales también agradezco esa mirada. En verdad, ésa es una de las razones de existir del arte.. Sin embargo, parece que el mundo va en dirección contraria. Hay una tendencia a rechazar todo lo que sea incómodo…. Todo depende de cómo mires. Al hilo de lo que decía, lo que sí me parece que habría que haber prohibido es el vídeo que hizo Trump con IA convirtiendo Gaza en un resort turístico. No estoy a favor de la censura nunca, pero esas imágenes en concreto me resultaron una burrada tan grande que si estuviera en mis manos las prohibía. Atenta contra los derechos más elementales del ser humano; es completamente inmoral.. «Los que escribimos somos peligrosos para todos los que nos rodean». Por lo que dice no suscribe en absoluto lo propuesto por el presidente del jurado del último Festival de Berlín, Wim Wenders, y por la propia directora de la Berlinale de que las películas tienen que hablar por sí mimas y que ya basta de tanto director de cine hablando de política…. No lo suscribo en absoluto. Los autores tenemos opinión porque somos ciudadanos como cualquier otro y tenemos derecho a expresarla. Me parece terrible y escandalosa una declaración así. No hablar de política cuando tienes una cátedra y un altavoz como autor, es un modo de colaboracionismo. Menos mal que hubo reacción. Aunque fue una pena que la polémica acabara por fagocitar lo verdaderamente importante que eran las películas. Es gravísimo sobre todo por el momento que vivimos. Nunca antes que ahora ha sido tan importante expresarse políticamente.. Vamos a ello. ¿Qué piensa del continuo ascenso de la extrema derecha encuesta tras encuesta?. Estoy absolutamente aterrado. Es más, me exijo a mí mismo cada día al levantarme ser una persona optimista. Me digo a mí mismo: «Esto tiene que cambiar». Afortunadamente, parece que hay movimiento en la izquierda para unirse y que las cosas por fin, aunque tarde, cambian. Pero estoy horrorizado. Creo que estamos en el peor momento desde que empezó la democracia. Lo más triste es que si piensas en Estados Unidos, ves que están viviendo una dictadura fascista, pero que han llegado a ella con los votos de la gente. Esto te hace pensar que lo que está en riesgo es la propia idea de democracia; la idea de que son los partidos políticos los que nos representan. Cada día me levanto con una sorpresa mayor. Creo que nadie en su sano juicio hubiera imaginado algo así en 1992. Ni en la peor de las pesadillas habría nadie pensado que, con el correr del tiempo, el 25% de los jóvenes declararían que no les importaría vivir bajo una dictadura.. ¿Qué cree que hemos hecho mal?. Ni idea. Pero es urgente explicarle a estos chicos en la familia o en la escuela nuestra historia más reciente. Nadie que conozca la dictadura puede pensar en regresar a ella. Es simple ignorancia.. «Durante mucho tiempo he tenido que enfrentarme a la mirada de extrañeza que sufrí en el pueblo, en el colegio, incluso en Madrid». Queda claro. Volviendo a lo que hablábamos antes sobre la incomodidad, uno de los momentos más incómodos precisamente de la película es cuando el director es refutado por una persona que se siente engañada, robada, por él.. Por eso decía que los escritores no somos gente de fiar. Lo que a cualquier otra persona le destruye, a nosotros nos alimenta. Y eso es así no porque seas superior a nadie, sino porque está en la naturaleza de tu trabajo. Trabajas con eso y por eso me gusta decir que no hay nunca una mala situación para un escritor.. ¿Se considera una persona narcisista o complaciente consigo misma y sus manías, digámoslo así, de creador?. No. De hecho, me he divertido mucho con la escena en la que el director que hace de algún modo de mí interpretado por Leonardo Sbaraglia queda un poco al descubierto, en un renuncio. Yo diría que más que narcisista, soy egoísta, porque considero que el valor de una idea es absoluto y está por encima de cualquier consideración moral. Y sé que es muy delicado este asunto. Carrère, por ejemplo, comenta que su madre dejo de hablarle dos años y tuvo que dejar por escrito a su mujer que no iba a utilizar su vida en sus obras.. ¿Se ha visto en una situación parecida?. No. Me ha pasado algo que puede considerarse lo contrario. En una ocasión utilicé la ficción para convertir la realidad en algo vivible, incluso en algo