Oriol Pla (Barcelona, 1993) se encontraba en el Festival de Cine de San Sebastián presentando Esta soledad cuando recibió la noticia: le habían concedido el Premio Nacional de Teatro por su espectáculo Gola (Gula). El reconocimiento llegaba tras convertirse en el primer actor español en conseguir un Emmy Internacional, por su papel protagonista en la serie Yo, adicto, dirigida por Javier Giner a partir de su propio libro de memorias. Y a las órdenes de Giner vuelve a trabajar en Esta soledad, la historia de un desamor a través de la precariedad económica en la que Pla comparte reparto con Marina Salas.. En la película usted da vida a un payaso que se tiene que ganar la vida como cajero de supermercado. Un día, su padre muere y el casero le notifica que su alquiler de renta antigua va a ser rescindido. ¿Cree usted en el poder anticipador de las películas?. Lo de la renta antigua es algo que me pasó a mí. Me vino un notario a la puerta del piso de mi madre, un alquiler del 87: el propietario lo vendía, nos daban un mes. Ahora tenemos el foco en Maricarmen, pero esto ha estado pasando mucho tiempo en nuestro país. Ella es hoy un símbolo que todo el mundo está utilizando. Esta soledad no es ninguna psicomagia, es una transparencia en la ficción que resuena con toda esta movida. Un autor contemporáneo tiene que hablar de lo que le está atravesando, y si te atraviesa el contexto social, económico, político en el que estamos no puedes sacar la vida de tus personajes de ese marco. Lo que mola es que vayas al teatro o al cine y que lo que veas te esté hablando de algo que, al salir, puedas observar en la calle. En algunas lenguas africanas el teatro se llama «limpiarse los ojos»: la gente va allí a volver a ver. Es una ventana: si te fijas hacia afuera ves el exterior, pero si te fijas en el interior ves tu reflejo. Con una mirada conjunta puedes llegar a ver tu reflejo en el exterior. Cuando la instrumentalización del arte es documental, paradigmática y, de alguna, forma anestésica, tenemos un problema: storytelling is story selling. Pero a la vez, el entretenimiento, la risa, la fantasía deben darnos también derecho a soñar.. ¿Tan importante como el derecho a subsistir?. Imagínate sobrevivir como adolescente en la Franja de Gaza: en ese periodo de terror extremo tú creces, te enamoras, te desenamoras. Mi hermana está con Payasos sin Fronteras en Venezuela, ha estado en el Líbano, en los campos de refugiados, y ahí está la vida. El arte es inseparable del marco en el que se encuentra.. Usted viene de una familia de artistas de circo. ¿Cómo se consigue el equilibrio entre el cuerpo y el intelecto?. La separación entre cuerpo y mente es mala. El payaso es muy comunista: el cuerpo, la cabeza, el corazón… todos mandan igual. Cuando bajas al cuerpo, quizá no tiene tanta palabra pero tiene una sabiduría más terrenal, más cercana. Nosotros crecimos en una plaza con niños de diferentes edades y teníamos que negociar. Forjabas alianzas, aprendías, hacías enemigos, había fricción. Los cuerpos viven en el error, en la intuición.. «No soy un genio, necesito currar. Soy bueno en cagarla, tragarme el haberla cagado, y perseverar». ¿Hasta qué punto se puede hablar de libertad en 2026?. Lo llamamos libertad porque nosotros mismos hemos construido la celda. Ahí están las últimas frases de Brecht en la Ópera de los Tres Peniques: ¿qué diferencia hay entre la esclavitud y el trabajo asalariado? ¿Entre un ladrón de coches y un banco? Vendiéndote comodidad y facilidad te están robando, pero es que hay tiempo para pensarlo. El mercado se lo ha comido todo. De ahí los movimientos grupales, las acampadas. Me viene a la cabeza este libro: Ahora, del Comité Invisible, que fue de las primeras cosas que compartí con el equipo de Esta soledad. Dice: «Todas las razones para hacer una revolución están ahí. No falta ninguna. El naufragio de la política, la arrogancia de los poderosos, el reinado de lo falso, la vulgaridad de los ricos, los cataclismos de la industria, la miseria galopante, la explotación desnuda, el apocalipsis ecológico… No se nos priva de nada, ni siquiera de estar informados de ello… Todas las razones están reunidas, pero no son las razones las que hacen las revoluciones, son los cuerpos. Y los cuerpos están delante de las pantallas».. Otra dependencia, como en Yo, adicto.. Estamos en la sociedad de la adicción. Tu cerebro se vuelve dependiente de la dopamina: si no la tienes, eres un yonqui. Y poder detenerse tiene un trasfondo de clase: si no tienes tiempo no gozas del privilegio de pararte y preguntarte cómo te sientes. Vivimos en la solución rápida: tómate una pastilla y se te quita el dolor de cabeza, tus problemas se terminan si te compras este coche, la satisfacción rápida y la consumición de cuerpos y de sexo. Todo es fast food. Somos culpables y víctimas todos: la experiencia que se ofrece al espectador cada vez es más fácil de digerir. Lo que me mola del teatro, y más cuando no me acaba de gustar la obra, es que te quedas ahí y te preguntas: ¿qué pasa? ¿Qué es lo que no me interesa de este tema? Estoy aprendiendo algo de mí a través de la frustración y del aburrimiento.. ¿Cómo es para usted el oficio familiar? ¿Se podría comparar a un negocio, no sé, una frutería?. Es una práctica familiar, inmaterial: la frutería no existe, no existe la fruta, existe el saber recoger fruta. Yo no soy un genio, no me parte un rayo en mitad del desierto: necesito currar. Soy bueno en cagarla, tragarme el haberla cagado, y perseverar. Así me lo recuerda mi padre. Los poetas somos los agricultores del espíritu, como decía Nietzsche, y por eso somos clase obrera.. Volviendo a la tesis de la película: la política, ¿atraviesa al resto de las cosas?. Me viene una frase de Godard: «¿Qué es el cine? Nada. ¿Qué quiere? Todo. ¿Qué consigue? Un poco». Cuando Malévich hace ese cuadro blanco está diciendo metafóricamente: «chicos, ¿nos preguntamos un poco qué es el arte?». Es como si la poética hiciese las preguntas y la política -la de la polis, no la de los políticos- las pudiese hacer materia. El arte necesita algo que todo el mundo pueda cantar. Bread and roses [himno sufragista de principios del siglo XX] es una metáfora perfecta. O lo de Lorca: «Medio pan y un libro». Incluso en la serie más tonta de cualquier plataforma esto viene dado. De alguna forma, todo es importante, excepto si es para venderte algo.. Con Oriol Pla y Marina Salas. Estreno: 30 de octubre.
La Lectura // elmundo
Primer actor español en ganar un Emmy Internacional, Oriol Pla regresa al cine con Esta soledad, una historia de desamor en la precariedad: «Lo que mola es salir del teatro o del cine y observar en la calle lo que nos han contado en la sala» Leer
Primer actor español en ganar un Emmy Internacional, Oriol Pla regresa al cine con Esta soledad, una historia de desamor en la precariedad: «Lo que mola es salir del teatro o del cine y observar en la calle lo que nos han contado en la sala» Leer
