Una de las líneas de puntos que une a los escritores Mar Gómez Glez, Isaac Rosa, Esther F. Carrodeguas y David Uclés es el Programa Leonardo, el sistema de becas a la investigación y la creación que la Fundación BBVA lanzó en 2004 y que concede ayudas de 50.000 euros para científicos, profesionales y artistas de entre 30 y 45 años, con su carrera profesional ya en marcha. Gómez Glez, Rosa y Uclés han sido becarios Leonardo; Carrodeguas, que también es directora y productora teatral, lo es en el curso 25/26. Y, este otoño, los cuatro escritores se encontraron en la sede de la Fundación BBVA en Madrid para explicar el empujón que supuso para ellos entrar en el programa Leonardo y lo que dice este trabajo de la sociedad, del arte y de la investigación científica en la España de 2025. ¿Qué significa la inserción de escritores de teatro y ficción como ellos en un entorno lleno de científicos? ¿Qué dicen sistemas de patrocinio así de la economía del arte?. Un dato importante: los cuatro escritores participantes en el coloquio recibieron ayudas de la Fundación BBVA dirigidas a la creación de una obra de arte, pero los cuatro tuvieron que justificar su solicitud con estructuras y formas parecidas a las que emplean los científicos. «Las becas de creación conviven con becas de investigación pura, becas de ciencia y de tecnología», explicó Uclés. «Eso nos obligaba a presentar nuestros proyectos muy sistematizados, a darles una estructura, unos plazos y una serie de elementos que son relativamente sencillos de hacer en otros campos, pero que en el caso de la creación artística se nos resisten, o eso parece, porque suponen hacer un proyecto de algo que tenemos como una cierta intuición, como un proceso de intenciones, pero que no sabemos dónde llegará. Y, sin embargo, tenemos que darle forma de proyecto equiparable a lo que sería una investigación científica».. Lo primero, casi como una cortesía, consistió en explicar en qué consistieron los proyectos que eligió la Fundación BBVA. En qué consiste, en presente, en el caso de Esther F. Carrodeguas, que todavía tiene el trabajo en marcha: «Mi proyecto parte de las madres de la droga en Galicia, sobre el grupo que luego se consolidó en la Fundación Érguete y que cambió la imagen del narcotráfico y la drogadicción que había en los años 80. La idea consiste en relacionar a las madres de la droga con madres que consiguieron grandes cosas, como las madres de Plaza Mayo, por poner el ejemplo más emblemático», explicó la dramaturga gallega. «A partir de estas luchas de madres, de esas heroínas comunes, cotidianas, intento entender cómo cambian las cosas desde abajo, desde los movimientos de base. A estas mujeres se les permitió luchar porque eran madres y parecían inofensivas». Carrodeguas, por si no queda claro, trabaja en una obra de teatro que es también una investigación histórica.. «En mi proyecto escribía una historia sobre una sociedad distópica en la que aparecía una enfermedad que consistía en que la gente no podía recibir dinero», continuó Mar Gómez Glez. «Era una enfermedad como la anorexia. Igual que las personas anoréxicas no pueden comer, estas personas eran incapaces de recibir dinero y entraban en unos centros de rehabilitación. Y eso tenía que ver con la gente que decide dejar un trabajo para hacer otra cosa que no está tan bien retribuida y, en realidad, tenía mucho que ver con mi vida, porque yo en ese momento estaba en Estados Unidos y tenía muchas ganas de volver a España. Era un salto al vacío, porque yo tenía un trabajo allí. Tuve la suerte de recibir la beca Leonardo y eso me permitió volver a España». La beca Leonardo de Gómez Glez se convirtió en otra obra de teatro: Síndrome de Sócrates (2017).. Isaac Rosa también llegó a la Red Leonardo en 2017, 13 años después de publicar El vano ayer, la novela con la que despegó su carrera. «Gracias