El 7 de octubre de 2020, ese año loco que nos trajo una pandemia, cambiaría para siempre la vida de Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990). Pero no fue por el covid, ni porque estuvieran ya en marcha la publicación de su celebrada primera novela, Los nombres propios (Sexto Piso), o su poemario La edad ligera (Rialp), accésit del Premio Adonáis. Sino porque ese día de otoño la escritora estuvo a punto de morir por una intoxicación de monóxido de carbono -gas incoloro, inodoro e insípido que provoca la llamada muerte dulce- debido a una caldera en negligente mal estado de mantenimiento.. «Más que una idea, contar cómo lo viví fue una necesidad. No me apetecía escribir sobre ello, pero inevitablemente, en el proceso de asumir ese trauma, yo, que soy escritora, he acabado escribiendo», explica a La Lectura sobre la génesis del resultado literario de esa brutal experiencia, Oxígeno (Alfaguara), un libro híbrido y fragmentario que narra en una intimista y visceral primera persona lo que la escritora recuerda y lo que no de aquel día, salpicando por doquier recuerdos de infancia y juventud, datos médicos, noticias periodísticas y reflexiones sobre la vida, la muerte y el paso del tiempo.. La literatura de Jiménez Serrano, que completa el libro de relatos No todo el mundo (Sexto Piso) siempre se ha caracterizado por explorar temas de como la identidad, el amor y las relaciones personales contemporáneas con un enfoque generacional y un toque autobiográfico, pero en Oxígeno la escritora va un paso más allá y construye el libro desde una vivencia personal y con nombres propios, sin máscaras de ficción, lo que no quiere decir sin herramientas literarias.. «La estructura fue lo primero que vislumbré, tenía muy claro que el libro iba a empezar conmigo desmayándome y terminar conmigo abriendo los ojos», explica la autora, quien reconoce que intentó escribir en tercera persona antes de asumir que no tenía sentido. «Era verdaderamente algo que me había ocurrido a mí, y al final lo resolví planteándome que si fuera una película sería un falso documental. Hay algo deliberado en el juego de decirle al lector que todo lo que le estoy contando es verdad, que se lo voy a dar crudo, sin masticar. El ejercicio literario es esa tensión entre narración y verdad», asegura.. Alfaguara. 160 páginas. 18,90 € Ebook: 7,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Sin embargo, en casos así, siempre queda la duda sobre cómo lidiar con la exposición, dónde poner la frontera de la intimidad. «En determinado momento te preguntas: ‘¿A quién le interesa mi vida?’. Y debes entender que tú eres lo de menos. Cuando comprendes que tu vida no le interesa a nadie, que tu relación de pareja es como cualquier relación de pareja, o tu experiencia cercana a la muerte como cualquier otra experiencia cercana a la muerte; es decir, cuando ves lo universal que hay en tu historia, entiendes la clave», reflexiona la escritora. «Para escribir de una misma desde el yo hay que despojarse de la vergüenza, pero sobre todo de la vanidad, que son lo mismo. Lo que cuentas debe estar al servicio de la historia».. «Ser consciente de la muerte asusta y libera al mismo tiempo. Es aterrador, pero te hace dejar de preocuparte por lo que no puedes controlar». Y la historia de Oxígeno es la de una mujer, Marta, quien tras un encontronazo frontal y fortuito con la muerte comienza a desarrollar miedos, unos nuevos y otros ya latentes, y a echar la vista atrás para reflexionar sobre su vida y su pasado. «Principalmente, los flashbacks me llevan. a mi infancia y juventud, a mis primeros contactos con la muerte, y también exploro mucho mi relación de pareja porque creo que el lector necesita empatizar con los personajes que viven ese suceso, entender quienes eran y quienes son tras ocurrir aquello, pues un momento epifánico, en este caso, estar al borde de la muerte, pone en crisis todos los aspectos de tu vida», opina la escritora.. En este devenir reflexivo y evocador en. el que, como decimos, alterna fragmentos de todo tipo, Jiménez Serrano reflexiona sobre el sentido de casi todo, desde la vida a la propia ficción. «He descubierto que tendemos a racionalizarlo todo, pero creo que toda ilusión de sentido es una fantasía», sostiene. «Es decir, la misma vida siempre ha sido fragmentaria, y somos nosotros los que le damos un orden, marcamos fechas señaladas, criterios temporales… Pero en realidad, cuando te pasa algo así, te das cuenta de que no hay sentido, de que se supone que te tienes que morir ya de viejo, pero te puedes morir en cualquier momento. Y eso es, por un lado aterrador y, por otro, te hace dejar de preocuparte por lo que no puedes controlar».. «Pensamos que la muerte es el final del juego, pero en realidad es parte de las reglas. Sin ella la vida no sería como la conocemos». Sin dejar de ser una narración epifánica y un viaje de autodescubrimiento, Oxígeno no se agota simplemente en esto. En el libro subyacen también otros temas que se van imbricando en los recuerdos cotidianos de una vida normal, como una interesante reflexión generacional y, de forma especial, el agudo problema de la vivienda que asola nuestra sociedad. «En lo que respecta al cambio generacional, creo que muchas veces nos referimos a la época de nuestros abuelos como si hubiera un abismo, cuando históricamente no es nada. En el fondo, estamos