maravilloso. El papel de María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios está basado en una amiga mía. En la película, ella vivía con un terrorista chiíta, pues la verdad es que mi amiga vivió con un etarra y llegó a estar en la cárcel nueve meses por ello. La cinta dio la vuelta al mundo. Cuando ella lo vio quedó horrorizada. Le comenté que era imposible que nadie se diera cuenta y ella me respondió que él, el terrorista, sí se reconocería. La verdad es que yo estaba convencido de que su reacción iba a ser la contraria. Creé un personaje de comedia para vengarme de la realidad convencido del poder del cine no ya de curar sino de darle la vuelta al dolor.. «Los escritores no somos de fiar. Algo que a otro le destruye a nosotros nos alimenta». Almodóvar en las oficinas de su productora, El Deseo, en Madrid.. Buena parte de lo más trágico de Amarga Navidad, como decíamos arriba, ha pasado aquí mismo en la productora el Deseo…. La inspiración del personaje de Aitana sí tiene resonancias con algo muy doloroso y muy cercano, pero prefiero no hablar de ello. Lo que sí diré es que la reacción que ha habido ha sido de comprensión absoluta.. ¿Se considera un tirano como director?. Lo cierto es que ser director te da un poder enorme, eres una especie de semidiós. Puedes pedir cualquier cosa y se te concede simplemente porque eres el director. Pero lo cierto es que con el que soy más exigente y menos condescendiente, como decía, es conmigo mismo.. El paradigma de director tirano consigo mismo y con los demás quizá sea Bergman…. Bergman es un caso insólito, admirable y terrible al mismo tiempo. Se explica un poco por sus circunstancias. Tuvo un padre terrible y recuerdo haberle leído una entrevista en que confesaba que entendía perfectamente que sus hijos le odiaran. «He sido el peor padre imaginable», confesaba. La falta de complacencia de Bergman consigo mismo a través de sus películas es increíble y es terrorífico. El ejemplo contrario sería Fellini. Él hizo todo con alegría hasta su última película, Entrevista, que es un trabajo muy menor. Bergman, en cambio, rueda Saraband y prohíbe que se exhiba en los cines. Uno es un disfrutón y el otro no se puede quitar de encima al padre calvinista.. «No hay nada más desolador que pensar que estás haciendo una obra menor». ¿De quién se siente más cercano?. De Fellini, sin duda. Pertenecemos a una cultura muy parecida. Me viene a la mente cómo se veía él mismo como creador y él se imaginaba con un látigo dándole a todas las mujeres que componen su universo. Ahora mismo esa imagen sería imposible. Y me extraña que nadie haya dicho nada. ¿Es esa imagen la que define a un creador? Pues sí, aunque nos cueste aceptarlo, así es. Lo que ocurre es que ese látigo se usa casi siempre contra uno mismo. Como decía Capote, dios te da un don y un látigo, y el látigo es para flagelarte.. Hablaba de Bergman y pensaba en su devoción por el primer plano que cada vez es más acusado.. Cada vez me resulta más difícil separarme de los actrices. Me ocurrió con Julianne Moore y Tilda Swinton, y me ha vuelto a suceder con las cuatro de Amarga Navidad [Bárbara Lennie, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo y Milena Smit]. El poderío de Bárbara es increíble. Lo que he aprendido es que cuando un actor no se viene abajo no debes separarte y sí, nunca antes he utilizado el primer plano como en esta película.. Ni las lágrimas, en pocas películas las actrices lloran tanto y tan bien…. Sí, he tenido mucha suerte con estas lloradoras. Lo curioso es que cada una de ellas llega a las lágrimas a su modo. Milena vive en un iglú de dolor en la película por la pérdida de su hijo, pero Bárbara es capaz de pasar de un plano frío, narrativo, a las lágrimas sin más. Es admirable. Estoy muy orgulloso de las lágrimas de Amarga Navidad, de todas ellas. Hay que tener en cuenta que ésta es la película en ese sentido más arriesgada que he hecho nunca. Cuando escribía me reía pensando en que cada secuencia era más difícil que la anterior. Era muy consciente de estar escribiendo secuencias muy poco cinematográficas. Es muy difícil hablar de una crisis de pánico unida a una migraña porque son dos dolores que dan mal en pantalla. ¿Cómo filmas la oscuridad? Y todo es así de arriesgado. Incluso la introducción de escenas cómicas dentro