A Lea Ypi (Tirana, 1979) se la podría definir como una politóloga ilustrada que ha vivido -y sufrido- el fin de la historia, el colapso de la Albania comunista, una de las dictaduras más estalinistas y aislacionistas de Europa. Lo contó en Libre (Anagrama), el libro que la convirtió en un fenómeno literario, traducido a más de 35 lenguas, con una exquisita mezcla de memorias, ensayo histórico y reflexión filosófica. Profesora de Teoría Política en la prestigiosa London School of Economics y licenciada en Filosofía en La Sapienza de Roma, Ypi habla seis idiomas -«pero solo cuatro con fluidez», dice con modestia- y puede leer a Kant en su alemán original o a Voltaire y compañía en francés. Un poco como su abuela Leman Ypi, una culta aristócrata nacida en Tesalónica, la primera mujer que trabajó en la administración de Albania y cuya historia rescata en otro libro apasionante, Indignidad (Anagrama), una contracrónica del siglo XX desde una perspectiva balcánica.. El desmoronamiento del Imperio Otomano en 1922 y el consiguiente Intercambio de Población entre Grecia y Turquía (eufemisno para el desplazamiento forzoso de cerca de dos millones de ciudadanos), el ascenso del nazismo, los frentes secundarios de la Segunda Guerra Mundial, la implacable autocracia de Enver Hoxha que gobernó Albania con puño de hierro durante 41 años (mandó al abuelo de Ypi a prisión, confiscó todas las propiedades familiares y su abuela se vio obligada a trabajar en el campo como tantos otros intelectuales)…. Todo eso es Indignidad, que empieza con un post anónimo de Facebook: una foto en blanco y negro del viaje de novios de los abuelos de Ypi en la estación de esquí de Cortina d’Ampezzo, en los Alpes italianos: sentados en unas tumbonas parecen una sofisticada pareja burguesa disfrutando indolentemente de una jornada nieve en plena Segunda Guerra Mundial. Y llegaron los comentarios de los usuarios: a su abuela la acusaban de «espía comunista» y de «colaboradora fascista», además de la retahíla de insultos tristemente habituales para toda mujer y que no tenían equivalencia para el abuelo.. «Ese post fue el punto de partida del libro porque plantea la cuestión de la dignidad. Con el trolleo en redes sociales alguien se inventa cosas sobre ti. Mientras estás vivo puedes responder a los comentarios, decidir ignorarlos o bloquearlos. Pero cuando alguien está muerto su legado es lo que otros dicen de él. ¿Cómo reivindica alguien la dignidad de una persona muerta cuando es otra fuerza la que la está moldeando? ¿Qué herramientas tienes para resistirlo?», plantea Ypi en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde hace unas semanas agotó las entradas para su conferencia, titulada Desigualdad y ciudadanía.. Pasados 25 años de la caída del régimen comunista, Albania desclasificó los archivos gubernamentales e Ypi regresó a Tirana -vive en Londres desde hace lustros- para consultar la documentación relativa a su abuela. Al llegar, todo el mundo le pregunta: «Tú no eres de por aquí, ¿no?». Empezando por el taxista que la recoge en el aeropuerto y que luce una gorra trumpiana con el Make America Great Again. «Crecí en Albania pero tengo un sentimiento de alienación al volver. Es como un limbo, te conviertes en un extraño en tu propio país. Esa es la condición del migrante: un ciudadano de ninguna parte», explica Ypi, que se crió en el pueblo costero de Durrës, en una modesta casita con un melocotonero en la entrada, muy distinta de la aristocrática villa de Tesalónica donde creció su abuela.. «Ella también tuvo esa condición de migrante desde su nacimiento, era una extraña en todas partes. En Grecia la consideran albanesa y en Albania era la griega. Es la complejidad de la identidad, puedes tener múltiples pertenencias. De hecho, la violencia se produce en el momento en que intentas reducir a alguien a una sola cosa», apunta Ypi, que en Indignidad expone las consecuencias del llamado Intercambio de Población, establecido en el Tratado de Lausana de 1923 