Sendero Lagos Andinos. Es ideal para caminatas relajadas, porque es poco exigente. Hay arrayanes, lengas y tres lagunas con una vista bien increíble del volcán Lanín. Lo más interesante son sus animales: se pueden ver zorros, güiñas, distintos tipos de ranas. Siempre hay historias de zorros que le quitan a alguien la comida. También de pumas. Te advierten con avisos, al entrar, que tengas cuidado. Pero no creo que te acuerdes de las advertencias si te topas con un puma de verdad. Por suerte son animales solitarios y esquivos, que solo bajan cuando tienen mucha hambre. Un tío mío contaba que cuando era joven se encontró con uno y que se subió a un portón alto a esperar ahí hasta que el puma se fue. Mis tíos eran buenos para contar ese tipo de historias, porque mientras más pequeña es la ciudad, más largos son los almuerzos, y las conversaciones están llenas de anécdotas, historias demasiado espectaculares para ser ciertas, más bien cargadas a la ficción. (Parque Nacional Villarrica, en el sector Puesco).. Seguir leyendo
La escritora chilena, que vive en Villarrica, es una amante de la naturaleza, las librerías y de la vida rural. Prefiere escribir en lugares con algo de ruido: “No soy de las escritoras que necesita silencio”
Sendero Lagos Andinos. Es ideal para caminatas relajadas, porque es poco exigente. Hay arrayanes, lengas y tres lagunas con una vista bien increíble del volcán Lanín. Lo más interesante son sus animales: se pueden ver zorros, güiñas, distintos tipos de ranas. Siempre hay historias de zorros que le quitan a alguien la comida. También de pumas. Te advierten con avisos, al entrar, que tengas cuidado. Pero no creo que te acuerdes de las advertencias si te topas con un puma de verdad. Por suerte son animales solitarios y esquivos, que solo bajan cuando tienen mucha hambre. Un tío mío contaba que cuando era joven se encontró con uno y que se subió a un portón alto a esperar ahí hasta que el puma se fue. Mis tíos eran buenos para contar ese tipo de historias, porque mientras más pequeña es la ciudad, más largos son los almuerzos, y las conversaciones están llenas de anécdotas, historias demasiado espectaculares para ser ciertas, más bien cargadas a la ficción. (Parque Nacional Villarrica, en el sector Puesco).. Península de Licán Ray. Yo no tengo auto, así que me muevo en buses, y a esta península llego en unos 30 minutos desde Villarrica, donde vivo desde hace casi tres años. Es un lugar hermoso, sobre todo en otoño, porque es como una Patagonia en miniatura, llena de hongos de distintas variedades: fosforescentes, venenosos, unos que brillan, otros oscuros, algunos del tamaño de mi cabeza y otros minúsculos. Hay una cultura de los hongos y cada vez más personas conocen los nombres, tienen sus guías, están interesados en el tema. Cuando caminas por el bosque, al principio no los ves, porque se mimetizan con las hojas del suelo. Pero los ojos se acostumbran y en un momento empiezas a distinguir los colores: unos rojos, otros blancos. Aparecen después de las primeras lluvias. (Comuna de Villarrica, La Araucanía).. Volcán Villarrica. Su nombre en mapudungun es Ruka Pillán. Se puede subir hasta el cráter porque hay expediciones, pero yo soy de las que prefieren mirarlo de lejos. Cuando era niña, subía no hasta la cumbre, pero más que ahora; de adulta, por voluntad propia, no. Los hongos venenosos, el volcán y los lagos pueden ser un riesgo latente, que no nos importa mucho a los que vivimos aquí. Yo llegué a vivir a Villarrica después de haber estado un tiempo en Alemania. Mi esposo y yo teníamos que decidir si volver a Santiago o no, y decidimos venir a Villarrica. Al principio, me recordaba a las emociones de mi infancia en Temuco, al encierro por la lluvia que no permite salir. Pero me gusta porque las personas tienen una velocidad más pausada que en las grandes ciudades y por lo general son amables. Pueden hablarte en la calle o en la fila del consultorio, contarte una historia. En las grandes ciudades, me parece que las personas son un poco más desconfiadas. (Parque Nacional Villarrica).. Volcán Villarrica, en la ciudad de Villarrica, en abrill de 2024.SOFÍA YANJARÍ. Librería Animal. Está especializada en libros infantiles y tiene un catálogo muy bueno. Ahora también tiene libros para adultos, lo que es importante para mí como lectora. Los libreros se toman todo el tiempo del mundo para conversar y atender. Y arriba de la librería hay un pequeño lugar donde hacen talleres que se llama La Litera. Voy muy seguido no sé si a ver los libros o a las