a la beca, escribí Feliz final (2018), una novela sobre amor y desamor. Siempre hacía una broma: mi título de trabajo era Amar en tiempos revueltos, porque la novela tenía que ver con la manera en que nos amamos y desamamos en este tiempo. La beca me permitió salir de un bloqueo de varios años en los que me sentí incapaz de escribir una novela. En parte fue por problemas creativos y en parte por una mezcla de situaciones familiaresy laborales, de deberes que tenía que atender y que no me dejaban la tranquilidad para escribir una novela. La beca me dio el tiempo y la capacidad de entregarme a un proyecto durante un tiempo y me impuso el compromiso de terminar un texto. Fue un empujón muy importante para poder construir la estructura de la novela y también para dar con la forma».. El último caso, el de David Uclés, fue especialmente interesante porque su beca Leonardo se convirtió en La península de las casas vacías (Siruela), el gran best seller literario del año 2024. «El proyecto que presenté fue una novela que pretendía contar toda la Guerra Civil, en toda la península. La beca me ayudó muchísimo a ir, a estar en esos lugares a los que iban mis personajes. La novela ya estaba avanzada cuando me presenté a la beca, pero no tenía la capa antropológica que pude añadirle. Sin la beca, sin ese viaje, no habría sido posible la explosión del libro ni tendría esa pátina sociológica, histórica. Estaría mucho más cerca de la ficción que de la novela histórica o del ensayo».. Otra línea de puntos se intuye entre sus cuatro proyectos y se inserta bien en el sentido del programa Leonardo: la novela de Uclés podría haber sido un libro de Historia; el de Rosa, una investigación en el ámbito de la Sociología, igual que la obra de teatro Mar Gómez Glez; y la investigación de Esther F. Carrodeguas suena parecida a libros de no ficción como los de Patrick Radden Keefe, a medio camino entre el periodismo de investigación y la Historia, aunque nazca como una obra de teatro. Todos los trabajos son creaciones artísticas pero, de alguna manera, se parecen a trabajos de investigación en ciencias sociales. ¿Se reconocen los cuatro autores en esa coincidencia?. En resumen, sí. «Pertenecemos a una generación que empezó a crear a partir de la Segunda Guerra Mundial y todavía tenemos esta idea de Adorno que dice que el arte es la vida otra vez. El arte nos permite la libertad estética y formal, pero hay una preocupación sociopolítica muy fuerte detrás de nuestro trabajo», dijo Mar Gómez Glez. «Cualquier obra artística lleva detrás muchísimo trabajo. Lo que se ve es la punta del iceberg. Y yo creo que estas becas reconocen ese trabajo que hay debajo, afortunadamente. Porque no es verdad que los artistas podamos sacarnos las obras de la chistera».. Isaac Rosa siguió con ese hilo: «Buena parte de los investigadores, de los sociólogos, historiadores y antropólogos que a mí más me interesan cruzan esa frontera a menudo y toman muchos recursos y muchos materiales de la creación artística. De la misma forma, nosotros creamos haciendo incursiones en la ciencia. En mis novelas, la lista de agradecimientos del final suele ser una ristra de nombres de pensadores, de sociólogos, de antropólogos y de historiadores sobre los que yo construyo mis novelas. Yo escribo a hombros de todos esos que han pensado, que han investigado, que han trabajado, pero me interesa la posibilidad siempre de darle forma narrativa a lo que están investigando otros. Al ganar la beca, formamos parte de una cantera no solo de creadores de las letras, sino de investigadores y de científicos».. Esther F. Carrodeguas, Mar Gómez Glez, Luis Alemany de EL MUNDO, Isaac Rosa y David Uclés.ALBERTO DI LOLLI. «Mis obras de teatro son reportajes periodísticos que tienen forma de obra de teatro, y tienen que ver con cómo yo entiendo la realidad y cómo yo la cuento, cómo