La vida adulta, según el imaginario clásico, empieza con un trabajo, una casa y cierta estabilidad. Pero la realidad dista mucho del guion idílico, y más si eres una animadora que intenta abrirse hueco en el panorama creativo. ¿Ser joven en España? Divertido, sí, pero también agotador: trabajas, estudias y a menudo te explotan. ¿Hacienda? Plumazo. ¿Comprarse una casa? Misión imposible.. En Cómo convertirse en un ser (casi) funcional (Random Comics), María del Castillo convierte en viñetas lo que su generación arrastra: precariedad, comparaciones en redes, relaciones torcidas, viajes infernales en transporte público, la imposibilidad de pagar un alquiler y decisiones vitales que a los veintipocos parecen más que definitivas (aunque no lo sean). Pertenece a la generación que comparte su vida en redes. Solo que ella no enseña el rostro: se expresa a través de un alter ego animado, un personajillo simpático, minimalista y sin cuello, su doble creativo bajo la firma MACAS, que ahora ha saltado de la pantalla a la viñeta.. En realidad, que un personaje no tenga cuello no fue una decisión estética premeditada, sino un accidente. MACAS nació en una práctica de clase de diseño de personajes, cuando tenía que dibujar páginas autobiográficas. Los cuellos, admite, nunca fueron su punto fuerte. «Fue sin querer y ya tenía un personaje con la cabeza flotando», explica. De clase pasó a las redes, pero no fue un proceso fácil. «Me daba mucha vergüenza. No lo quería subir. Estaba yendo al psicólogo en esa época y le decía: ‘He hecho este vídeo y me apetece subirlo, pero me da vergüenza’. Y me dijo: ‘Vale, pues la próxima sesión tiene que estar subido’. Pasó el mes: era un martes a las doce de la noche, al día siguiente tenía sesión y todavía no lo había subido. Lo subí para librarme de la reprimenda… y en una sola noche se hizo viral», detalla.. «Veía a animadores de Estados Unidos que subían vídeos a YouTube y pensaba: ‘Yo también puedo hacer esto’. Era un dos por uno: construía portfolio y, con suerte, sonaba la campana», cuenta. La campana sonó: su personaje animado empezó a circular, la audiencia creció (actualmente reúne cientos de miles de seguidores entre TikTok e Instagram) y esa visibilidad terminó abriéndole la puerta a dibujar un cómic. Cuando su editor le propuso el proyecto, aceptó casi al momento: la idea de hacer un libro llevaba tiempo rondándole. Solo quedaba decidir qué contar. No partió de una trama lineal, sino de un inventario de preocupaciones. «Podía escribir de lo que quisiera. Pensé que tenía sentido dividirlo en capítulos autoconclusivos, un poco como los vídeos, y que cada uno tratara de lo que le ronda a la gente en la cabeza», recuerda. Se sentó a anotar dudas, miedos y escenas cotidianas de su vida como veinteañera.. De ahí salió la arquitectura del libro: piezas breves, cerradas sobre sí mismas, casi sketches. Son 120 páginas de lectura ágil, para leer de una sentada, donde la ansiedad práctica convive con el remate humorístico. Aunque el proyecto se cerró con meses de margen, la ejecución fue a contrarreloj. Consecuencias de acabar la carrera y trabajar como autónoma en redes. Terminó dibujando buena parte del libro en verano, en jornadas de ocho y hasta 10 horas seguidas, tachando páginas en una pizarra como quien marca etapas de supervivencia. La obra arranca con el gran clásico de cualquiera que esté intentando «ser adulto» en España: Hacienda. No como metáfora, sino como villano literal: es un personaje que reparte golpes y la persigue hasta en sueños. «Fue idea de mi padre», cuenta. «No sabía cómo empezar el cómic y me dijo: ‘pégate con Hacienda’. Cuadraba totalmente». Hay un hilo que aparece varias veces: venir de un pueblo pequeño y aterrizar en Madrid para estudiar. La universidad como shock social (para bien). El descubrimiento no es solo académico, también identitario: afinidades nuevas, intereses compartidos y la sensación de encontrar, por fin, tu nicho. No todo le ha resultado fácil de autobiografiar.. Hay experiencias (amistades que se enfrían, grupos que se rompen y relaciones fallidas) que le generaron dudas durante el proceso. «No sabía si me iba a arrepentir de contarlo, pero bueno, le han puesto los cuernos a mucha gente, ¿no?», ríe. El miedo al oversharing (sobreexposición) apareció justo antes de publicar, pero cuando empezaron a llegar mensajes de lectores reconociéndose en las viñetas, la duda se desvaneció. Entre los temas que más se repiten está la comparación constante: con antiguos compañeros, con trayectorias ajenas, con vidas aparentemente resueltas vistas a través de la pantalla.. En una de las viñetas formula así esa ansiedad comparativa: «Tengo que admitir que las redes sociales son un problema de salud mental. No me comparo con influencers, pero sí que me raya seguir la vida de gente que conozco de pasada. Sé que te has ido de vacaciones a Grecia y que todos los días sales al campo con tu perro. Lo peor es que voy a comparar mi vida con la tuya: tenemos la misma edad y llevamos los mismos años trabajando. ¿Por qué has podido independizarte y yo no? No debería ser una carrera, pero a veces no puedes evitar sentir que estás perdiendo». Como creadora visual, observa con cautela el avance de la inteligencia artificial en lo creativo. Le reconoce utilidad para lo técnico, pero marca una frontera en lo expresivo.. Delegar la ejecución mecánica puede ayudar; delegar la intención, no tanto. «Para lo técnico puede hacerte la vida más fácil, y eso puede estar bien. Pero para lo creativo (escribir guiones, textos, conceptuar, animar) no pinta mucho. Le quita todo el propósito de crear», admite. A día de hoy le resulta extrañísimo que haya gente leyendo su libro. La exposición pública tiene un matiz curioso en su caso: quien es reconocible no es ella, sino su alter ego dibujado. El personajillo sin cuello circula, se comparte y se reconoce; María, en cambio, no.. Acostumbrada a hablar desde el dibujo, no desde el escenario, enfrentarse a una sala llena de lectores atentos le resultó extraño. «Me daba cosa que hubiese tanta gente solo para verme», admite. En una de las presentaciones llegó a bromear con el público: no hacía falta que la miraran todo el rato. Quien empezó dibujando para no exponerse hoy firma un cómic y conecta con lectores que comparten sus mismas dudas prácticas. El plan ahora es seguir ampliando el mundo del personajillo sin cuello y acercarse (viñeta a viñeta y animación a animación) a la modesta meta de ser una adulta (casi) funcional: «Sobrevivir como se pueda sin que la vida te consuma».
La Lectura // elmundo
La autora publica ‘Cómo convertirse en un ser (casi) funcional’, un cómic generacional que convierte en viñetas la ansiedad de hacerse adulto Leer
La autora publica ‘Cómo convertirse en un ser (casi) funcional’, un cómic generacional que convierte en viñetas la ansiedad de hacerse adulto Leer