personas que entran a la librería para preguntar por cosas que no tienen nada qué ver: direcciones, dónde comprar pilas o linternas. Eso como si fuera un punto de información local y los libreros son amables, así que les responden. Además son relajados y muy lectores. Eso es una mezcla que no es fácil encontrar porque, en general, los grandes lectores que yo conozco no son muy relajados, más bien lo contrario. Tal vez hay un temor a no parecer serio, que se lleva a todo ámbito. Como sea, estos libreros se salen del formato. (Av. Colo Colo 640, Local 1, Pucón).. Café Local. Es muy moderno, podría estar en Tokio. Uno imagina a Villarrica más bien tradicional, pero este café es moderno. Es de los lugares a los que voy a escribir porque a mí me gusta trabajar con un poco de ruido. No soy de las escritoras que necesita silencio. A mí me gusta escuchar las conversaciones de la gente. Me gustan los supermercados, los lugares donde está la vida de todos los días. El lugar más raro donde he escrito fue un aeropuerto de México: envié una serie de prólogos desde la fila de embarque, a punto de subir al avión. Lo hice apurada, porque me iba a quedar sin conexión, y salió bien creo que porque no tuve tiempo de darle tantas vueltas. Creo que, sobre todo en el arte, es mejor no racionalizar tanto las cosas. (General Urrutia 630, Local 101, Villarrica).. Centro de Villarrica. Creo que lo que más me gusta es el cielo de acá, visto desde la ventana de mi departamento, la costanera o desde el centro de la ciudad. Es increíble, sobre todo en esta época del año, cuando se puede tener una visión de las nubes tan clara. En el sur, hay interés por el cielo, venden guías para identificar las nubes. Antes, me parecía muy ñoño tener guías sobre nubes o pájaros. Bueno, ahora tengo muchas guías. Pero volviendo al cielo: es como si fuera un pueblo, otro Villarrica, con sus propios habitantes, que transcurre despegado de la Tierra. (Villarrica).. Vista aérea de Villarrica, Araucanía, Chile. Cristian Martin (Getty Images). Café 2001. Es famoso por sus completos. Son buenísimos. De niña, lo visitaba con mi papá, que conservaba una de las primeras boletas: la número seis. Siempre me colaba cuando él iba a Villarrica. Pero la verdad es que no imaginé que iba a vivir aquí. Recuerdo que esta cafetería siempre ha tenido una colección de llaveros. Y que había servilletas, donde podías anotar mensajes y luego ponerlos en una vitrina. No sé si todavía eso se conserva, pero me parecía un lugar muy bueno para contar los secretos y olvidarte de ellos. (Camilo Henríquez 379, Villarrica).. La Costanera de Villarrica. Camino todos los días por la costanera, donde siempre hay dos perros negros que a veces me acompañan hasta el café. Desde la costanera se puede ver el Lago Villarrica y el Ruka Pillán que parecen obedecer a otra concepción del tiempo. Es decir, uno ve el tiempo del lago y el del volcán, y es distinto al de uno. Eso me da un poco de la liviandad que necesito para vivir, sobre todo el lago que, cuando se desborda se transforma en un mar que se sale a las calles. Durante buena parte del invierno cubre los árboles del humedal y no sé cómo sobreviven, me pregunto cómo no se pudren esos árboles. En la ciudad uno está acostumbrado a que el vecino es un señor que vive al lado, pero en Villarrica, para mí son esos dos perros, el volcán y el lago. (Se extiende a lo largo del borde del Lago Villarrica).. Río Toltén. Comienza en Villarrica y sigue hasta el mar. Conecta con el pueblo de mi mamá, un pueblo pequeño, llamado Villa Comuy, que solo tiene un par de calles. Siento que estoy conectada con mi mamá a través del río. Me gusta pensar que esa hora y media de bus, que tardo cuando voy a visitarla, se acorta si miro el río. De niña, yo iba ahí con los hombres de mi familia a pescar. Era la única niña en el bote y recuerdo que un día de suerte, solo una vez, saqué más pescados que ellos. Estuve el verano entero mirándolos con mucha superioridad. (Recorre gran parte de La Araucanía).. Río Toltén en una imagen de archivo.villarrica.cl. Trawün. En este local y otro que está a su lado, La Picada de Rayén, venden comida casera. Comparten un pasillo; es decir, son restaurantes medio parientes. Si tienes mucha hambre pero quieres comer sano son lugares perfectos. Hay pescado, humitas, pastel de choclo, granos. Y de entrada unas sopaipillas gigantes. Van personas de los pueblos cercanos, con sus mantas y sus sombreros. Es de los lugares en que en la mesa del lado, escuchas hablar mapuzugun. (General Korner 478).