me la cuento a mí misma. Tengo una anécdota que simboliza esto: cuando estaba estudiando Periodismo, en el primer examen de Historia, yo pensé que iba a sacar un notable o un sobresaliente, pero suspendí. Fui a la tutoría y protesté y la profesora me dijo: ‘Es que la Historia no se cuenta como usted la cuenta’. Y yo no lo entendí. Me enfadé mucho. Muchos años después, hice una obra, Iribarne, y me di cuenta de que sí, la Historia sí se puede contar como yo la cuento, solo que no en un examen de Historia, sino en una obra de teatro. Creo que mi manera de contarme la realidad y mi discurso propio mental tienen que ver con la creatividad. Para mí sería muy difícil hacer una tesis doctoral con la misma información, con las mismas lecturas y con el mismo trabajo, sólo que en un lenguaje científico al 100%, y manteniendo una estructura que no tiene que ver con mi cabeza. Mirad mi pelo, un poco así está mi cabeza por dentro también».. ¿Y no existe el riesgo de la demasiada ciencia? ¿El riesgo de que la investigación ahogue la creatividad y el anhelo de escribir bellamente? «Después de terminar la tesis doctoral, lo pasé muy mal tratando de escribir teatro y ficción. Claro, la cabeza estaba estructurada para recoger muchísima información y eso era un desastre para la literatura», recordó Mar Gómez Glez. «¿Por qué elegimos el arte como forma de expresarnos? Hablo por mí. Yo doy clases en la universidad, pero he abandonado la investigación académica porque, como decía Esther, mi mente no funciona así. En la literatura puedo plantear problemas, pero no tengo que dar esos resultados que exige la investigación académica, ni tengo que posicionarme cuando no tengo las cosas tan claras, cuando las respuestas son más dudas que abren más preguntas… Y aún así, sigo pensando que detrás de la manera que tenemos de escribir con esta cabeza artística hay un trabajo de investigación, aunque no sea exactamente el de una tesis».. David Uclés llevó la teoría a lo concreto, dio títulos y ejemplos de cómo encajar la investigación y la creatividad artística: «Para mí, la lectura de La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa fue epifánica, porque gracias a ese libro me di a mí mismo permiso para mezclar la ficción pura con los datos históricos y desnudar esos datos y mostrárselos al lector. Fue un ejemplo para mí del libro que mezclaba esos dos mundos y que los exponía, era un proyecto híbrido. Y me dio la fuerza y el arrojo para decirme: ‘voy a hacer lo mismo, voy a mezclar páginas que parecen entradas de Wikipedia con otras que son totalmente ficcionales’. Y no hay una norma rígida. Creo que hay novelas donde parece que no hay una investigación detrás, pero tienen mucho más trabajo de lo que parece».. Esther F. Carrodeguas.Alberto Di Lolli.. -¿Se sienten cómodos con la palabra artista? ¿Aceptan que alguien los defina como artistas?. -A mí me gusta verme o decirme más como trabajador de la cultura- contestó Isaac Rosa.- Muchas veces, al sentirnos artistas, olvidamos que somos trabajadores también, perdemos de vista el elemento material, laboral y de conexión social, y nos acabamos viendo en efecto como artistas autónomos, libérrimos, independientes, soberanos y pensamos que lo que hacemos no tiene consecuencias sobre los demás.. Entre sus compañeros de coloquio hubo división de opiniones. Uclés y Gómez Glez aceptan la palabra artista y Carrodeguas lo tiene menos claro, porque su trabajo no sólo consiste en escribir teatro. También incluye la producción, la financiación y la gestión de su arte. Su ejemplo sirvió para poner la clave en la segunda parte del coloquio: la economía del arte en un país llamado España, en 2025.. «A los artistas no nos gusta usar la palabra capitalizar, pero es importante. De alguna forma tenemos que capitalizar nuestro arte», dijo Carrodeguas. «Para mí el concepto de capitalizar