para terminar la enésima guerra entre Grecia y Turquía (1919-1922), que se saldó con la catástrofe de Esmirna, que ardió durante días hasta quedar destrozada.. «Fue uno de los episodios más brutales y traumáticos del siglo XX, que estableció un precedente peligrosísimo sobre el desplazamiento masivo de población. Había personas que durante siglos habían vivido en un lugar y, de golpe, se vieron obligadas a marcharse porque se consideraba que ese ya no era su país. Todo se hizo por decreto y por la fuerza, con una gestión jurídica y administrativa del desplazamiento de población. La discusión era exactamente la misma que se ha producido en Gaza cuando dicen: ‘si no ponemos a la gente en un lugar seguro habrá genocidios que nunca terminarán’», explica Ypi.. A lo largo de este libro se van dibujando alarmantes paralelismos históricos. Como el auge del fascismo, que la autora va dosificando con sutileza: primero son unas ligeras expresiones contra los negocios de los judíos en una cena, entre risas; después la justificación de pintadas y, por último, la persecución y las agresiones… «Al hablar de nazismo solemos pensar en los campos de concentración, en Auschwitz, pero no recordamos cómo llegamos hasta ahí. El proceso a través del cual el fascismo se va filtrando en la mentalidad es muy similar a los patrones que vemos actualmente, con una derecha que manipula la pertenencia y convierte a los migrantes en chivos expiatorios, que resuelve los problemas sociales creando conflictos de identidad», compara. Un ejemplo: en un mitin en Nevada en 2023 Donald Trump no tuvo reparos en calificar a los inmigrantes como «animales que están envenenando la sangre de nuestra nación», retomando la retórica hitleriana del Mein Kampf. «Es la misma lógica. Siempre se empieza con la deshumanización verbal. Pero después se corre el riesgo de que se traslade a una deshumanización política literal», lamenta Ypi.. Una deshumanización que también vemos en el seno de la Unión Europea, con el controvertido proyecto de Giorgia Meloni -que cuenta con la simpatía de Ursula von der Leyen- de crear y financiar campos de refugiados en la vecina Albania, que los tribunales italianos han frenado. «Básicamente impone a Europa una visión de control de fronteras en nombre de la seguridad que demoniza a los migrantes y los convierte en criminales. Lo llamaron centros de procesamiento y repatriación cuando literalmente son como prisiones: se detiene a personas inocentes, la gente sufre colapsos mentales, se producen suicidios… y no hablamos de ello porque ni siquiera los llamamos campos de concentración. Al darle un nombre neutral no te das cuenta de lo brutales y violentos que son», expone Ypi. También resalta la paradoja de que sea Albania, un país de emigración, el que acogiera estos centros de deportación. «Somos una antigua colonia de Italia y esta relación neocolonial y de poder aún permanece», subraya.. La invasión italiana de Mussolini a Albania en 1939 se presenta en Indignidad como una «intervención humanitaria, una generosa misión para salvar a los albaneses de los abusos de un rey de pacotilla», escribe Ypi.. Se refiere al reinado de Zog, antiguo ministro del Interior que al llegar a la presidencia se autoproclamó rey: el único de la historia moderna de Albania, aunque huyó con la entrada de Mussolini y, de paso, se llevó las reservas de oro del país. Antes de que Zog llegara a primer ministro, fue el bisabuelo de Ypi, el ministro Xhafer Ypi, quien llegó a ser presidente de Albania durante cerca de un año. Y deja una de las frases más lúcidas del libro: «Es posible que haya naciones en el mundo que cambian la historia. Nosotros no somos una de ellas, hijo mío. A nosotros, la historia nos la hacen».. Con el telón histórico de fondo, a ratos Indignidad parece una novela de espías, en la que Ypi incluye los informes reales de los espías comunistas que seguían a sus abuelos (y que tenían pseudónimos como El Tribuno, Chicle Blanco o Viento de Marzo). Pero el punto