Kirstin Valdez Quade, nueva e influyente figura del cuento norteamericano, consagrada por haber sido incluida en The Best American Short Stories y publicar en The New Yorker, debutó en la novela con Las cinco heridas, de 2021 y cuyo origen se encuentra en el relato homónimo que apareció precisamente en The New Yorker en 2009, siguiendo una fructífera tradición de novelas nacidas de un cuento o una nouvelle que le sirve de embrión, como en el caso de ‘La morte hereuse’, que se convirtió en El extranjero de Albert Camus o de ‘Orchard Beach’, el relato que Jeffrey Eugenides desarrolló hasta acabar siendo su novela Las vírgenes suicidas.. Seguir leyendo
Kirstin Valdez Quade, nueva e influyente figura del cuento norteamericano, consagrada por haber sido incluida en The Best American Short Stories y publicar en The New Yorker, debutó en la novela con Las cinco heridas, de 2021 y cuyo origen se encuentra en el relato homónimo que apareció precisamente en The New Yorker en 2009, siguiendo una fructífera tradición de novelas nacidas de un cuento o una nouvelle que le sirve de embrión, como en el caso de ‘La morte hereuse’, que se convirtió en El extranjero de Albert Camus o de ‘Orchard Beach’, el relato que Jeffrey Eugenides desarrolló hasta acabar siendo su novela Las vírgenes suicidas. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Con una narración intimista y reivindicadora, a la vez que jocosa y trascendente, Kirstin Valdez Quade describe la endogámica vida de los inmigrantes, que los lleva a la marginalidad, el machismo endémico y el desarraigo

Kirstin Valdez Quade, nueva e influyente figura del cuento norteamericano, consagrada por haber sido incluida en The Best American Short Stories y publicar en The New Yorker, debutó enla novela con Las cinco heridas, de 2021 y cuyo origen se encuentra en el relato homónimo que apareció precisamente en The New Yorker en 2009, siguiendo una fructífera tradición de novelas nacidas de un cuento o una nouvelle que le sirve de embrión, como en el caso de ‘La morte hereuse’, que se convirtió en El extranjero de Albert Camus o de ‘Orchard Beach’, el relato que Jeffrey Eugenides desarrolló hasta acabar siendo su novela Las vírgenes suicidas.
Que la novela comience con un tal Amadeo Padilla, un pobre diablo alcohólico a la deriva, preparándose para hacer de Jesús en la procesión de Semana Santa y de este modo tratar de abandonar la abulia y renacer, que sea un pobre hombre de la misma edad de Cristo al morir, que las cinco heridas del Redentor sirvan de título y que Amadeo (‘el que ama a Dios’) y su hija adolescente embarazada de Connor, que no puede sino llamarse Angel, habiten en la barriada de Las Penas (las siete penas de Cristo en el huerto de Getsemaní, según Lucas, 22), en Albuquerque, Nuevo México, constituye una declaración de intenciones en toda regla y un aviso al lector que pudiera pensar que se enfrenta a un tedioso drama en tres actos (el ciclo de la pasión de la Semana Santa, el Tiempo Ordinario y la reflexión de la Cuaresma del calendario litúrgico) que Las cinco heridas desde luego no es.
Se podría decir, en cambio, que lo que Valdez ha querido crear es un singular retrato alegórico de nuestra sociedad contradictoria y enfermiza como la desestructurada familia Padilla que aglutina esta historia de valores en la que confluyen casi todos los trances y aprietos morales de la sociedad actual, centrándose en la comunidad latina de Las Penas y en su sentimiento identitario, su cultura permeable (el whisky junto al tamal y huertos de chile frente al Walmart) y su endogámica existencia, que no puede sino experimentar la marginalidad, el machismo endémico y el desarraigo, al amparo de una idea sagrada de la familia que se desvanece y obligada la mujer a refugiarse en una habitación propia y entender el embarazo como un feliz calvario. Novela a un tiempo intimista y reivindicadora, jocosa y trascendente, con fuerte presencia de la perspectiva de género y de una ironía que recorre el texto de la mano de un afable narrador omnisciente que observa con condescendencia sus personajes —“Y aquí están, mezclados entre la muchedumbre”—, como si de criaturas moviéndose en un teatrillo se tratara, entreteje con sutileza la vida interior y la apariencia social, la ocasional trascendencia y la banalidad cotidiana, de tal modo que jamás se conforma con un mero costumbrismo y se decide a exaltarlo con relevantes epifanías que invitan al lector a entender que subyace al texto un cierto designio didáctico bien sutil como el que pergeñó J. M. Coetzee en su trilogía de Jesús acerca de la literatura como el arma que esgrimir cuando acecha la necesidad de pensar la existencia que la identidad y la migración enrarecen.
No es un melodrama. Tampoco una novela social. Se parece en extremo a una tragicomedia lúcida que se juega a los dados el riesgo de exclusión por un modo de vida obsoleto
Angel trae en ocasiones a la memoria la niña Esperanza Cordero en los arrabales de Chicago en los que se desenvuelve su adolescencia en la célebre novela La casa en Mango Street de Sandra Cisneros, pionera de la novela latina escrita en inglés, y también el aire que se respira en Las cinco heridas es el de la identidad reclamada y el de la búsqueda inacabable de algo semejante a la justicia vital para sus atribulados personajes, que el relato en presente de indicativo nos hace sentir próximos, que tratan de enderezar su torcido destino y que son descritos en cada escena con un realismo psicológico parecido al de Alice Munro, que procura dosis muy altas de empatía. No es un melodrama. Tampoco una novela social. Se parece en extremo a una tragicomedia lúcida que se juega a los dados el riesgo de exclusión por un modo de vida obsoleto, anclado aún en la religión y la familia, y que pretende y logra que un mensaje ambiguo y tentador se estampe en sus páginas como una marca de agua.
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