el arte también es bastante perverso en sí, porque sé que el arte tiene algo de inmaterial y de mágico y sé que es difícil compatibilizar el arte con la idea de capitalización, pero yo capitalizo de manera absolutamente rigurosa mi trabajo, mi empresa. Tengo una empresa y tengo un trabajo: jamás me pongo a escribir una obra de teatro para la que no tenga ingresos previstos. Yo no soy esa mujer que tiene 200 obras escritas en el cajón porque no puedo, tengo bastantes cosas más que hacer. Desde hace bastantes años intento huir de la autoprecarización, tanto de la mía como de la de mis equipos. Porque existe esa idea bonita y bohemia de que se puede hacer todo sin dinero, pero eso significa que no sólo yo vivo en precario, sino que obligo a mis compañeros a vivir en precario. Necesito capitalizar para generar un proyecto, para que todos podamos comer y vivir con dignidad».. Carrodeguas, igual que Isaac Rosa y Mar Gómez Glez, nacieron en los años 70 y llegó a la edad adulta en la década de 1990, cuando se daba por hecho que lo mejor era mantener el dinero lo más lejos posible del arte. Cuando el amateurismo era la alternativa moral del sistema cultural.. Isaac Rosa.Alberto Di Lolli.. «Si la cultura está mal pagada, ¿quién puede crear cultura? Sólo la gente que ya tiene un colchón vital para poder dedicarse a la cultura», dijo Gómez Glez en el encuentro en la sede de la Fundación BBVA. «Ya he dicho que doy clases y es precisamente para poder dedicarme a esto. Si no hay un soporte material, se acallan muchísimas voces. hay voces que, sencillamente, por una cuestión de subsistencia, no van a poder crear, no van a poder escribir».. Las becas Leonardo también sirven para eso, para hacer posible la diversidad de voces.. «La cultura en España se ha dado siempre en unas condiciones de precariedad económica y laboral y eso, al final, acaba influyendo en las obras, en las condiciones en las que se hacen». dijo Isaac Rosa. «Ya he hablado antes en términos de trabajo porque yo sí veo esto en términos de alguien que puede dedicarse a un trabajo y que, por tanto, debe tener un reconocimiento, una remuneración y unos derechos también. Sin embargo, muchas veces hemos perdido todo eso de vista por la idea todavía romántica de que el artista es alguien que no tiene un trabajo, sino una pasión, que es todo aquello que nos ha contado tantas veces Remedios Zafra sobre el entusiasmo. Esa frase: haríamos esto igualmente, aunque no nos pagaran».. Hubo tiempo de llevar la conversación desde la precariedad hasta el horizonte de cambio que traerá la Inteligencia Artifical y sus consecuencias en el arte. Al respecto, hubo división de opiniones. Carrodeguas recomendó su uso. Y Uclés, el más joven de estos cuatro becarios Leonardo, lo vio como una fatalidad: «Me aterra. Ayer estuve con un amigo músico que decía que la canción de la IA es mejor de lo que él puede hacer, y que encima la hace en 10 segundos. Estaba muy deprimido. Creo que en la literatura va a ser más complicado que ocurra algo así, creo que sería más propio de un episodio de Black Mirror si la Inteligencia Artificial pudiera escribir una novela con alma y con carácter y demás, pero seguro que en algún aspecto también nos quita trabajo. Tengo un amigo que conduce una Inteligencia Artificial a la cual le da sus propios textos y la IA con solo 10 textos ya aprende cómo escribe», explicó Uclés. «Tienes que probarlo», le respondió Carrodeguas.
La Lectura // elmundo
Isaac Rosa, Mar Gómez Glez, David Uclés y Esther F. Carrodeguas vuelven a la Fundación BBVA que impulsó sus carreras para hablar de creatividad y ciencia y para tratar la economía del arte en España Leer
Isaac Rosa, Mar Gómez Glez, David Uclés y Esther F. Carrodeguas vuelven a la Fundación BBVA que impulsó sus carreras para hablar de creatividad y ciencia y para tratar la economía del arte en España Leer