de la tragedia es muy complicado. Pero me salía así…. «No estoy a favor de la censura, pero el vídeo que hizo Trump de Gaza, si dependiera de mí habría sido prohibido». ¿Qué necesidad tiene de arriesgarse un director con la vitrina llena de premios, reconocimientos, honores?. Es instintivo, es una forma de sentirte vivo, de acercarse cada vez más al peligro.. ¿Teme, como decía antes de Fellini o Bergman, acabar haciendo una obra menor?. Definitivamente, yo no quiero hacer obras menores. La idea solo de decirte a ti mismo: «Estoy haciendo una obra menor» me parece tristísima. Además, diré que las próximas ideas que tengo para siguientes películas son más peligrosas todavía. Quiero creer que el peligro va conmigo.. ¿No teme la caída que siempre implica el riesgo?. Una vez me preguntó si estaba siempre seguro. Lo recuerdo. Lo único que he aprendido es que cuando no estoy seguro de algo, no lo comunico al equipo. Porque se crea un caos absoluto. Al día te hacen unas 100 preguntas como mínimo. De las cuales, hay un 25% de las que no sabes la respuesta. Pero tienes que darla. Y no dudar. Aunque tú dudes. En eso consiste ser director, en tomar decisiones. Lo curioso es que luego en la vida eres incapaz de tomar según qué decisiones.. En un momento dado de Amarga Navidad, Sbaraglia, metido en el papel de alter ego de Almodóvar, duda. No diremos más, pero ¿se ha visto en una situación parecida alguna vez?. No, nunca. Tampoco he tenido como el personaje sequías de cinco años sin haber escrito nada. Pero situaciones de no estar seguro, sí. Tener crisis forma parte del trabajo y responder a esas crisis también. Y hay que hacer frente a las crisis a base de insistencia, de no darte por vencido. El guion de Hable con ella estuvo 15 años en el cajón. Lo fundamental es ser autocrítico, nunca complaciente e insistir el tiempo que sea necesario. Cada proyecto tiene su tiempo. Mujeres… salió de golpe en tres meses de escritura y fue mi mayor éxito.. «Ni en la peor pesadilla me habría imaginado que habría un 25% de jóvenes que justifican la dictadura». Pero ¿cómo se conserva uno autocrítico cuando todo son reconocimientos a su alrededor?. Se hace simplemente. Se hace sin miedo, pero a la vez con miedo. Con el miedo a que te salga mal, pero sin miedo a la hora de lanzarte.. Es quizá el director de cine que, desde La ley del deseo, más directores de cine ha utilizado como protagonistas. ¿Qué quiere decir esto?. No sé qué quiere decir, pero sí sé de dónde viene. Me fascina el propio lenguaje cinematográfico. Cuando rodé Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón no sabia nada de cine. No tenía ni idea de lo que era el eje ni nada. Luego utilicé mi primer travelling en Entre tinieblas y, entonces, empiezas a darte cuenta de que necesitas tener razones muy poderosas para cambiar de plano. Como decía Godard, es una cuestión moral. Cuando coloco a un director de protagonista no tengo la sensación de estar hablando de mí, sino de un director en el momento de la construcción de una obra, de una película. Convertir al lenguaje cinematográfico en un personaje me fascina.. Se me ocurre que también es una cuestión que tiene que ver con el tiempo que vivimos donde el cine está, de algún modo, cuestionado. Existe quizá una necesidad de reivindicar el cine como lenguaje.. Sí y la verdad es que se está haciendo muy buen cine. Basta mirar los Oscar. Se da un hecho curioso y es que las cinco películas nominadas a Película Internacional son las mejores de todas. Desde Valor sentimental a El agente secreto pasando por Sirat, cualquiera de ellas son mejores que Los pecadores o Una batalla tras otra. Pero sí, la impresión que tengo es que las plataformas utilizan el cine de autor como simplemente una herramienta de marketing para promocionarse, pero que, en verdad, no les interesa en absoluto. Se ve que ahora mismo y en general se hace un cine muy televisable. Por eso es importante el papel de los festivales, por su papel de visibilizar el verdadero cine, el cine de autor.
La Lectura // elmundo
El director, que estrena Amarga Navidad, su trabajo más arriesgado, laberíntico y cruelmente personal, reflexiona sobre su proceso creativo, sobre la función del arte, sobre la censura y, en efecto, sobre política Leer
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