La ocurrencia del Vaticano de encargarle un libro a un ateo.. Llevamos meses debatiendo si lo católico está o no de vuelta, si hay una nueva mirada sobre Dios, la fe o incluso la Iglesia, y dotando el debate de un componente generacional, enfocado en los millennial y la Generación Z, que quizá tenga. Pero el libro que probablemente más nos ha hablado de este fenómeno no estaba firmado por uno de ellos sino por Javier Cercas, que pertenece a la generación quizá más atea y anticlerical de España -seguramente por razones comprensibles-: la del baby boom. El loco de Dios en el fin del mundo es un prodigio por muchas razones, y la primera de ellas es su génesis: la ocurrencia del Vaticano de encargarle un libro sobre el Papa Francisco a un ateo y anticlerical radical como Cercas. Y la ocurrencia de Cercas de decir que sí. Su don literario ya había quedado de sobra patente en otras de sus obras, pero con este artefacto -que es como llaman los snobs a los libros que no saben clasificar, como este, que ni es novela ni ensayo, ni autoficción ni libro de viajes- ha demostrado algo más importante aún: su humildad. Su capacidad de vivir y escribir contra sí mismo y contra sus propios prejuicios. De trascenderlos por una madre enferma a la que hay que quitarle la duda de si, cuando muera, va a volver a ver a su marido.. La gran crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo que tanto repudiaba el autor italiano. El pasado mes de noviembre se cumplieron 50 años del asesinato de Pier Paolo Pasolini. Se culpó a un chapero adolescente y a la mala vida del genio, pero a día de hoy aún existe una gran sombra sobre lo que ocurrió aquel día en Ostia. Y muchos dicen que tiene que ver con Petróleo, el libro que Pasolini se encontraba escribiendo en aquel momento -cuando el cineasta y escritor italiano tenía 53 años-, que la editorial Nórdica acaba de reeditar en España. Petróleo estuvo 17 años en un cajón, hasta que la sobrina de Pasolini decidió sacarlo a la luz, a pesar de ser una novela incompleta. Y resultó ser un despliegue de la genialidad de Pasolini, de todo lo que lo hacía uno de los grandes genios del siglo XX y, también, uno de los más peligrosos. Petróleo es una crítica -una gran crítica- al capitalismo y a la sociedad de consumo que tanto repudiaba Pasolini, es una novela y al mismo tiempo es un ensayo, es a ratos un delirio sexual, como los que plasmó en Saló o los 120 días de Sodoma y otros ensayos de corte político. Miguel Dalmau, el último biógrafo español de Pasolini, lo llama El último profeta. A mí me parece que el apodo no puede estar mejor escogido, ya que el italiano adelantó como nadie lo que vendría, en formato novela, artículo periodístico o cinta. Y Petróleo es, quizá, su profecía más triste: la de una sociedad libérrima pero que se encarga de eliminar a todos los que señalan sus barrotes y sobre todo al carcelero. Una profecía que acabó cumpliéndose en sí mismo.. Tiene el valor testimonial de una buena investigación. Reconozco que al leer este libro me surgía una pregunta. ¿Es más opresivo para las mujeres ponerse un velo sobre la cabeza que enfrentarse a una operación de aumento de pecho donde arriestas la vida? Diva virtual acaba de ser traducido al español. Su autora, Ellen Atlanta, ha escrito un ensayo con un gran valor testimonial. Era una chica treintañera cuyo trabajo era asesorar en su empresa al departamento de marketing para captar a clientes de la generación Z. Un día, en el desierto de Tabernas, mientras desarrollaba una aplicación que consistía en volcar fotos del trabajo de cirujanos plásticos, como feminista que era, se dio cuenta de que no podría trabajar en una industria que fomentaba inseguridades de las mujeres para después paliarlas. Y escribió Diva virtual. Es un libro de terror. Cualquiera va a encontrar pasajes donde se va a tener que parar. Ofrece datos y testimonios sobre la presión estética que sufren mujeres y niñas. Son alucinantes. Sobre todo en relación a las redes sociales. Durante su lectura sentía algo muy feo que es dar las gracias por tener hijos varones. Lo niños no van a tener que enfrentarse a la presión estética. Es rémora que tenemos las mujeres. Es donde me doy cuenta de que vivimos peor que nuestras abuelas.
La Lectura // elmundo
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