fuerte del libro son las ideas y los valores de la Ilustración que subyacen en sus casi 400 páginas, desde los diálogos filosóficos de los personajes hasta la forma de escribir -y de pensar- de Ypi. «Vivimos en una era de fragmentación y de autoritarismo», suspira. «El autoritarismo es el retorno de la autoridad. La Ilustración es un proyecto antiautoritario desde su esencia, basado en la razón y en ser capaz de actuar sin la guía de otro. Eso significa que si vives en una era de autoritarismo, vives en una era de socavación de la razón, de sinrazón. Todo gira en torno al poder, no alrededor de los derechos y las reivindicaciones universales. El retorno a la identidad, a la tradición, a la religión, a esta especie de fe ciega en las costumbres y a algún pasado mítico conservador son impulsos profundamente antiilustrados», analiza.. En una escena de Indignidad, aparece un joven Enver Hoxha junto al abuelo de Ypi: ambos eran socialistas, habían sido compañero de estudios en París y se tenían por camaradas. «Te recomiendo que leas menos la Ilustración y más a Marx y Lenin», le espeta Hoxha al abuelo Ypi, que pasó años en prisión por agitación política, propaganda y colaboración con agentes extranjeros.. «Ambos provienen de la misma tradición socialista pero representan dos formas radicalmente diferentesde pensar: la vía socialdemócrata reformista y la otra vía más violenta de la revolución. Dos vías que definirán la historia del siglo XX», apunta Ypi. En la Europa de 2026, con un claro retroceso de los gobiernos progresistas, ¿qué implica ese declive de la izquierda socialdemócrata? «Actualmente la izquierda está totalmente fragmentada por los nacionalismos y ha perdido toda crítica universalista de la sociedad. Por eso no puede encontrar las herramientas para resistir a los dos gemelos malignos que son el Estado-nación y el capitalismo», afirma Ypi, que en todos sus ensayos políticos -como el breve Fronteras de clase, también en Anagrama- aboga por un retorno a los ideales ilustrados.. «La Ilustración es un proyecto que no está terminado. Desde su origen no incluía a las mujeres: para ellas no habían derechos, ni igualdad ni libertad. Era una filosofía de la liberación pero no contemplaba a las minorías… Esto significaba que, en realidad, nunca se realizó completamente como proyecto político. De nosotros depende retomar esas ideas, de luchar con dignidad para hacer lo correcto», reivindica. Como si fuera una trilogía ilustrada, después de Libre e Indignidad, Ypi ya está escribiendo un tercer volumen, Igualdad, sobre su llegada a Italia para estudiar Filosofía y el shock de pasar de la Tirana comunista a la Roma cosmopolita de los 90. «Es otro libro sobre migración y capitalismo, que empieza donde acaba Libre», avanza.. En Libre ya cuestionaba que fuéramos individuos realmente libres bajo el sistema capitalista: no nos sometemos a un Estado pero sí a un mercado. «Las elecciones que se nos plantean y que creemos tomar libremente no son realmente auténticas. Bajo el comunismo el partido interfiere en tu vida, pero bajo el capitalismo tus elecciones están moldeadas por las fuerzas del mercado, las empresas y estas compañías tecnológicas que te hacen caer en patrones de acción que tampoco elegiste tú… Es una forma de interferencia más opaca, que no viene en forma de ejercicio jerárquico y vertical de autoridad», cuenta. O, como decía su abuela: «Lo que la mayoría entiende por libertad es, de hecho, una forma de esclavitud a las pasiones: el miedo, la avaricia, la envidia».
La Lectura // elmundo
La politóloga y filósofa Lea Ypi narró el colapso del comunismo en Albania en ‘Libre’y ahora publica ‘Indignidad’ (Anagrama), otra contracrónica balcánica desde la caída del Imperio Otomano hasta el auge del fascismo Leer
La politóloga y filósofa Lea Ypi narró el colapso del comunismo en Albania en ‘Libre’y ahora publica ‘Indignidad’ (Anagrama), otra contracrónica balcánica desde la caída del Imperio Otomano hasta el auge del fascismo Leer
