En la madrugada del 24 de febrero de 2022, una caravana destartalada sale de Kyiv con trece extranjeros encerrados. Creen que participan en una suerte de escape room rumbo a una fiesta pagana en el bosque, como parte del circuito romántico que han contratado para encontrar pareja en Ucrania. En la cabina viajan las tres secuestradoras. Yeva, una experta en moluscos con pensamientos suicidas, ha convertido el vehículo en un laboratorio con ruedas para rescatar caracoles terrestres amenazados de extinción, misión que financia sirviendo de novia de relleno en los actos de la agencia «Romeo conoce a Yulia». Las otras dos son hermanas, Nastia y Sol, también colaboradoras de la agencia. El rapto es idea de la menor, Nastia, a la que su hermana se suma a regañadientes: con él buscan denunciar ese negocio sexista, además de atraer la atención de su madre, desaparecida, activista de un grupo feminista inspirado en Femen. Ninguna previó que esa misma madrugada la atención del mundo se centraría en una invasión.
Maria Reva, nacida en Ucrania y criada en Canadá, debutó como novelista con esta obra, incluida en la lista larga del Booker, después de un libro de relatos inspirados en la época soviética. Aquí hace converger con humor dos formas de soledad: la de los últimos ejemplares al borde de la extinción y la de los solteros occidentales que buscan pareja tradicional en el mercado eslavo, una de esas presas «con piernas de antílope y ojos felinos». Reva pone la lupa en este mercado, que ha continuado explotando las desigualdades incluso durante la invasión rusa, para satirizar los tópicos machistas. En medio de esa simplificación trabaja por necesidad Yeva, cuya peculiaridad pasa por su asexualidad y por su entrega a frenar la extinción de especies. Mientras ha consagrado su vida a que otros animales logren reproducirse, se resiste a que la midan socialmente por esa misma obligación.
La industria casamentera ucraniana, una versión de colonialismo contemporáneo, como podría ser la de la maternidad subrogada, proporciona una fuente de equívocos inagotable. La novela encuentra su mejor sarcasmo cuando muestra que los clientes pagan por una historia en la que aspiran a verse como protagonistas entre mujeres que buscan afecto, ingresos o posibilidades de movilidad. Pasha, ingeniero de origen ucraniano llegado de Canadá, es uno de ellos. Vuelve al país de su infancia para recuperar la vida que cree que le arrebataron. Su compañero de aventura, Bertrand, emprendedor tecnológico, combina el cortejo con la búsqueda de mano de obra (barata) y modelos para su negocio. Cada cual ha llegado con un país imaginario en su cabeza. Hay una fantasía en el relato de solteros y caracoles: ¿rescatar a alguien da derecho a decidir sobre sus vidas?
Mientras Reva ha consagrado su vida a que otros animales logren reproducirse, se resiste a que la midan socialmente por esa misma obligación
Al cierre de la primera parte, Nastia quiere creer que las explosiones y las luces en el cielo son fuegos artificiales. Entonces se abre una grieta en la novela por la que asoma una narradora llamada Maria Reva, instalada en el desván de sus padres cerca de Vancouver, que discute con su agente neoyorquino y clausura el relato con un falso final y unos agradecimientos donde también se cuela la ficción. La invasión interrumpe el manuscrito. La catástrofe, que desde 2014 ya asolaba las autoproclamadas repúblicas del Este donde Yeva rescataba caracoles, alcanza ahora a quienes todavía podían organizar la vida con cierta normalidad. Quien escribe se pregunta si puede hacerlo sobre una guerra contemplada en pantalla, con lugares conocidos bombardeados o inundados tras la voladura de la presa de Kajovka. Desde esta disyuntiva, el secuestro delirante se alterna con la escritura de la impotencia que impone la distancia. Los dos planos se entrelazan cuando la fundadora de la agencia (y doble de la autora) ofrece noticias de la madre de Nastia y Sol a cambio de que evacuen a su abuelo de Jersón, al que no consiguen convencer de dejar su apartamento. La mezcla de farsa y horror se integra en las escenas del rodaje de la propaganda rusa, que construye estampas de liberación de ucranianos de los nazis a la manera de Donbass de Serguéi Loznitsa.
Últimos especímenes antes de la extinciónes una novela ambiciosa e irregular, más persuasiva cuando encarna sus dilemas que cuando los glosa con una ficción que se extiende desmesuradamente en las peripecias de la caravana, dividida entre llevar a los solteros secuestrados a la frontera o salvar un caracol. Los personajes llegan con rasgos, metas y ansiedades sobreexplicados, y de poco sirve que el propio libro parodie la sobreexplicación —el agente que exige arcos emocionales, aquel falso final—: hacerla a propósito no la vuelve más llevadera. La primera ambición, abordar los estereotipos que Occidente proyecta sobre los países de Europa del Este, no se pierde cuando la acción se vuelve road movie bélica, sino que se traspone: el director de la propaganda y el mercado editorial exigen, cada cual a su escala, la misma mentira bien cosida. Fuera de la novela, esos estereotipos persisten a la hora de opinar sobre Ucrania y darlo por un país sin agencia ni aspiraciones propias, como una de esas novias a la carta que solo logrará un futuro mejor si acepta la oferta de un desconocido en una fiesta organizada.
Traducción de Francisco González López. Feltrinelli. 400 páginas. 23,90 € Ebook: 12,99 € Puede comprarlo aquí
Estas relaciones cruzadas sí dan un contrapunto pertinente a un desgarro que dura y del que no tenemos atisbos de resolución. Mientras, la autora encuentra en los hábitos cotidianos un acto de resistencia que comparte con sus compatriotas, cuando viaja a Ucrania: «Mi hermana y yo seguimos con nuestras rutinas. Íbamos a la peluquería, a la ópera. Comíamos pasteles. Los actos más pequeños eran como un desafío, un corte de mangas a los agresores que intentaban arrebatarnos la alegría. (…) para bien o para mal, yo creía tener el control sobre la distancia que me separaba de la guerra. ¿Acaso no tenemos todos fantasías de este tipo, incluso (o sobre todo) en tiempos de paz?»
La Lectura // elmundo
La industria ucraniana del emparejamiento es fuertemente criticada en Last Specimens Before Extinction (Feltrinelli), una novela humorística y ambiciosa de Maria Reva, que fue finalista del Premio Booker. El libro entrelaza un desastroso secuestro con la invasión rusa de Ucrania.
La industria ucraniana del emparejamiento es fuertemente criticada en Last Specimens Before Extinction (Feltrinelli), una novela humorística y ambiciosa de Maria Reva, que fue finalista del Premio Booker. El libro entrelaza un desastroso secuestro con la invasión rusa de Ucrania.