viviendo en un mundo parecido. La típica pregunta de si vivimos mejor o peor responde, creo, a una ilusión de progreso, de linealidad del tiempo y de sentido que no es tal», afirma la escritora.. «Vivimos mejor en muchísimas cosas. Somos una sociedad más tolerante en la que las mujeres o los homosexuales tienen más derechos y, especialmente, uno es hoy más libre de tener la vida que quiera», remacha la autora, que en el libro hace un pararlelismo entre su vida y la de su abuela, que se tuvo que casar y tener hijos, y que siempre vivió en la misma casa. Hoy podemos elegir más cosas, otras vidas distintas, y aunque hay problemas nuevos, como los del trabajo o la vivienda, no sé si significa que vivimos peor que antes».. Marta Jiménez Serrano hace unos días en Madrid.Sergio González Valero. Ahondando en éste último aspecto,. que centra muchas páginas de un libro en el que se habla de alquileres abusivos, condiciones draconianas y mudanzas precarias, la escritora apunta que más allá de lo económico o lo social «muchas veces se nos olvida la perspectiva humana y cotidiana de las cosas que estamos aceptando. Como la vivienda es una propiedad privada hemos pasado a hablar de ella, de venderla y alquilarla, como si fueran camisetas», reflexiona.. «Y si la vivienda es un derecho universal, si lo que estás vendiendo o alquilando a la gente es su hogar, hay que tener en cuenta otra serie de consideraciones», apunta. «Desde luego la seguridad y la habitabilidad de los espacios, pero si uno está pagando un alquiler y además muchas veces muy elevado, la casa debería a todos los efectos ser suya. Deberíamos tener derecho a colgar cosas en las paredes, a tener mascota, a hacer fiestas, en fin, lo que nos dé la gana», denuncia.. Otros aspectos contemporáneos que aborda Oxígeno son la incomunicación y la racionalización de una sociedad que obliga a puntuar el dolor pero es incapaz de escucharlo. Al abordar las secuelas del incidente, Jiménez Serrano relata como de cara al parte del seguro le hicieron valorar su sufrimiento. «Resulta que hay una escala para el trauma y esto creo que es consecuencia de que vivimos en una sociedad muy cientifista acostumbrada a puntuarlo todo, de las películas a las comidas… Pero hay muchas cosas que no se pueden abordar con las herramientas de la ciencia», defiende. «Creemos que todo tiene una posible mirada objetiva, pero no. Esto enlaza con la incapacidad de decir que estamos mal o de escuchárselo a otro. A veces alguien nos cuenta un problema y queremos arreglarlo, pero hay cosas que no se solucionan, que sólo el hecho de decirlas, de expresarlas, ya está gran de la sanación. Debemos escuchar».. «Vivimos en una sociedad muy cientifista acostumbrada a puntuarlo todo, y creemos que todo tiene una verdad objetiva, pero no es así». Pero más allá de estas tramas tangenciales, la novela es una reflexión sobre la muerte, su imprevisibilidad y aleatoridad que, paradójicamante, o quizá no tanto, termina siendo un canto absoluto a la vida. «Es el paso natural. A veces pensamos que la muerte interrumpe la fiesta, pero no, es parte de las reglas del juego. Y cuando uno interioriza e integra esto puede relacionarse con la vida de otra manera», afirma Jiménez Serrano. «Sentir de forma no racional el concepto de finitud te lleva a dos opciones: deprimirte o conectar con la vida, con el asombro diario. Y en ese punto de asumirlo de forma saludable estoy yo», confiesa. «. «Tras una época deprimente y horrible ahora estoy más conectada con el presente y creo que esta experiencia me ha ayudado a encontrar la paz y el equilibrio, la felicidad en el día a día, que es lo único que tenemos», reflexiona la autora. «Vivimos en una sociedad muy obsesionada con tener una vida feliz y yo creo que lo relevante es tener una vida que sea nuestra, que estemos en paz con la vida que estamos teniendo, que a veces será feliz y a veces no lo será».. Así hoy, más de cinco años después de aquel incidente, la escritora se siente otra persona y considera que hablar de este libro tiene, incluso, un punto catártico. «Mientras lo escribía pensaba que no podría hacer promoción, porque todavía había cosas que me daban mucha angustia, pero ahora me parece un punto final. Cuento una relación de pareja que ya no existe, miedos que ya no tengo, hago un análisis de la hipocondría que ya no siento, hablo de abuelos que ya no están…», enumera Jiménez Serrano. «Es como si el libro fuera todo un recorrido que hubo que vivir para llegar al final y eso me hace pensar que la literatura es uno de los pocos lugares en los que podemos compartir un proceso y no el resultado final. Cuando lo terminas y lo cierras, de algún modo ya no es tuyo, es de los lectores, y en ese despojamiento hay también una liberación».
La Lectura // elmundo
Tras el éxito de su debut ‘Los nombres propios’ y de los relatos de ‘No todo el mundo’, la escritora sublima su estilo literario en ‘Oxígeno’, donde narra en una intimista primera persona una experiencia cercana a la muerte. «Vivimos en una sociedad demasiado obsesionada con tener una vida feliz» Leer
Tras el éxito de su debut ‘Los nombres propios’ y de los relatos de ‘No todo el mundo’, la escritora sublima su estilo literario en ‘Oxígeno’, donde narra en una intimista primera persona una experiencia cercana a la muerte. «Vivimos en una sociedad demasiado obsesionada con tener una vida feliz» Leer
